Cuando huir ya no basta

Capitulo 37- Cambios silenciosos

Cambios silenciosos

Las semanas siguientes pasaron más rápido de lo normal.

O quizás era yo quien estaba demasiado ocupada para darme cuenta.

Las clases se volvían más difíciles.

Los trabajos más largos.

Y los profesores parecían haberse puesto de acuerdo para arruinar nuestras vidas académicas.

—Esto es ilegal.

Declaré mientras observaba la cantidad de tareas pendientes.

—Estoy bastante seguro de que no lo es.

Respondió Adrián.

—Entonces debería serlo.

Adrián se rio.

Estábamos en la biblioteca.

Intentando estudiar.

Aunque "intentando" era una palabra generosa.

Porque después de cuarenta minutos apenas había avanzado dos páginas.

—Concéntrate.

Dijo él.

—No quiero.

—Mary.

—Estoy cansada.

—Mary.

—Déjame sufrir en paz.

Aquello solo consiguió hacerlo reír más.

Y por alguna razón, verlo reír seguía provocándome la misma sensación cálida en el pecho.

Una sensación que cada día se volvía más familiar.

Sin embargo, no todo estaba cambiando entre Adrián y yo.

Lucas también estaba cambiando.

Y empezaba a notarlo cada vez más.

Porque ahora respondía los mensajes.

Porque ya no desaparecía durante días.

Porque cuando tenía un mal día, lo decía.

Y eso era enorme.

Especialmente tratándose de Lucas.

Lo noté con claridad una tarde de viernes.

Habíamos quedado para almorzar.

Los tres.

Algo que se había vuelto relativamente común.

Y para mi sorpresa, Lucas llegó primero.

Lucas.

El mismo Lucas que antes llegaba tarde a todo.

—¿Quién eres y qué hiciste con mi amigo?

Pregunté al verlo.

—Muy graciosa.

—Estoy hablando en serio.

—Llegué cinco minutos antes.

—Es histórico.

Lucas rodó los ojos.

Pero sonrió.

Y aquello todavía me alegraba más de lo que debería.

Cuando Adrián llegó, la conversación fluyó con naturalidad.

Hablaron de un partido de fútbol.

De una película.

De un profesor particularmente insoportable.

Y mientras los escuchaba, me di cuenta de algo.

Meses atrás aquello habría sido imposible.

Lucas jamás habría permanecido allí.

Jamás habría sido capaz de sentarse junto a Adrián sabiendo que era mi novio.

Y aun así ahí estaba.

Intentándolo.

Más tarde, cuando Adrián se marchó a una clase, me quedé sola con Lucas.

Durante unos segundos observamos cómo la gente caminaba por el campus.

Hasta que decidí preguntar algo que llevaba tiempo pensando.

—¿La terapia ayuda?

Lucas permaneció en silencio unos segundos.

—Sí.

La respuesta llegó sin vacilar.

Y aquello me sorprendió.

Porque durante años Lucas había evitado hablar de cualquier cosa relacionada con sus emociones.

—¿Mucho?

—Más de lo que esperaba.

Asentí lentamente.

—Me alegra.

Lucas bajó la mirada hacia su botella de agua.

Y por un momento pareció debatirse consigo mismo.

Hasta que habló.

—Creo que durante mucho tiempo pensé que si dejaba de sentirme culpable estaría traicionando a mi hermano.

Aquellas palabras me dejaron inmóvil.

Porque nunca me había dicho algo así.

Nunca.

—Lucas...

Él negó suavemente con la cabeza.

—Ahora sé que no funciona así.

Guardó silencio.

—Extrañarlo y castigarme no son la misma cosa.

No supe qué responder.

Porque aquella frase encerraba años de dolor.

Años de sufrimiento.

Y también años de crecimiento.

—Creo que él tampoco habría querido eso.

Dije finalmente.

Lucas sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Pero sincera.

—La terapeuta dijo algo parecido.

—Entonces claramente es inteligente.

—Más que tú.

Abrí mucho los ojos.

—¿Acabas de insultarme?

—Tal vez.

—Increíble.

Lucas se rio.

Y durante unos segundos fue fácil olvidar todo lo demás.

El pasado.

La culpa.

Los años perdidos.

Porque allí estaba mi mejor amigo.

Y parecía estar volviendo poco a poco.

Aquella noche, mientras hacía una videollamada con Camila, terminé contándole la conversación.

—Eso es bueno.

Dijo ella.

—Lo sé.

—Realmente bueno.

Asentí.

Aunque ella no pudiera verme.

—Sí.

Porque lo era.

Muchísimo.

—¿Y qué hay de Adrián?

Preguntó después.

Sonreí automáticamente.

Lo cual era preocupante.

—¿Qué pasa con él?

—Mira esa sonrisa.

—No puedes verla.

—Puedo escucharla.

—Eso no tiene sentido.

—Y aun así sé exactamente cuál es.

Suspiré.

Derrotada una vez más.

—Creo que soy feliz.

Admití.

Camila sonrió.

—Ya lo sé.

Y por primera vez en mucho tiempo...

Yo también lo sabía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.