Cuando huir ya no basta

Capitulo 66- La llamada

La llamada

Las cosas empezaban a sentirse diferentes.

No perfectas.

No fáciles.

Pero diferentes.

Por primera vez en mucho tiempo, Lucas sentía que estaba avanzando.

Seguía yendo al psicólogo.

Seguía teniendo días malos.

Pero ya no eran tan frecuentes.

Las pesadillas habían disminuido.

Dormía mejor.

Pensaba mejor.

Y aunque todavía cargaba muchas cosas dentro de sí...

Sentía que estaba aprendiendo a vivir con ellas.

Aquella mañana salió de terapia con una sensación extraña.

Ligera.

Como si por fin estuviera empezando a respirar después de mucho tiempo.

El psicólogo incluso le había dicho algo que todavía resonaba en su cabeza.

—Sanar no significa que el dolor desaparezca.

—Significa que deja de controlar tu vida.

Lucas había sonreído.

Por primera vez creyendo que tal vez era verdad.

No sabía que horas después todo cambiaría.

El teléfono sonó cuando estaba regresando a casa.

Un número desconocido.

Normalmente no habría contestado.

Pero algo lo hizo detenerse.

Algo que no supo explicar.

—¿Hola?

Al otro lado se escuchó una voz.

Una voz seria.

Profesional.

Y después...

Las palabras.

Palabras que tardó varios segundos en comprender.

Palabras que parecían imposibles.

Irreales.

—Lo sentimos mucho.

—Su madre sufrió una complicación médica repentina...

Lucas dejó de escuchar.

Porque el mundo entero pareció apagarse.

Como si alguien hubiera bajado el volumen de la realidad.

—¿Qué?

Fue lo único que logró decir.

—Necesitamos que venga.

El trayecto hasta el hospital fue un borrón.

No recordó los semáforos.

No recordó las calles.

No recordó nada.

Solo recordaba repetir una frase una y otra vez.

No.

No.

No.

Cuando llegó...

Ya era demasiado tarde.

La habitación estaba en silencio.

Demasiado silencio.

Y por primera vez en su vida...

Lucas sintió un miedo que no sabía cómo nombrar.

Porque no era tristeza.

Todavía no.

Era algo peor.

Era vacío.

Se quedó allí durante horas.

Sentado.

Inmóvil.

Mirando una realidad que se negaba a aceptar.

Porque las madres no deberían desaparecer así.

No de un momento a otro.

No cuando todavía quedaban cosas por decir.

No cuando todavía quedaban planes.

No cuando todavía quedaba tiempo.

Aquella noche no respondió mensajes.

No llamó a nadie.

No habló con nadie.

Simplemente desapareció.

Mary fue la primera en notarlo.

Porque Lucas siempre respondía.

Siempre.

Y aquella vez no lo hizo.

Una hora.

Dos.

Cinco.

Nada.

—Eso es raro.

Murmuró.

Camila también frunció el ceño.

—Muy raro.

Pero ninguna imaginó la verdad.

Nadie podía imaginarla.

La primera pesadilla llegó esa misma noche.

Y luego otra.

Y otra.

Lucas volvió a despertarse sobresaltado.

Empapado en sudor.

Con el corazón desbocado.

Como hacía años no ocurría.

Volvieron los recuerdos.

Volvió la ansiedad.

Volvió el miedo.

Volvió todo aquello que había pasado meses intentando controlar.

Y por primera vez desde que empezó terapia...

Sintió que estaba retrocediendo.

Mucho.

Porque algunas pérdidas no golpean poco a poco.

Algunas llegan como una tormenta.

Y arrasan con todo.

Incluso con aquello que creías haber reconstruido.

Esa madrugada Lucas permaneció sentado en el borde de su cama.

Mirando la oscuridad.

Incapaz de dormir.

Incapaz de pensar.

Incapaz de aceptar lo que había ocurrido.

Y por primera vez en muchísimo tiempo...

Volvió a sentirse completamente solo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.