Cuando huir ya no basta

Capitulo 75- La canción equivocada

La canción equivocada

Después del almuerzo con Camila y Valeria, Mary tomó una decisión muy madura.

Extremadamente madura.

Iba a ignorar todo lo que habían dicho.

Por completo.

Porque claramente estaban exagerando.

Muchísimo.

Ella y Lucas eran amigos.

Mejores amigos.

Y ya.

Nada más.

Absolutamente nada más.

Esa teoría duró exactamente treinta y seis horas.

La tarde del domingo Mary estaba en el escondite.

Sola.

Lucas había salido a comprar algunas cosas para la semana.

Y ella se había quedado organizando las listas de reproducción.

Porque aparentemente ahora era la administradora oficial del escondite.

Un cargo que nadie le había otorgado.

Pero que había decidido asumir.

Estaba cambiando canciones cuando encontró una lista vieja.

Muy vieja.

Una que no escuchaba desde hacía meses.

Y sin pensarlo demasiado presionó reproducir.

Error.

Grave error.

Porque la primera canción que comenzó a sonar era una que escuchaba constantemente con Adrián.

Mary se quedó inmóvil.

El pecho se le apretó de golpe.

Y durante unos segundos regresó todo.

Las salidas.

Las llamadas.

Las promesas.

Las discusiones.

La despedida.

Todo.

Apagó la música inmediatamente.

Pero el daño ya estaba hecho.

Porque algunos recuerdos no necesitan mucho para volver.

Solo una canción.

Cuando Lucas regresó encontró el escondite completamente en silencio.

Algo raro.

Muy raro.

Porque normalmente Mary tenía música puesta.

O estaba hablando sola.

O ambas cosas al mismo tiempo.

—¿Mary?

Llamó.

No obtuvo respuesta.

Frunció el ceño.

Y caminó hasta la pequeña habitación.

Mary estaba sentada junto a la ventana.

Con las rodillas contra el pecho.

Mirando hacia afuera.

Lucas sintió inmediatamente que algo estaba mal.

Porque conocía esa expresión.

Demasiado bien.

—¿Qué pasó?

Preguntó suavemente.

Mary tardó unos segundos en responder.

—Escuché una canción.

Lucas entendió al instante.

No necesitó preguntar cuál.

Ni de quién.

Simplemente lo entendió.

Porque él también tenía canciones que ya no podía escuchar.

Se sentó a su lado.

Sin invadir su espacio.

Sin obligarla a hablar.

Simplemente sentándose.

Como ella había hecho tantas veces por él.

—¿Quieres hablar de eso?

Preguntó.

Mary negó con la cabeza.

—No.

—Está bien.

—Solo me molesta.

Su voz salió más frustrada que triste.

—Pensé que ya estaba mejor.

Lucas permaneció en silencio.

Esperando.

—Pensé que ya lo había superado.

Continuó.

—Y resulta que una canción puede arruinarme la tarde.

Lucas soltó una pequeña sonrisa.

No porque fuera gracioso.

Sino porque entendía perfectamente.

—A mí me pasó con una cafetería.

Mary giró la cabeza hacia él.

Y después soltó una risa cansada.

—Tienes razón.

—Lo sé.

—No te acostumbres.

—Demasiado tarde.

Aquello arrancó otra sonrisa.

Pequeña.

Pero real.

El silencio volvió.

Cómodo.

Familiar.

Hasta que Mary habló nuevamente.

—¿Crees que alguna vez desaparece?

Lucas observó el techo del escondite.

Pensando.

—No.

Respondió.

Mary suspiró.

—Qué alentador.

—Pero creo que cambia.

Ella lo observó.

Porque esa respuesta le sonaba conocida.

Muy conocida.

Lucas también se dio cuenta.

—Sí.

—Es exactamente lo que me dijiste.

—Lo sé.

—Estamos empezando a repetirnos.

—Eso es preocupante.

—Mucho.

Ambos rieron.

Y por primera vez desde que había escuchado aquella canción...

Mary sintió que podía respirar otra vez.

Más tarde decidieron escuchar música.

Con una regla nueva.

Mary la inventó.

Porque Mary inventaba reglas constantemente.

—Quedan prohibidas las canciones tristes.

Anunció.

—¿Todas?

—Todas.

—Eso elimina la mitad de tu lista.

—Lo sé.

—La mayoría son de Mon Laferte.

—Lo sé.

—Muchas son tristes.

—Lucas.

—¿Sí?

—Cállate.

Lucas soltó una carcajada.

Y obedeció.

Por aproximadamente veinte segundos.

Su récord personal.

La noche avanzó lentamente.

Y por primera vez en semanas fue Mary quien terminó hablando más.

Contando historias.

Recordando anécdotas absurdas.

Quejándose de Camila.

Lo habitual.

Y Lucas simplemente escuchó.

Porque comprendió algo importante.

Mary siempre había estado ahí cuando él necesitaba apoyo.

Y quizás ahora era su turno.

Cuando finalmente ella se quedó callada, Lucas la observó durante unos segundos.

Y tomó una decisión.

Una pequeña.

Pero importante.

—Gracias.

Dijo.

Mary frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque después de todo lo que pasó...

Bajó la mirada.

—No te fuiste.

El corazón de Mary se encogió.

Porque Lucas rara vez hablaba así.

Tan directamente.

Tan sinceramente.

—Tú tampoco.

Respondió ella.

Lucas sonrió.

Y por primera vez ambos entendieron algo.

No hacía falta decirlo.

No todavía.

Pero lo entendieron.

Durante los peores meses de sus vidas...

Cuando todo parecía derrumbarse...

Se habían convertido en el refugio del otro.

Y quizás por eso empezaba a ser tan difícil distinguir dónde terminaba la amistad.

Y dónde comenzaba algo más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.