Cuando huir ya no basta

Capitulo 81- Trabajos

Trabajos

El semestre estaba entrando en su fase más peligrosa.

La recta final.

Ese hermoso momento académico en el que todos los profesores parecían recordar simultáneamente que podían dejar proyectos, exposiciones, informes y evaluaciones.

Todo al mismo tiempo.

Porque claramente el sufrimiento estudiantil fortalecía el carácter.

—Quiero renunciar.

Murmuró Mary mientras dejaba caer la cabeza sobre la carpeta.

Lucas, sentado a su lado, ni siquiera levantó la vista.

—Yo hace tres semanas.

—Yo hace un mes.

—Eso explica muchas cosas.

Mary le lanzó una mirada.

—Gracias por tu apoyo.

—Siempre.

Ambos estaban esperando que comenzara una de las clases más importantes del semestre.

Una asignatura cuyo proyecto final representaba una parte enorme de la nota.

Lo suficientemente importante como para provocar ataques de estrés colectivos.

—Si me toca alguien inútil estoy acabada.

Dijo Mary.

—Nos toca juntos.

Respondió Lucas automáticamente.

Mary sonrió.

Porque era verdad.

Durante los dos semestres que llevaban en la universidad habían terminado trabajando juntos casi siempre.

No porque lo planearan.

Simplemente ocurría.

Ya sabían cómo trabajaba el otro.

Ya conocían sus horarios.

Y sinceramente...

Funcionaban bien como equipo.

Hasta que el profesor entró al salón.

Y arruinó todo.

—Buenos días.

La respuesta del aula fue una mezcla de murmullos y resignación.

—Para el proyecto final las parejas serán asignadas al azar.

Silencio.

Un silencio horrible.

Mary levantó la cabeza.

Lucas también.

—No.

Murmuró Mary.

—Sí.

Respondió el profesor.

—Ni siquiera hablé.

—Lo dijiste con la cara.

Varias personas se rieron.

Mary no.

Lucas tampoco.

El profesor comenzó a leer nombres.

Una pareja.

Otra.

Otra más.

Y poco a poco la tensión aumentó.

—Mary Fernández.

Mary levantó la mano.

—Con Diego Herrera.

—¿Qué?

La palabra escapó antes de que pudiera detenerla.

Algunas personas se rieron.

Diego levantó una mano desde unas filas más atrás.

—Bueno...

Dijo encogiéndose de hombros.

—Supongo que trabajaremos juntos.

—Supongo.

Respondió Mary.

—Lucas Rivera.

Lucas levantó la vista.

—Con Mariana Salas.

—Presente.

Respondió una chica cerca de la ventana.

Lucas asintió.

Pero apenas la escuchó.

Porque por alguna razón seguía pensando en otra cosa.

En Mary hablando con Diego sobre horarios.

Nada raro.

Nada importante.

Nada que justificara la sensación incómoda que apareció en su pecho.

Una hora después, al salir del edificio de la facultad, encontraron a Camila esperándolos cerca de la cafetería.

—¿Por qué tienen cara de que alguien murió?

Preguntó.

—Proyecto final.

Respondió Mary.

—Ah.

Camila asintió.

—Entonces sí murió alguien.

Lucas soltó una pequeña risa.

Mary no parecía tan divertida.

—Las parejas son al azar.

—Qué tragedia.

—Cállate.

Respondieron Lucas y Mary al mismo tiempo.

Camila los observó.

Y sonrió.

—Son ridículos.

Durante la semana siguiente comenzaron las reuniones.

Mary y Diego se reunían en la biblioteca.

O en alguna mesa libre de la universidad.

O en la cafetería.

Nada especial.

Simplemente estaban trabajando.

Y sin embargo...

Lucas siempre terminaba enterándose.

No porque preguntara.

Por supuesto que no.

Nunca preguntaba.

Jamás.

Simplemente la información aparecía.

—Vi a Mary en la biblioteca.

Comentaba alguien.

—Ah.

—Con Diego.

—Qué bien.

Y por alguna razón aquello le molestaba.

Lo peor era que Diego estaba haciendo exactamente lo que debía hacer.

Trabajar.

Nada más.

No había coqueteos.

No había dobles intenciones.

Ni siquiera había algo remotamente sospechoso.

Solo dos estudiantes intentando sobrevivir al final del semestre.

—Avanzamos bastante hoy.

Comentó Mary una tarde mientras caminaban hacia la salida de la universidad.

Lucas iba a su lado.

Como casi siempre.

—Qué bien.

Respondió.

—Sí.

—Excelente.

—Lucas.

—¿Qué?

—Estás raro.

—No estoy raro.

—Llevas días raro.

—No.

—Sí.

Mary lo observó.

Con atención.

—¿Te pasa algo?

Lucas abrió la boca.

Y la volvió a cerrar.

Porque la respuesta real era imposible.

Sí.

Me molesta que pases tanto tiempo con Diego.

Y no tengo ningún motivo lógico para sentirme así.

Así que respondió:

—Estoy cansado.

Mary pareció pensarlo unos segundos.

Y finalmente asintió.

—Yo también.

La conversación siguió.

Pero Lucas apenas la escuchó.

Porque seguía pensando.

Y cuanto más pensaba...

Más evidente se volvía algo.

El problema nunca había sido Diego.

Ni el proyecto.

Ni las reuniones.

El problema era que cada vez que veía a Mary compartir tiempo con alguien más...

Sentía algo desagradable.

Algo que no sabía nombrar.

Algo que intentaba ignorar.

Pero que seguía creciendo.

Aquella noche, acostado en su cama, recordó algo.

La mañana después de su cumpleaños.

Mary dormida sobre su pecho.

Las tardes en el escondite.

Las canciones compartiendo audífonos.

Las conversaciones que parecían durar horas.

Y la forma en que siempre buscaba contarle todo primero a ella.

Lucas cerró los ojos.

Porque empezaba a comprender algo.

Algo que le daba miedo.

Muchísimo miedo.

Porque si era cierto...

Ya no podría fingir que nada estaba cambiando.




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