Las cosas con Adrián seguían raras.
No terribles.
No al punto de preocuparme demasiado.
Pero tampoco normales.
Después de nuestra discusión habíamos vuelto a hablar.
Incluso nos habíamos disculpado.
Pero algo seguía allí.
Como una pequeña piedra dentro de un zapato.
No era suficiente para detenerte.
Pero sí para recordarte constantemente que existía.
Por eso, cuando terminé las clases el viernes por la tarde, no me sorprendió descubrir que estaba de mal humor.
—Tienes cara de querer golpear a alguien.
Dijo Lucas.
—Gracias.
—Lo digo con cariño.
—Eso no mejora nada.
Estábamos saliendo del edificio principal.
La mayoría de los estudiantes ya se había ido.
Y por primera vez en toda la semana no tenía ninguna clase pendiente.
Lucas me observó unos segundos.
Pensativo.
—¿Qué planes tienes mañana?
—Dormir.
—Además de eso.
—Seguir durmiendo.
—Mary.
—No lo sé.
Suspiré.
—Probablemente estudiar.
Lucas hizo una mueca de desaprobación.
—Qué forma tan triste de vivir.
—Bienvenido a la universidad.
Él guardó silencio unos segundos.
Como si estuviera considerando algo.
—¿Quieres ir a un parque de diversiones?
Parpadeé.
—¿Qué?
—Mañana.
—¿De dónde salió eso?
Lucas se encogió de hombros.
—Pasé por uno hace unos días.
—Esa no es una explicación.
—Me acordé de cuando éramos niños.
Eso me hizo sonreír.
Porque inmediatamente recordé aquellas tardes.
Las ferias.
Los juegos mecánicos.
Las competencias absurdas.
Y a Lucas vomitando después de subir demasiadas veces a una montaña rusa.
—Fue una sola vez.
Lo miré sorprendida.
—¿Leíste mi mente?
—Tu cara es muy fácil de leer.
Solté una carcajada.
—Sigues negándolo después de tantos años.
—Porque fue culpa de Mateo.
—Claro.
—Lo fue.
Seguimos caminando mientras discutíamos sobre un evento ocurrido más de diez años atrás.
Como si fuera un asunto de importancia nacional.
Y por primera vez en días me sentí ligera.
Sin preocupaciones.
Sin discusiones.
Sin pensar demasiado.
Solo riéndome.
Cuando llegamos a la salida del campus, Lucas volvió al tema.
—Entonces, ¿quieres ir?
Lo pensé unos segundos.
Y terminé asintiendo.
—Suena divertido.
Una sonrisa apareció en su rostro.
Pequeña.
Pero real.
—Invitemos a Camila.
—Buena idea.
Camila respondió esa misma noche.
Y destruyó nuestros planes.
Camila: "No puedo."
Yo: "Traidora."
Camila: "Tengo reunión familiar."
Yo: "Invéntate una excusa."
Camila: "Mi madre me mataría."
Yo: "Eso es comprensible."
La respuesta llegó inmediatamente.
Camila: "Diviértanse."
Fruncí el ceño.
Porque el mensaje parecía extraño.
Como si hubiera algo más detrás.
Pero antes de que pudiera pensarlo demasiado, llegó otro.
Camila: "Y Lucas..."
Lucas: "¿Qué?"
Camila: "No hagas tonterías."
Me eché a reír.
Yo: "¿Qué significa eso?"
Pasaron varios segundos.
Camila: "Nada."
Yo: "Mentira."
Camila: "Buenas noches."
Y desapareció.
Como una cobarde.
Al día siguiente me desperté más temprano de lo normal.
Lo cual ya era sospechoso.
Me preparé.
Tomé mi mochila.
Y salí de casa.
Lucas ya estaba esperando frente a la entrada.
—Llegaste temprano.
—Llegaste tarde.
Miré la hora.
—Son las nueve en punto.
—Exacto.
—Eres imposible.
—Lo sé.
Empezamos a caminar.
Y durante unos segundos ninguno dijo nada.
Era extraño.
Porque normalmente Camila estaría con nosotros.
Hablando demasiado.
Molestándonos.
Riéndose de todo.
Pero esta vez no.
Esta vez solo estábamos nosotros dos.
Y aunque ninguno lo dijo en voz alta...
Los dos lo notamos.
Frente a nosotros, a lo lejos, comenzaban a verse las estructuras del parque de diversiones.
Las montañas rusas.
Las luces.
La música.
Y ninguno de los dos imaginaba que aquel día terminaría siendo mucho más importante de lo que parecía.
#3219 en Novela romántica
#57 en Ciencia ficción
#novelajuvenil #romance #drama, #romace, #jovenesprotagonista
Editado: 10.07.2026