Cuando huir ya no basta

Capitulo 49-Pequeñas distancias

Pequeñas distancias

Nunca le di demasiada importancia a las pequeñas cosas.

Al menos no al principio.

Porque las pequeñas cosas parecían justamente eso.

Pequeñas.

Insignificantes.

Pero a veces eran las que más importaban.

La semana siguiente estuvo llena de trabajos grupales.

Lo cual era una forma elegante de decir que todos estábamos sufriendo juntos.

Una tarde salí de clase más tarde de lo normal.

Había estado terminando una presentación.

Y cuando revisé mi teléfono encontré varios mensajes.

Uno de Camila.

Dos de mi madre.

Y uno de Adrián.

Adrián: "¿Almorzamos?"

Miré la hora.

El mensaje había llegado hacía casi una hora.

—Genial.

Murmuré.

Inmediatamente le respondí.

Yo: "Lo siento. Acabo de salir."

La respuesta tardó varios minutos.

Algo raro en él.

Finalmente llegó.

Adrián: "No te preocupes."

Nada más.

Fruncí el ceño.

Porque normalmente habría añadido alguna broma.

O un comentario absurdo.

O algo.

Pero decidí no darle demasiadas vueltas.

Fue un error.

Dos días después ocurrió algo parecido.

Y luego otra vez.

Y otra.

No eran discusiones.

No eran peleas.

Simplemente parecía que cada vez nos costaba más coincidir.

Cuando yo tenía tiempo libre, él estaba ocupado.

Cuando él podía salir, yo estaba estudiando.

Y aunque seguíamos hablando todos los días...

Algo se sentía diferente.

No peor.

Solo diferente.

—Estás pensando demasiado.

Dijo Lucas.

Estábamos sentados en las escaleras del edificio principal.

Esperando una clase.

—No estoy pensando demasiado.

—Llevas diez minutos mirando el mismo punto.

—Tal vez me gusta ese punto.

—Claro.

Lo miré.

Y suspiré.

—¿Crees que las relaciones cambian después de un tiempo?

La pregunta pareció sorprenderlo.

—Supongo.

—¿Cómo?

Lucas se tomó unos segundos.

Pensando la respuesta.

—Creo que al principio todo es nuevo.

—Ajá.

—Y después deja de ser nuevo.

—Vaya.

Qué profundo.

—Estoy esforzándome.

No pude evitar sonreír.

—Continúa.

—Después eliges quedarte.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Cuando la emoción inicial desaparece.

Lucas se encogió de hombros.

—Creo que ahí es cuando importa de verdad.

Lo observé unos segundos.

—Eso fue sorprendentemente inteligente.

—Gracias.

Odio cuando pasa.

Aquello me hizo reír.

Pero cuando sonó el timbre de la siguiente clase...

Las palabras siguieron dando vueltas en mi cabeza.

"Después eliges quedarte."

Esa noche sí logré encontrarme con Adrián.

Nos sentamos en una cafetería cerca de la universidad.

Y durante los primeros minutos todo fue normal.

Hablamos de clases.

De profesores.

De los exámenes que se acercaban.

Pero había una tensión extraña.

Pequeña.

Difícil de explicar.

Finalmente fui yo quien rompió el silencio.

—¿Pasa algo?

Adrián levantó la vista.

—¿Por qué preguntas?

—Porque te conozco.

Una sonrisa pequeña apareció en sus labios.

—Eso debería preocuparme.

—Responde.

La sonrisa desapareció lentamente.

—Solo estoy cansado.

—Mentira.

—Mary.

—Adrián.

Nos quedamos observándonos.

Y por primera vez en mucho tiempo...

Parecía que ninguno sabía qué decir.

Finalmente él soltó un suspiro.

—Siento que últimamente apenas te veo.

La sinceridad de aquellas palabras me tomó desprevenida.

—Yo también.

—Lo sé.

Hubo una pausa.

—Y cuando no estás estudiando...

Se detuvo.

Como si estuviera decidiendo si continuar o no.

—¿Qué?

Adrián bajó la mirada hacia su taza.

—Nada.

—No.

Termina la frase.

El silencio se hizo más largo.

—Estás con Lucas.

Mi corazón dio un pequeño salto.

No por enojo.

No por culpa.

Simplemente porque no esperaba escucharlo decirlo.

—Es mi mejor amigo.

—Lo sé.

La respuesta llegó de inmediato.

—No estoy diciendo que haya algo malo.

—Entonces, ¿qué estás diciendo?

Adrián tardó unos segundos.

—No lo sé.

Y por primera vez pareció genuinamente frustrado.

—Solo...

Volvió a suspirar.

—A veces siento que hay una parte de tu vida a la que nunca voy a pertenecer.

Aquello me dejó completamente en silencio.

Porque no era una acusación.

Ni un reproche.

Ni siquiera un reclamo.

Era una inseguridad.

Una real.

Y por primera vez comprendí algo.

Adrián no estaba compitiendo con Lucas.

Porque sabía que no podía.

Estaba compitiendo contra años de historia.

Contra recuerdos.

Contra una amistad que había existido mucho antes de que él apareciera.

Y no sabía cómo entrar en ese espacio.

—Adrián...

Pero no encontré las palabras correctas.

Porque honestamente...

No estaba segura de que existieran.

Por primera vez desde que empezamos a salir...

Sentí que había una distancia entre nosotros.

Pequeña.

Pero real.

Y eso me asustó más de lo que quería admitir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.