Cuando huir ya no basta

Capitulo 76- Operación cumpleaños

Operación cumpleaños

Lucas odiaba septiembre.

Bueno.

No exactamente septiembre.

Solo un día específico de septiembre.

Su cumpleaños.

Porque aquel año sería el primero sin su mamá.

Y cuanto más se acercaba la fecha...

Más evidente era.

Mary lo notó una semana antes.

Porque Lucas dejó de hacer comentarios sobre planes.

Dejó de responder cuando alguien mencionaba la fecha.

Y cambió de tema cada vez que aparecía la palabra cumpleaños.

Lo cual era bastante sospechoso.

—Va a hacer algo estúpido.

Declaró Mary.

—Definitivamente.

Confirmó Camila.

—Está planeando desaparecer ese día.

Añadió Valeria.

Las tres estaban reunidas en una cafetería.

Y por reunidas se entendía conspirando.

Claramente conspirando.

—¿Cómo saben eso?

Preguntó Mary.

Camila se recostó en la silla.

—Porque lo conozco desde primaria.

—Y sigue siendo igual de terco.

Añadió.

Valeria asintió.

—Eso sí nunca cambió.

Mary soltó una pequeña risa.

—Eso es verdad.

Camila la señaló inmediatamente.

—Aunque tú tienes ventaja.

—¿Ventaja?

—Sí.

—¿De qué hablas?

Camila arqueó una ceja.

—Mary.

—¿Qué?

—Tú lo conoces mejor que cualquiera de nosotros.

Por un instante el ambiente se suavizó.

Porque las tres sabían que era verdad.

Mary había estado ahí antes de todo.

Antes de la desaparición.

Antes del dolor.

Antes de los años perdidos.

Y también después.

—Precisamente por eso sé que va a intentar escapar.

Dijo Mary.

Camila y Valeria asintieron al mismo tiempo.

Porque esa parte también era verdad.

La misión estaba clara.

Evitar que Lucas se encerrara solo el día de su cumpleaños.

Porque todos sabían exactamente cómo terminaría eso.

Con recuerdos.

Con culpa.

Con tristeza.

Y probablemente sin comer nada decente.

Lo cual era una tragedia por sí sola.

—Entonces hacemos algo pequeño.

Propuso Mary.

—Nada enorme.

—Nada de cincuenta personas.

Dijo Valeria.

—Ni globos gigantes.

Añadió Camila.

—Ni payasos.

Las tres se quedaron en silencio.

—¿Quién invitaría payasos?

Preguntó Mary.

—Nunca se sabe.

Respondió Camila.

Decidieron algo simple.

Una reunión pequeña.

Solo ellos.

Comida.

Películas.

Música.

Y el escondite.

Porque ya se había convertido oficialmente en parte del grupo.

El problema apareció dos días después.

Cuando Lucas anunció casualmente:

—Creo que voy a salir de la ciudad el próximo fin de semana.

Mary casi escupió el jugo.

—¿Qué?

Lucas levantó la vista.

—¿Qué?

—¿Salir de la ciudad?

—Sí.

—¿Justo ese fin de semana?

—Sí.

Mary sintió ganas de estrangularlo.

Muchísimas ganas.

—¿Por qué?

Lucas se encogió de hombros.

—Porque sí.

—Esa no es una razón.

—Es una excelente razón.

—No lo es.

—Para mí sí.

Mary cerró los ojos.

Respiró profundo.

Y recordó que la violencia era ilegal.

Por desgracia.

Aquella misma tarde convocó una reunión de emergencia.

Con Camila y Valeria.

—Tenemos un problema.

—¿Qué hizo ahora?

Preguntó Camila.

—Quiere escapar.

Valeria apoyó la frente sobre la mesa.

—Lo sabía.

—Yo también.

—Es tan predecible.

—Dolorosamente predecible.

Las tres pasaron más de una hora planeando.

Y finalmente encontraron una solución.

Una solución brillante.

O terrible.

Dependía del punto de vista.

Mentirle.

Solo un poco.

—No me gusta esto.

Dijo Valeria.

—A mí tampoco.

—Pero lo vamos a hacer igual.

Concluyó Camila.

—Definitivamente.

Dos días después.

Lucas recibió un mensaje.

De Mary.

Necesito ayuda el sábado.

Lucas respondió casi inmediatamente.

¿Con qué?

No puedo decirte.

Eso es sospechoso.

Lo sé.

¿Es legal?

Probablemente.

MARY.

Ella sonrió frente a la pantalla.

Y escribió:

Por favor.

Lucas observó el mensaje durante varios segundos.

Porque había algo injusto en esa palabra.

Mary siempre ganaba cuando decía por favor.

Siempre.

Finalmente respondió:

Está bien.

Mary levantó ambos brazos en señal de victoria.

En medio de la universidad.

Lo cual atrajo varias miradas.

No le importó.

Porque acababan de evitar una catástrofe.

Esa noche.

Mientras todos dormían.

Lucas estaba sentado en el escondite.

Solo.

Observando las luces.

Pensando.

Porque aunque no lo hubiera dicho...

Sabía exactamente qué fecha se acercaba.

Y le aterraba.

Mucho más de lo que admitía.

Porque iba a ser el primer cumpleaños sin la llamada de su mamá.

Sin su mensaje.

Sin escuchar su voz.

Y no estaba seguro de estar preparado para eso.

Sin embargo...

Mientras observaba las luces cálidas que Mary había colocado allí semanas atrás...

Pensó en algo.

En Camila.

En Valeria.

Y especialmente en Mary.

En cómo ninguno de ellos lo había dejado solo.

Ni una sola vez.

Y por primera vez desde que comenzó a temer aquel día...

La fecha pareció un poco menos aterradora.

Solo un poco.

Pero a veces...

Un poco era suficiente.




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