Cuando huir ya no basta

Capitulo 83- Lo normal ya no funciona

Lo normal ya no funciona

El semestre estaba terminando.

Pero la sensación no.

Lucas lo notó desde la mañana.

Desde que vio el mensaje de Mary.

Desde que supo que iban a verse en la universidad.

Todo debería haber sido normal.

Como siempre.

Se verían.

Hablarían del proyecto.

Tal vez de clases.

Tal vez de Camila.

Tal vez de nada importante.

Y listo.

Pero no era así.

Porque ahora había algo distinto.

Algo que Lucas no sabía cómo ignorar.

Cuando llegó al campus, Mary ya estaba ahí.

Sentada en una banca.

Con su celular en la mano.

Como siempre.

Como si el mundo no estuviera cambiando alrededor de él.

—Llegas tarde.

Dijo ella sin levantar la vista.

—No llego tarde.

—Sí llegas.

—Llegas temprano tú.

Mary finalmente lo miró.

—Eso no tiene sentido.

—Sí tiene.

—No.

—Sí.

—Lucas.

—Mary.

Y ambos se quedaron en silencio un segundo.

Luego ella sonrió.

Y ese fue el problema.

Porque antes eso no era un problema.

Ahora sí.

Caminaban hacia la cafetería.

Hablando de cosas normales.

O intentando.

—¿Ya entregaste el informe?

Preguntó Mary.

—Sí.

—¿Y te fue bien?

—Supongo.

—Eso suena a “me fue mal”.

—No lo fue.

—Lucas.

—Mary.

—Te conozco.

—Eso es preocupante.

Mary rió.

Y Lucas también.

Pero algo no encajaba.

Porque incluso la risa se sentía distinta.

Más consciente.

Más pesada.

Se sentaron en la cafetería.

Como siempre.

Mary pidió café.

Lucas pidió lo mismo.

Como siempre.

Pero ahora todo “como siempre” se sentía distinto.

—Estoy cansada.

Dijo Mary apoyando la cabeza en la mesa.

—Yo también.

—Eso es nuevo.

—No es nuevo.

—Es nuevo porque ahora lo dices con alma.

Lucas la miró.

—Eso es dramático.

—Eso es verdad.

Silencio.

Uno cómodo.

O al menos debería haberlo sido.

Pero Lucas ya no estaba seguro.

Mary levantó la cabeza.

—Estás raro otra vez.

Lucas suspiró.

—No estoy raro.

—Sí estás raro.

—No.

—Sí.

—Mary.

—Lucas.

Ella lo observó unos segundos.

Más serio esta vez.

—¿Te pasa algo?

La pregunta fue simple.

Demasiado simple.

Lucas abrió la boca.

Y la cerró.

Porque la respuesta correcta era imposible.

Me pasa que te estoy viendo distinto.

Me pasa que ya no sé cómo actuar contigo.

Me pasa que no entiendo qué me pasa contigo.

Así que dijo:

—Estoy cansado.

Mary lo miró en silencio.

Pero esta vez no aceptó tan rápido la respuesta.

—Lucas.

—¿Sí?

—Eso ya lo dijiste antes.

Silencio.

Más largo.

Más incómodo.

Lucas bajó la mirada.

Porque no tenía otra cosa que hacer.

Porque no tenía respuesta.

Porque por primera vez...

Sentía que mentirle a Mary era más difícil que decir la verdad.

Pero la verdad aún no tenía forma.

Solo presión.

Solo confusión.

Solo algo creciendo dentro de él.

Mary se inclinó un poco hacia adelante.

—Puedes decirme si pasa algo.

Su voz fue más suave.

Menos broma.

Más real.

Y eso lo complicó todo.

Porque Lucas quiso decirlo.

Quiso decirlo de verdad.

Pero no pudo.

Así que hizo lo único que sabía hacer.

Negarlo.

—No pasa nada.

Mary lo miró unos segundos más.

Y luego suspiró.

—Está bien.

Pero no sonó convencida.

El silencio volvió.

Pero ya no era el mismo.

Ya no era cómodo.

Ya no era seguro.

Era algo nuevo.

Algo frágil.

Algo que podía romperse en cualquier momento.

Y Lucas lo sintió con claridad.

No podía seguir así mucho tiempo más.

Porque lo que estaba evitando...

Ya lo estaba alcanzando.

Y esta vez no iba a poder escapar.




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