El lunes llegué a la universidad con una sonrisa que no había logrado ocultar en todo el fin de semana.
Ni una sola vez.
Mi madre se había burlado de mí.
Mi abuela también.
Incluso Camila había dicho que podía escuchar mi felicidad a través del teléfono.
Lo cual seguía pareciéndome una exageración.
Quizás.
—Es una exageración.
Murmuré para mí misma mientras caminaba por el campus.
—¿Qué es una exageración?
Levanté la vista.
Y encontré a Adrián sonriendo frente a mí.
—Nada.
—Mentira.
—¿Por qué todos me llaman mentirosa?
—Porque eres terrible ocultando cosas.
—No es cierto.
—Mary.
Rodé los ojos.
Y él se rio.
Aquello seguía sintiéndose extraño.
Bueno.
No extraño.
Nuevo.
Porque ahora podía tomar su mano sin preguntarme si era correcto.
Porque ahora podía sonreír cuando me llamaba "novia".
Porque ahora no tenía que fingir que no me gustaba.
Y sinceramente...
Me gustaba mucho más de lo que esperaba.
—¿En qué piensas?
Preguntó Adrián.
—En que eres muy molesto.
—Perfecto.
Eso significa que todo sigue normal.
No pude evitar reír.
Sin embargo, mientras caminábamos, recordé algo.
Y mi sonrisa disminuyó un poco.
—Tengo que hablar con Lucas.
Adrián asintió.
No parecía molesto.
Ni incómodo.
Solo comprensivo.
—Lo imaginé.
Dijo.
Aquella respuesta me hizo quererlo un poco más.
Porque nunca intentaba competir con Lucas.
Nunca me exigía elegir.
Nunca hacía comentarios desagradables.
Simplemente confiaba en mí.
Y eso era algo que valoraba muchísimo.
Encontré a Lucas sentado en uno de los jardines del campus.
Con unos apuntes sobre las piernas.
Y una botella de agua a su lado.
Cuando me vio acercarme, levantó una mano a modo de saludo.
—Hola.
—Hola.
Me senté junto a él.
Y durante unos segundos ninguno habló.
Porque de pronto no sabía cómo empezar.
—Eso no puede ser bueno.
Comentó Lucas.
Lo miré.
—¿Qué?
—Esa cara.
Siempre haces esa cara cuando estás pensando demasiado.
—No hago ninguna cara.
—Claro que sí.
Suspiré.
Maldito Lucas.
Me conocía demasiado bien.
—Tengo algo que contarte.
Y en cuanto las palabras salieron de mi boca, vi cómo algo cambiaba en su expresión.
No mucho.
Solo un instante.
Pero lo vi.
Como si ya supiera exactamente qué iba a decir.
—Adrián y yo estamos juntos.
El silencio que siguió apenas duró unos segundos.
Pero para mí pareció mucho más largo.
Porque observé cuidadosamente su reacción.
Y por primera vez en mucho tiempo no vi sorpresa.
Ni confusión.
Ni siquiera tristeza.
Solo aceptación.
Una aceptación cansada.
Pero sincera.
—Lo imaginaba.
Dijo finalmente.
Parpadeé.
—¿Lo imaginabas?
Lucas soltó una pequeña risa.
—Mary.
—¿Qué?
—Todo el mundo lo imaginaba.
Aquello me hizo abrir mucho los ojos.
—¿Todo el mundo?
—Todo el mundo.
—Eso es humillante.
—Un poco.
No pude evitar reír.
Y para mi sorpresa, Lucas también.
Luego guardó silencio.
Mirando a los estudiantes caminar por el campus.
Y cuando volvió a hablar, su voz sonó tranquila.
—Me alegro por ti.
Lo observé unos segundos.
Porque esta vez sí le creí.
No completamente.
Pero sí lo suficiente.
Porque había algo diferente en él.
Algo que no estaba allí meses atrás.
—Gracias.
Lucas asintió.
—¿Es feliz?
La pregunta me tomó desprevenida.
—¿Quién?
—Adrián.
Parpadeé.
—Sí.
Creo que sí.
Lucas sonrió levemente.
—Bien.
—¿Por qué preguntas?
Él se encogió de hombros.
—Porque tú lo eres.
Y por alguna razón aquella respuesta me dejó sin palabras.
Más tarde, después de clases, Lucas caminó hasta la consulta de su terapeuta.
Era su cuarta sesión.
Y aunque todavía se sentía raro entrando allí...
Ya no sentía ganas de darse la vuelta.
Era un avance.
Uno pequeño.
Pero real.
—¿Cómo estuvo tu semana?
Preguntó la terapeuta.
Lucas permaneció en silencio unos segundos.
Luego respondió:
—Mi mejor amiga consiguió novio.
La terapeuta esperó.
—Y creo que estoy más triste de lo que debería.
Aquellas palabras pesaron en la habitación.
Porque era la primera vez que las decía en voz alta.
La primera vez que dejaba de esconderse detrás de medias verdades.
—¿Por qué crees que te duele?
Preguntó ella.
Lucas bajó la mirada.
Y por primera vez respondió con absoluta honestidad.
—Porque la amo.
El silencio que siguió fue extraño.
No incómodo.
Solo real.
Porque una cosa era saberlo.
Y otra muy diferente era escucharlo.
Decirlo.
Aceptar que era verdad.
Aceptar que ya no podía seguir huyendo de ello.
Y por primera vez en años, Lucas decidió quedarse.
Aunque doliera.
#3219 en Novela romántica
#57 en Ciencia ficción
#novelajuvenil #romance #drama, #romace, #jovenesprotagonista
Editado: 10.07.2026