Cuando huir ya no basta

Capitulo 82- Una conversación inesperada

Una conversación inesperada

La biblioteca estaba extrañamente tranquila.

Lo cual normalmente era una buena noticia.

Pero después de semanas de trabajos, exposiciones y proyectos finales...

Mary ya no confiaba en las buenas noticias.

—Si vuelvo a ver una rúbrica este semestre voy a llorar.

Murmuró mientras cerraba la laptop.

Diego soltó una risa desde el otro lado de la mesa.

—Eso suena razonable.

—Gracias por validar mi crisis existencial.

—Para eso estoy.

Mary estiró los brazos.

El proyecto estaba terminado.

Finalmente.

No perfecto.

Pero suficiente.

Y en este punto del semestre...

Era un milagro.

—Sobrevivimos.

Dijo Diego.

—Con dignidad cuestionable.

—Pero sobrevivimos.

Mary sonrió.

Durante esas semanas había descubierto que Diego era un compañero fácil de trabajar.

Organizado.

Responsable.

Y sorprendentemente tranquilo para el caos que era la universidad.

Nada más.

Solo eso.

Hubo un silencio cómodo.

Hasta que Diego habló otra vez.

—Puedo preguntarte algo?

Mary lo miró con sospecha.

—Depende.

—¿Camila es siempre así?

Mary parpadeó.

—¿Así cómo?

—Intensa.

Mary soltó una risa inmediata.

—Sí.

—Eso fue rápido.

—Porque es verdad.

Diego asintió, como si confirmara una hipótesis científica.

—La conocí un día.

—¿Cómo?

—Vino a ayudar a un amigo mío a arreglar un problema con un trámite de la universidad.

—Y terminó resolviéndoselo a todos.

Mary se rió.

—Eso suena a Camila.

—Sí.

—Y desde entonces me quedó claro que habla mucho.

—MUCHO.

—Sí.

Mary negó con la cabeza, divertida.

—Ya estás advertido.

—Demasiado tarde.

Ambos rieron.

Y siguieron hablando unos minutos más sobre Camila.

Sobre su energía.

Sobre su forma de resolver problemas sin pedir permiso.

Sobre lo difícil que era interrumpirla cuando empezaba a hablar.

Una hora después salieron de la biblioteca.

El proyecto estaba terminado.

Y el semestre prácticamente también.

Mary revisó su teléfono.

Un mensaje de Lucas.

Lucas: ¿Ya terminaron?

Mary sonrió automáticamente.

Sin pensarlo.

Mary: Sí. Acabamos de salir.

La respuesta llegó casi inmediata.

Lucas: Estoy cerca de la cafetería.

Lucas: Te espero.

Mary volvió a sonreír.

Otra vez.

Sin darse cuenta.

—Es Lucas, ¿no?

Preguntó Diego.

Mary lo miró.

—Sí.

—No hace falta que lo confirmes.

—¿Por qué?

—Porque sonríes distinto.

Mary rodó los ojos.

—No es verdad.

—Sí lo es.

—Cállate.

—No dije nada malo.

—Lo pensaste.

—Tal vez.

Se despidieron poco después.

Y mientras caminaba hacia la cafetería...

Mary se dio cuenta de algo.

No era algo nuevo.

Solo algo que nunca había puesto en palabras.

Lucas estaba siempre ahí.

Cuando estaba cansada.

Cuando estaba bien.

Cuando algo salía mal.

Cuando algo salía bien.

Siempre.

Y sin saber cómo ni cuándo...

Eso había dejado de ser normal.

Y había empezado a ser importante.

Cuando llegó a la cafetería, Lucas ya estaba sentado afuera.

Esperándola.

Como siempre.

Levantó la vista y sonrió al verla acercarse.

—Terminaste.

—Terminamos.

—Al fin.

—Al fin.

Hubo un pequeño silencio.

Y entonces Mary recordó algo.

—Ah.

—¿Qué?

—A Diego le gusta Camila.

Lucas parpadeó.

—¿Qué?

—Sí.

—¿Camila?

—Sí.

—¿Está seguro?

—Eso parece.

Lucas se quedó en silencio unos segundos.

Y luego, sin entender por qué...

Sintió alivio.

Raro.

Inmediato.

Como si algo se hubiera acomodado dentro de él.

Porque en el fondo...

Ya lo sabía.

Diego nunca había sido el problema.

Y esa verdad...

Empezaba a ser imposible de ignorar.

Porque el problema nunca había estado en quién estaba cerca de Mary.

Sino en lo que él sentía cuando ella estaba lejos.




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