Cuando huir ya no basta

Capitulo 36- Mi lugar

Mi lugar

No pensé mucho más en Sofía después de aquel día.

O al menos eso intenté decirme.

Porque la realidad era que sí pensé en ella.

Un poco.

Tal vez más de lo que quería admitir.

No porque desconfiara de Adrián.

Confiaba en él.

De verdad.

El problema era otro.

Era la primera vez que tenía una relación.

La primera vez que alguien me gustaba tanto.

La primera vez que sentía miedo de perder algo.

Y eso era nuevo para mí.

Muy nuevo.

—Estás pensando demasiado.

Dijo Camila por videollamada.

—¿Cómo sabes que estoy pensando?

—Porque te conozco desde los seis años.

Punto válido.

—No es nada.

—¿Es Adrián?

—Quizás.

Camila sonrió.

—Definitivamente es Adrián.

Suspiré.

Porque ocultarle cosas a Camila era tan difícil como ocultárselas a mi abuela.

Prácticamente imposible.

—Conocí a una chica.

—Eso sonó raro.

—No de esa forma.

—Menos mal.

Rodé los ojos.

Y terminé contándole todo.

Sofía.

El café.

Los celos.

Mi humillación.

Todo.

Cuando terminé, Camila permaneció en silencio unos segundos.

Y luego empezó a reírse.

—Gracias por tu apoyo.

—Lo siento.

Es que eres muy tierna.

—No soy tierna.

—Claro que sí.

—Camila.

—Mary.

Suspiré.

Derrotada.

—¿Quieres saber lo que yo creo?

Preguntó ella.

—No estoy segura.

—Pues te lo diré igual.

Por supuesto que sí.

—No estás preocupada por Sofía.

Fruncí el ceño.

—¿Entonces?

—Estás preocupada porque te importa Adrián.

Me quedé callada.

Porque quizás tenía razón.

Otra vez.

Dos días después ocurrió algo inesperado.

Adrián me invitó a una reunión con varios de sus amigos.

—¿Una reunión?

—Sí.

—¿Con muchas personas?

—Sí.

—¿Voluntariamente?

—Mary.

—Solo verificaba.

Adrián soltó una carcajada.

—Prometo que sobrevivirás.

No estaba tan segura.

La reunión se realizó en casa de uno de sus amigos.

Y para mi sorpresa...

No fue tan terrible.

Porque Adrián nunca se alejaba demasiado.

Porque siempre encontraba una forma de incluirme en las conversaciones.

Porque cuando me sentía incómoda, parecía notarlo inmediatamente.

Y eso me tranquilizaba.

Mucho.

Sin embargo, hubo algo más que llamó mi atención.

La forma en que sus amigos lo trataban.

La forma en que hablaban de nosotros.

Como si fuera completamente normal que estuviéramos juntos.

Como si yo ya formara parte de su mundo.

Y aquello me produjo una sensación cálida en el pecho.

Una sensación difícil de explicar.

Más tarde, mientras buscaba algo para beber en la cocina, escuché una conversación.

Sin querer.

Bueno...

Tal vez un poco queriendo.

—Así que ella es Mary.

Reconocí la voz de Sofía inmediatamente.

Me quedé inmóvil.

—Sí.

Respondió otra voz.

—Ahora entiendo.

Hubo una pequeña pausa.

—¿Entiendes qué?

—Por qué Adrián nunca me prestó atención.

Mi corazón se detuvo.

—¿Te gustaba?

—Un poco.

Sofía soltó una pequeña risa.

—Bueno.

Tal vez bastante.

Sentí una extraña incomodidad.

Porque de repente todo se volvió real.

—¿Y ahora?

Preguntó la otra persona.

Sofía tardó unos segundos en responder.

—Ahora entiendo por qué eligió a Mary.

La respuesta me sorprendió.

Muchísimo.

—¿Por qué?

Sofía volvió a reír.

—Porque cuando habla de ella parece un idiota.

No pude evitar sonreír.

A pesar de todo.

—Nunca iba a competir con eso.

Aquellas palabras se quedaron conmigo.

Incluso después de que la conversación terminara.

Incluso después de regresar con los demás.

Porque había algo importante en ellas.

Algo que necesitaba escuchar.

Cuando la reunión terminó, Adrián me acompañó hasta casa.

Caminábamos despacio.

La noche era tranquila.

Y por alguna razón me sentía especialmente feliz.

—¿Qué ocurre?

Preguntó él.

—Nada.

—Mentira.

—Estoy empezando a odiar esa palabra.

Adrián sonrió.

—A mí me gusta cuando sonríes.

Mi corazón hizo esa cosa molesta otra vez.

—Eres muy cursi.

—Y aun así te agrado.

—Lamentablemente.

Él se rio.

Y seguimos caminando unos minutos más.

Hasta que llegamos frente a mi casa.

Las luces de la sala seguían encendidas.

Seguramente mi madre y mi abuela todavía estaban despiertas.

—Bueno...

Murmuré.

—Bueno...

Repitió Adrián.

Ninguno parecía tener muchas ganas de despedirse.

Y aquello me hizo sonreír.

—Gracias por hoy.

Dije.

—Gracias por venir.

Hubo unos segundos de silencio.

Un silencio extraño.

No incómodo.

Solo diferente.

Adrián me observó.

Y yo hice exactamente lo mismo.

Mi corazón comenzó a acelerarse.

Porque de pronto sentí que algo estaba a punto de ocurrir.

Y cuando él dio un pequeño paso hacia mí...

No retrocedí.

—Mary.

Dijo suavemente.

—¿Sí?

Su sonrisa apareció apenas un poco.

—¿Puedo besarte?

Sentí que mi corazón olvidaba cómo funcionar.

Y por un instante fui incapaz de responder.

Lo que hizo que Adrián pareciera ponerse nervioso.

Algo que jamás pensé que vería.

Eso me hizo sonreír.

—Sí.

Susurré.

Y entonces se inclinó hacia mí.

El beso fue suave.

Tranquilo.

Sin prisas.

Y, por alguna razón, eso lo hizo perfecto.

Cuando nos separamos, ninguno habló inmediatamente.

Porque ambos estábamos sonriendo como idiotas.

—Hola.

Dijo Adrián.

Solté una carcajada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.