Ahora me toca a mí
Supe que algo estaba mal cuando Lucas no apareció.
No respondió mensajes.
No apareció en clases.
No respondió llamadas.
Y eso no era normal.
Porque Lucas podía desaparecer unas horas.
Pero no un día entero.
Mucho menos dos.
—¿Sigues sin saber nada?
Preguntó Camila.
Negué con la cabeza.
Una sensación horrible llevaba instalada en mi pecho desde la mañana.
Como si algo estuviera mal.
Muy mal.
La noticia llegó esa misma tarde.
Y cuando llegó...
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
—¿Qué?
Fue lo único que pude decir.
Camila estaba tan pálida como yo.
—Mary...
—No.
Negué inmediatamente.
—No.
Porque escuchar las palabras en voz alta las hacía reales.
Y no quería que fueran reales.
La mamá de Lucas había fallecido.
No sabía cuándo empecé a llorar.
Solo sabía que estaba llorando.
Porque aunque yo la había visto pocas veces...
Sabía lo importante que era para él.
Sabía todo lo que habían pasado juntos.
Sabía cuánto la quería.
Y también sabía algo más.
Lucas no estaba preparado para esto.
Aquella noche fui a su casa.
Camila vino conmigo.
Ninguna sabía realmente qué decir.
Porque no existen palabras para algo así.
No de verdad.
Cuando abrió la puerta...
Casi no lo reconocí.
Tenía los ojos rojos.
El rostro agotado.
Y una expresión vacía que jamás le había visto.
—Hola.
Su voz era apenas un susurro.
Y aquello me rompió el corazón.
Porque Lucas siempre tenía una respuesta.
Siempre una broma.
Siempre algo.
Pero ahora parecía una sombra de sí mismo.
—Podíamos venir otro día.
Dijo Camila suavemente.
Lucas negó.
—No.
Se hizo a un lado.
—Pasen.
La casa se sentía diferente.
Más silenciosa.
Más fría.
Más vacía.
Como si ella todavía tuviera que estar allí.
Como si fuera a aparecer en cualquier momento desde la cocina.
Como si todo aquello fuera un error.
Pero no lo era.
Durante varios minutos nadie habló.
Hasta que Lucas rompió el silencio.
—No sé qué hacer.
La frase salió tan bajita que casi no la escuché.
—Lucas...
—No sé qué hacer.
Repitió.
Y por primera vez entendí algo.
No estaba pidiendo una solución.
No estaba esperando una respuesta.
Simplemente estaba perdido.
Completamente perdido.
—No pude despedirme.
Murmuró.
Bajó la mirada.
—Esa mañana estaba en terapia.
La voz comenzó a quebrársele.
—Y cuando me llamaron...
Se quedó callado.
Porque no pudo continuar.
Porque algunas frases son demasiado dolorosas para terminarlas.
Camila comenzó a llorar.
Yo también.
Porque verlo así era insoportable.
Porque era Lucas.
El mismo Lucas que había pasado horas escuchándome llorar después de mi ruptura.
El mismo Lucas que había aparecido debajo de mi edificio para obligarme a salir.
El mismo Lucas que había conseguido que mi cabeza dejara de doler por un rato.
Y ahora estaba roto.
Completamente roto.
Después de un largo silencio me acerqué.
Y tomé su mano.
Lucas bajó la vista.
Como si recién se hubiera dado cuenta de que no estaba solo.
—No tienes que pasar por esto solo.
Dije suavemente.
Y aquella frase terminó de derrumbarlo.
Porque las lágrimas comenzaron a caer nuevamente.
Sin que intentara ocultarlas.
Sin que intentara ser fuerte.
Sin que intentara fingir.
Simplemente lloró.
Y por primera vez desde que lo conocía...
Lo vi dejar de sostener el peso del mundo.
Aunque fuera solo por unos minutos.
Horas después Camila se había quedado dormida en el sofá.
Yo seguía sentada junto a Lucas.
La casa permanecía en silencio.
Y entonces él habló.
—Volvieron.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—Las pesadillas.
Sentí un escalofrío.
Porque sabía lo mucho que había trabajado para superarlas.
Las sesiones.
La terapia.
Los meses de esfuerzo.
Todo.
—No he dormido.
Continuó.
—Cada vez que cierro los ojos...
Tomó aire.
—Vuelvo a ese hospital.
No supe qué decir.
Porque no había nada que pudiera arreglar aquello.
Nada.
Entonces hice lo único que él había hecho por mí cuando me rompieron el corazón.
Me quedé.
Simplemente me quedé.
Sentada a su lado.
Escuchándolo respirar.
Escuchando el silencio.
Compartiendo el dolor.
Y mientras observaba el cansancio en su rostro comprendí algo.
Durante semanas Lucas había sido el refugio que me ayudó a sobrevivir.
Y ahora...
Ahora me tocaba a mí ser el suyo.
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Editado: 10.07.2026