Las siguientes semanas pasaron más rápido de lo que esperaba.
Las clases se volvieron más exigentes.
Los trabajos más largos.
Y el tiempo libre prácticamente desapareció.
Lo cual habría sido terrible.
Si no fuera porque todos parecíamos estar pasando por lo mismo.
—No recuerdo haber aceptado este sufrimiento.
Dije mientras dejaba caer mi cabeza sobre una mesa de la biblioteca.
—Yo tampoco.
Respondió Adrián.
—Creo que estaba escrito en letra pequeña.
Añadió Lucas.
Solté un gemido dramático.
—Quiero demandar a la universidad.
—Yo quiero dormir.
Dijo Lucas.
—Yo quiero ambas cosas.
Eso hizo que los dos se rieran.
Durante un momento todo fue normal.
Simple.
Cómodo.
Y sin embargo...
Había algo que empezaba a cambiar.
Algo tan pequeño que no sabía cómo explicarlo.
Porque cada vez que tenía un problema...
Terminaba buscando a Lucas.
No porque quisiera menos a Adrián.
No porque estuviera ocurriendo algo malo.
Simplemente...
Porque era Lucas.
Como aquella tarde.
Había discutido con una profesora.
Nada grave.
Pero suficiente para arruinarme el día.
Y sin pensarlo terminé sentándome junto a Lucas en una banca del campus.
—¿Quieres contarme?
Preguntó.
—No.
—Entonces sí quieres.
—Te odio.
—Lo sé.
Y terminé contándoselo.
Todo.
La discusión.
Mi frustración.
Mi enojo.
Lucas escuchó.
Como siempre.
Sin interrumpir.
Sin intentar resolverlo inmediatamente.
Simplemente escuchando.
Cuando terminé, soltó un suspiro.
—La profesora está equivocada.
—Gracias.
—Pero tú también eres insoportable.
Abrí la boca.
—¿Perdón?
—Solo digo la verdad.
Lo golpeé en el brazo.
Y él se rio.
Para cuando nos despedimos ya me sentía mucho mejor.
Muchísimo mejor.
Aquello debería haber terminado ahí.
Pero esa noche ocurrió algo extraño.
Estaba hablando por videollamada con Adrián.
Contándole cómo había ido mi día.
Y cuando mencioné el problema con la profesora...
Él frunció el ceño.
—¿Y por qué no me lo contaste antes?
Parpadeé.
—¿Qué?
—Lo que pasó.
—Porque no era importante.
—Lo suficiente como para contárselo a Lucas.
La frase salió suave.
Sin enojo.
Sin reproches.
Pero aun así...
Me hizo detenerme.
—Nos encontramos por casualidad.
Respondí.
—Lo sé.
Hubo una pequeña pausa.
—¿Te molesta?
Pregunté.
—No.
La respuesta fue inmediata.
Demasiado inmediata.
Y por primera vez dudé.
Porque conocía a Adrián.
Y sabía cuándo algo le incomodaba.
—Adrián.
—No pasa nada.
Sonrió.
Pero algo en esa sonrisa parecía forzado.
—Solo me lo preguntaba.
La conversación continuó.
Y eventualmente volvimos a reírnos.
Como siempre.
Pero cuando terminó la llamada...
Me quedé pensando.
Porque nunca antes había ocurrido algo así.
Nunca.
Al día siguiente, mientras caminaba por el campus, encontré a Camila sentada bajo un árbol.
Leyendo.
O fingiendo leer.
Era difícil saberlo.
—Necesito preguntarte algo.
Le dije.
—Eso nunca termina bien.
—¿Crees que paso demasiado tiempo con Lucas?
Camila levantó lentamente la vista del libro.
Y por un instante pareció completamente inmóvil.
—Vaya.
—¿Qué?
—No esperaba esa pregunta.
—Solo responde.
Camila cerró el libro.
Pensativa.
—Creo que es tu mejor amigo.
—Eso ya lo sé.
—Y creo que te importa mucho.
—También lo sé.
—Entonces no veo el problema.
Fruncí el ceño.
—Eso no respondió mi pregunta.
—Lo sé.
La observé.
Esperando.
Pero Camila no añadió nada más.
Porque por primera vez desde que descubrió el secreto de Lucas...
No sabía qué decir.
Porque cualquier respuesta podía cambiar demasiadas cosas.
Y todavía no era el momento.
Mientras tanto, a varios metros de distancia, Lucas salía del edificio principal.
Y sin darse cuenta vio a Mary.
Hablando con Camila.
Sonriendo.
Como siempre.
Entonces sonrió también.
Pero aquella pequeña esperanza que Camila había mencionado el día anterior...
Seguía allí.
Silenciosa.
Esperando.
#3219 en Novela romántica
#57 en Ciencia ficción
#novelajuvenil #romance #drama, #romace, #jovenesprotagonista
Editado: 10.07.2026