Cuando huir ya no basta

Capitulo 57- Cada vez más real

Cada vez más real

Al principio, el intercambio había parecido una idea.

Una noticia.

Algo lejano.

Pero con el paso de los días empezó a convertirse en algo diferente.

Algo real.

Demasiado real.

Todo comenzó un martes después de clases.

Adrián llegó a la cafetería con una energía que reconocí inmediatamente.

La misma que tenía cada vez que algo le emocionaba.

—Tengo noticias.

—Eso me preocupa.

—No deberían.

Se sentó frente a mí.

Sacó su computadora.

Y giró la pantalla.

—Mira esto.

Durante los siguientes veinte minutos me enseñó fotografías.

Mapas.

Videos.

Edificios.

La universidad.

La residencia.

La ciudad.

Y mientras hablaba...

Sus ojos brillaban.

Como si ya estuviera allí.

—Este es el laboratorio principal.

—Es enorme.

—Lo sé.

Pasó a la siguiente imagen.

—Y esta es la biblioteca.

—¿Cuántos pisos tiene?

—Siete.

Solté una risa.

—Claro que estás emocionado.

Adrián sonrió.

—¿Ves? Tú sí me entiendes.

Y realmente estaba feliz por él.

Porque aquello era importante.

Muy importante.

Entonces cambió a otra pestaña.

—También ya encontré alojamiento.

Parpadeé.

—¿Ya?

—Sí.

Su tono era completamente normal.

Como si aquello no fuera una noticia enorme.

—Pensé que todavía faltaba mucho para eso.

—Yo también.

Se encogió de hombros.

—Pero los cupos se llenan rápido.

Asentí.

Tenía sentido.

Todo tenía sentido.

Y aun así...

Algo me incomodó.

Porque cada vez que Adrián hablaba...

Todo parecía más definitivo.

Más cercano.

Más inevitable.

—También voy a llegar antes.

Dijo de repente.

Lo miré.

—¿Antes?

—Sí.

Adrián volvió a mirar la pantalla.

—Un par de semanas antes de que empiecen las clases.

Sentí que algo se hundía en mi estómago.

—¿Dos semanas?

—Quiero adaptarme.

Respondió.

—Conocer la ciudad.

Moverme un poco antes de empezar.

Dos semanas.

No eran muchas.

Y al mismo tiempo parecían muchísimo.

Adrián continuó hablando.

Sobre transporte.

Sobre horarios.

Sobre actividades.

Sobre planes.

Muchos planes.

Y fue entonces cuando me di cuenta.

En todos esos planes...

Yo no aparecía.

Ni una sola vez.

No porque me estuviera excluyendo.

No porque quisiera hacerlo.

Simplemente porque estaba imaginando una vida allá.

Y en esa vida...

Yo no estaba.

La idea me golpeó con más fuerza de la que esperaba.

Porque por primera vez comprendí algo.

Adrián ya había comenzado a irse.

Todavía estaba aquí.

Todavía podía verlo.

Todavía podía abrazarlo.

Pero una parte de él ya estaba mirando hacia otro lugar.

Hacia otro país.

Hacia otro semestre.

Hacia otro futuro.

Y yo seguía intentando quedarme en el presente.

—¿Estás bien?

La voz de Adrián me sacó de mis pensamientos.

—¿Qué?

—Te quedaste callada.

—No pasa nada.

—Mary.

—Estoy bien.

Adrián cerró lentamente la computadora.

Y esta vez no sonrió.

—No estás bien.

—Sí lo estoy.

—No.

Su voz seguía siendo tranquila.

—Desde que te conté lo del intercambio estás diferente.

Sentí cómo algo se tensaba dentro de mí.

—No estoy diferente.

—Entonces dime qué pasa.

—Nada.

—Mary.

—Nada.

—Deja de decir eso.

La frase me golpeó más de lo que debería.

Porque llevaba días diciendo exactamente eso.

Nada.

Todo el tiempo.

A todos.

—¿Quieres saber qué pasa?

Pregunté finalmente.

Adrián me observó.

—Sí.

—¿De verdad?

—Sí.

Tomé aire.

Intentando controlarme.

Intentando no decir algo de lo que pudiera arrepentirme.

Pero ya era demasiado tarde.

—Estoy cansada.

—¿De qué?

—De fingir que todo está bien.

La sorpresa apareció en su rostro.

—Mary...

—No.

Negué con la cabeza.

—Tú me enseñaste las fotos.

Los planes.

La residencia.

Las actividades.

Todo.

Y en ninguno de esos planes estoy yo.

El silencio cayó entre nosotros.

—Eso no es justo.

Dijo Adrián.

—¿No?

Sentí que mi voz se quebraba.

—Porque para mí sí se siente justo.

Adrián abrió la boca.

Pero no lo dejé hablar.

—Estoy tratando de estar feliz por ti.

Y lo estoy.

De verdad lo estoy.

Pero cada vez que hablas de eso...

Parece que ya te fuiste.

La expresión de Adrián cambió.

Y por primera vez pareció dolido.

—Mary...

—¿Sabes qué es lo peor?

Mi voz subió sin que pudiera evitarlo.

—Que me siento horrible por sentirme así.

Algunas personas en la cafetería comenzaron a mirar.

Pero ya no me importaba.

—Porque esta es una oportunidad increíble.

Porque deberías estar emocionado.

Porque debería apoyarte.

Tomé aire.

—Y aun así todo lo que puedo pensar es que te vas.

El silencio fue absoluto.

—Y tengo miedo.

Confesé finalmente.

—Muchísimo miedo.

Por primera vez desde que comenzó la conversación...

No estaba enojada.

Solo cansada.

Y triste.

Adrián bajó la mirada.

Porque finalmente había entendido.

No estaba molesta por el intercambio.

Estaba sufriendo por la despedida.

Y ninguna de las dos cosas sabía cómo arreglar la otra.

Pasaron varios segundos antes de que Adrián volviera a hablar.

—¿Crees que para mí es fácil?

Levanté la vista.

—¿Qué?

—Porque no lo es.

Su voz era baja.

Mucho más baja que antes.

—También tengo miedo.




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