—No puedo creer que hayas vuelto.
Dije por quinta vez aquella mañana.
—Y yo no puedo creer que sigas diciendo eso.
Respondió Camila.
—Han pasado meses.
—Lo sé.
—Muchos meses.
—Mary.
—¿Qué?
—Estoy aquí.
Sonreí.
Porque todavía me costaba creerlo.
Después de tanto tiempo hablando por llamadas y mensajes, verla nuevamente en persona se sentía extraño.
Pero extraño de una buena manera.
Como volver a usar una chaqueta vieja que siempre te había gustado.
Aquella tarde decidimos salir a caminar.
Sin planes.
Sin rumbo.
Como hacíamos cuando éramos niñas.
Y después de casi una hora recorriendo las calles de la ciudad, mi teléfono vibró.
Un mensaje.
Lucas.
Lucas: "¿Sigues viva?"
Solté una risa.
—¿Qué pasa?
Preguntó Camila.
—Lucas.
Ella arqueó una ceja.
—¿Lucas?
—Me está molestando.
—Ah.
Entonces sigue siendo Lucas.
—Definitivamente.
Le respondí rápidamente.
Yo: "Apenas."
La respuesta llegó casi de inmediato.
Lucas: "Qué tragedia."
Rodé los ojos.
Y sonreí.
—¿Quieres verlo?
Pregunté.
Camila me observó unos segundos.
—Claro.
—¿Ahora?
—Sí.
—¿Por qué?
Ella sonrió.
Una sonrisa sospechosa.
Muy sospechosa.
—Porque hace años que no lo veo.
No pude discutir eso.
Media hora después nos encontramos frente a una cafetería.
Lucas ya estaba allí.
Sentado junto a una ventana.
Como siempre.
Porque Lucas siempre llegaba antes.
Algo que seguía sorprendiéndome.
Cuando levantó la vista y vio a Camila, se quedó inmóvil unos segundos.
—Vaya.
Dijo finalmente.
Camila sonrió.
—Hola, Lucas.
—Hola.
Hubo una pequeña pausa.
—Hace mucho tiempo.
—Demasiado.
Y por primera vez desde que lo conocía...
Vi a Lucas parecer ligeramente incómodo.
Aquello fue fascinante.
—¿Estás nervioso?
Pregunté.
—No.
—Sí lo estás.
Añadió Camila.
—No.
—Definitivamente sí.
Lucas cerró los ojos durante un segundo.
Y eso hizo que ambas nos riéramos.
Los primeros minutos fueron extraños.
No incómodos.
Solo extraños.
Porque habían pasado años.
Y todos éramos personas distintas.
Pero poco a poco la conversación comenzó a fluir.
Recordamos profesores.
Compañeros de colegio.
Anécdotas absurdas.
Y por momentos fue como regresar atrás en el tiempo.
Solo por momentos.
Porque la realidad era otra.
Ya no éramos niños.
—¿Recuerdan cuando Mary intentó saltar la reja del colegio?
Preguntó Camila.
Abrí mucho los ojos.
—¡No saques eso!
—¿Qué?
Fue histórico.
Lucas empezó a reír.
—Es verdad.
—¡Lucas!
—Te quedaste atrapada.
—¡Tenía ocho años!
—Y lloraste.
—¡TENÍA OCHO AÑOS!
Aquello solo consiguió que se rieran más.
Traidores.
Horas después, cuando salimos de la cafetería, el sol comenzaba a ocultarse.
Y por primera vez en mucho tiempo sentí algo extraño.
Algo bueno.
Porque las dos personas más importantes de mi infancia estaban caminando a mi lado.
Y eso no ocurría desde hacía años.
Sin embargo, mientras Lucas se adelantaba unos pasos para contestar una llamada, Camila se acercó a mí.
Y bajó la voz.
—Está diferente.
Miré a Lucas.
—Sí.
—Mucho.
Asentí.
Porque era verdad.
—Ha pasado por muchas cosas.
Camila permaneció en silencio.
Observándolo.
Como si estuviera intentando resolver un rompecabezas.
Y entonces dijo algo que me tomó por sorpresa.
—Sigue mirándote igual.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—Nada.
—Camila.
—Nada.
La conocía demasiado bien.
Y cuando decía "nada" de esa forma...
Definitivamente era algo.
Pero antes de que pudiera insistir, Lucas regresó.
Y la conversación cambió.
Aunque no pude evitar notar algo.
Camila seguía observándolo.
Como si acabara de descubrir una pista importante.
Y por alguna razón...
Tuve la sensación de que aquello iba a traer problemas.
#3219 en Novela romántica
#57 en Ciencia ficción
#novelajuvenil #romance #drama, #romace, #jovenesprotagonista
Editado: 10.07.2026