Cuando huir ya no basta

Capitulo 74- Cosas que los demás notan

Cosas que los demás notan

Hay momentos en los que uno cree que está ocultando algo perfectamente.

Y luego aparecen los amigos.

Los amigos siempre arruinan todo.

Especialmente cuando te conocen demasiado bien.

Era sábado.

Y por primera vez en semanas Camila había logrado reunir a todos para almorzar.

O casi todos.

Porque Adrián ya no estaba.

Y todavía resultaba extraño.

Incluso después de todo ese tiempo.

Mary intentaba no pensar demasiado en eso.

La mayoría de los días lo conseguía.

La mayoría.

—Llegas tarde.

Anunció Camila apenas la vio entrar al restaurante.

—Llegué cinco minutos tarde.

—Tarde.

—Exagerada.

—Irresponsable.

—Dramática.

—Eso también.

Mary dejó escapar una risa.

Y se sentó.

Valeria estaba al otro lado de la mesa.

Observándola.

Demasiado observándola.

Lo suficiente para ponerla nerviosa.

—¿Qué?

Preguntó Mary.

—Nada.

Respondió Valeria.

Mary entrecerró los ojos.

—Esa cara significa algo.

—No significa nada.

—Valeria.

—Solo estoy observando.

—Eso es más preocupante.

Camila asintió.

—Mucho más preocupante.

Las dos intercambiaron una mirada.

Y entonces Mary supo que estaba en problemas.

Porque cuando Camila y Valeria compartían una mirada...

Significaba que habían hablado de algo.

Y probablemente sobre ella.

—¿Dónde está Lucas?

Preguntó Mary rápidamente.

Intentando cambiar de tema.

Error.

Grave error.

Camila sonrió.

Valeria también.

Y Mary supo inmediatamente que había empeorado la situación.

—Interesante.

Dijo Camila.

—¿Qué?

—Nada.

—¿Por qué preguntas por Lucas tan rápido?

—Porque siempre llega tarde.

—Como tú.

—Gracias.

—De nada.

Mary apoyó la cabeza sobre la mesa.

—Las odio.

—Nos amas.

—Lamentablemente.

Diez minutos después apareció Lucas.

Y todo empeoró.

Porque sonrió apenas vio a Mary.

Y Mary sonrió apenas lo vio a él.

Ninguno de los dos se dio cuenta.

Camila y Valeria sí.

Absolutamente sí.

Lucas tomó asiento.

—Perdón.

—Llegaste tarde.

Dijo Camila.

—Cinco minutos.

Mary soltó una carcajada.

Y Lucas la miró confundido.

—¿Qué?

—Nada.

—Mary.

—Nada.

Camila se tapó la cara.

Valeria directamente dejó caer la cabeza sobre la mesa.

—Dios mío.

Murmuró.

—¿Qué pasa?

Preguntó Lucas.

—Nada.

Respondieron las tres al mismo tiempo.

El almuerzo continuó normalmente.

O tan normalmente como podía hacerlo con Camila presente.

Lo que significaba muy poco normalmente.

En algún momento comenzaron a hablar de vacaciones.

De clases.

De profesores insoportables.

Y por primera vez en mucho tiempo Lucas participó realmente en la conversación.

No estaba fingiendo.

No estaba actuando.

Se reía.

Opinaba.

Molestaba a Camila.

Como siempre.

Y eso hizo feliz a Mary.

Mucho más feliz de lo que esperaba.

Y ese fue exactamente el problema.

Porque Camila lo notó.

Valeria también.

Cuando Lucas fue al baño, ambas se giraron hacia Mary.

Al mismo tiempo.

Como depredadores.

Mary se alarmó inmediatamente.

—No.

Dijo.

—Ni siquiera hemos hablado todavía.

—No necesitamos hablar.

Respondió Camila.

—Entonces definitivamente no.

Valeria apoyó los codos sobre la mesa.

—Pregunta rápida.

—No.

—Todavía no hice la pregunta.

—Igual no.

—¿Cuántas veces has estado en casa de Lucas esta semana?

Mary abrió la boca.

La cerró.

Volvió a abrirla.

—Eso no es relevante.

Camila soltó una carcajada.

—Es totalmente relevante.

—No.

—Mary.

—¿Qué?

—Sabemos lo del escondite.

El corazón de Mary se detuvo.

—¿Cómo saben lo del escondite?

—Lucas subió una foto.

—¿QUÉ?

—Solo de las luces.

Aclaró Valeria.

—Pero igual.

Mary dejó caer la cabeza sobre la mesa.

Porque quería desaparecer.

Inmediatamente.

—No es lo que creen.

Murmuró.

—¿Y qué creemos?

Preguntó Camila.

—No lo sé.

—Exacto.

Mary la señaló.

—Eres insoportable.

—Lo sé.

Por suerte Lucas regresó antes de que la situación empeorara.

O al menos eso creyó Mary.

Porque apenas volvió a sentarse, Camila preguntó:

—Lucas.

—¿Sí?

—¿Te gusta el escondite?

Lucas sonrió inmediatamente.

Inmediatamente.

Sin pensarlo.

—Sí.

Mary sintió que quería desaparecer otra vez.

—Mucho.

Añadió.

Y esa sonrisa.

Esa maldita sonrisa.

Fue suficiente.

Camila y Valeria intercambiaron otra mirada.

Una mirada larguísima.

Una mirada que decía demasiadas cosas.

Y por primera vez...

Mary comenzó a preguntarse si estaban viendo algo que ella todavía no podía ver.

Porque cuando miró a Lucas riéndose de algo absurdo que acababa de decir...

Sintió esa misma sensación cálida.

La misma que aparecía cada vez más seguido.

Y por primera vez no logró ignorarla completamente.

Solo un segundo.

Solo uno.

Pero fue suficiente para asustarla.

Porque quizás Camila y Valeria tenían razón sobre algo.

Y si era así...

Todavía no sabía qué hacer con ello.




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