Diego
La semana después del cumpleaños volvió a la normalidad.
O al menos a algo parecido.
Las clases regresaron.
Los trabajos acumulados también.
Y los profesores parecían haberse puesto de acuerdo para recordarles que la felicidad era temporal.
Mary estaba sentada en una mesa del patio de la universidad.
Tenía apuntes abiertos frente a ella.
Y una lista de cosas pendientes que prefería ignorar.
Esperaba a Lucas.
Y a Camila.
Aunque últimamente Lucas solía llegar primero.
Mientras revisaba unas notas escuchó una voz conocida.
—¿Mary?
Levantó la vista.
—Diego.
Era un compañero de algunos cursos.
No eran amigos cercanos.
Pero desde que comenzó la carrera habían coincidido varias veces en clases, trabajos grupales y exposiciones.
Lo suficiente para reconocerse cuando se cruzaban por la universidad.
—¿Puedo sentarme?
—Claro.
Diego dejó su mochila en la silla de enfrente.
—¿Ya terminaste el informe de Gestión?
Mary soltó una risa.
—¿Tú qué crees?
—Entonces no.
—Entonces no.
—Perfecto.
—¿Por qué perfecto?
—Porque yo tampoco.
—Excelente.
—El trabajo en equipo consiste en sufrir juntos.
—Debería estar escrito en el reglamento de la universidad.
Ambos se rieron.
Y siguieron conversando.
Nada especialmente interesante.
Profesores.
Trabajos.
Exámenes.
Temas normales.
Unos minutos después Lucas cruzó el patio.
Y lo primero que vio fue a Mary.
Sentada con Diego.
Hablando.
Riéndose.
Nada raro.
Nada fuera de lugar.
Nada que justificara la sensación extraña que apareció en su pecho.
Porque conocía a Diego.
Habían llevado algunos cursos juntos desde que comenzó la carrera.
Era agradable.
Responsable.
Nunca le había caído mal.
Nunca le había caído especialmente bien tampoco.
Era simplemente Diego.
—¿Qué haces?
Lucas se sobresaltó.
Camila acababa de aparecer a su lado.
—Nada.
—Mentira.
—No estaba haciendo nada.
—Llevas mirando la misma mesa como treinta segundos.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Camila.
—Lucas.
Ella siguió la dirección de su mirada.
Y encontró a Mary y Diego.
Conversando tranquilamente.
Camila volvió a mirar a Lucas.
Luego volvió a mirar la mesa.
Y finalmente sonrió.
Una sonrisa peligrosa.
—Ah.
—No.
Respondió Lucas inmediatamente.
—Ni siquiera dije nada.
—Pero lo pensaste.
—No pensé nada.
—Claro.
Lucas suspiró.
Porque aquella conversación jamás terminaba bien.
Ambos caminaron hacia la mesa.
Mary levantó la vista.
Y sonrió inmediatamente al verlos.
Una sonrisa automática.
Natural.
Como si hubiera estado esperándolos.
Y por alguna razón...
Eso hizo que Lucas se sintiera mejor.
—Al fin.
Dijo Mary.
—Pensé que se habían perdido.
—Camila estaba distraída.
Respondió Lucas.
—¿Yo?
—Tú.
—Qué falta de respeto.
Mary soltó una carcajada.
Y durante un instante todo volvió a sentirse normal.
Los cuatro se quedaron conversando un rato.
Diego hablaba principalmente de clases.
Camila se quejaba de los profesores.
Mary aportaba comentarios sarcásticos.
Y Lucas escuchaba.
O al menos lo intentaba.
Porque seguía ocurriendo algo extraño.
Algo molesto.
Algo difícil de ignorar.
Cada vez que Diego hablaba con Mary.
Cada vez que ella se reía.
Cada vez que compartían alguna anécdota de clases.
Aparecía esa sensación.
Y Lucas no entendía por qué.
Lo peor era que no tenía ningún motivo.
Absolutamente ninguno.
Diego no estaba haciendo nada malo.
Ni siquiera estaba coqueteando.
Solo estaba hablando.
Y aun así...
Lucas se sentía incómodo.
Cuando Diego finalmente se fue a una clase, Camila esperó exactamente cinco segundos.
Cinco.
—¿Qué te pasa?
Lucas levantó la vista.
—Nada.
—Mentira.
—No me pasa nada.
—Entonces ¿por qué mirabas a Diego como si te hubiera robado algo?
Mary parpadeó.
—¿Qué?
—Nada.
Respondió Lucas demasiado rápido.
—¿Estabas mirando raro a Diego?
Preguntó Mary.
—No.
—Sí.
Dijo Camila.
—No.
—Sí.
—Camila.
—Lucas.
Mary observó a ambos.
Confundida.
Porque claramente se estaba perdiendo algo.
Y eso solo hizo que Camila disfrutara más la situación.
Aquella noche.
Mientras caminaba hacia su casa.
Lucas volvió a pensar en ello.
En la conversación.
En Diego.
En la sensación incómoda.
Y sobre todo...
En Mary.
En cómo lo había buscado con la mirada apenas llegó.
En cómo había movido su mochila para dejarle sitio.
En cómo siempre parecía reservarle un espacio a su lado.
Como si fuera algo automático.
Como si fuera exactamente donde debía estar.
Lucas soltó un suspiro.
Porque cuanto más lo pensaba...
Menos tenía que ver Diego con todo aquello.
Y más tenía que ver Mary.
Mucho más.
Y por primera vez...
Esa posibilidad dejó de parecerle imposible.
Y empezó a parecerle peligrosa.
#5746 en Novela romántica
#259 en Ciencia ficción
#novelajuvenil #romance #drama, #romace, #jovenesprotagonista
Editado: 16.07.2026