Cuando huir ya no basta

Capitulo 84- Como siempre

Como siempre

Mary llegó a la casa de Lucas poco después del almuerzo.

Llevaba una mochila cargada de apuntes.

Dos resaltadores.

Un paquete de galletas.

Y absolutamente ninguna intención de estudiar.

Lo cual era una contradicción considerando que los finales estaban a la vuelta de la esquina.

Pero ella decidió ignorar ese detalle.

Tocó la puerta.

Y fue el padre de Lucas quien abrió.

—Hola, Mary.

—Hola.

—Está arriba.

Ella sonrió.

—Gracias.

Subió las escaleras como si fuera su propia casa.

Porque después de tantos meses...

Ya casi se sentía así.

Encontró a Lucas en su habitación.

Estaba sentado en el escritorio revisando unas hojas.

—Hola.

Dijo Mary.

Lucas levantó la vista.

Y sonrió.

—Hola.

—Tu papá me dejó pasar.

—Eso suele pasar cuando vienes tres veces por semana.

—Qué grosero.

—Qué insistente.

—Me iré.

—No lo harás.

—No lo haré.

Y ambos sonrieron.

Como siempre.

—¿Cómo estuvo terapia?

Preguntó Mary mientras dejaba la mochila en el suelo.

Lucas tardó un momento en responder.

—Bien.

Mary lo observó.

—¿Bien de verdad?

—Sí.

Y esta vez parecía sincero.

No perfecto.

Pero mejor.

Mucho mejor de lo que había estado meses atrás.

Mary sintió alivio.

Porque cada pequeño avance de Lucas seguía sintiéndose importante.

—¿Escondite?

Preguntó ella.

Lucas levantó una ceja.

—¿Viniste a estudiar o a esconderte?

—Es una pregunta ofensiva.

—Responde.

—Escondite.

—Lo imaginé.

Unos minutos después estaban dentro.

Su escondite.

El lugar que habían construido juntos.

Con luces cálidas colgando de las paredes.

Mantas.

Almohadas.

Y pequeñas cosas que habían ido acumulando con el tiempo.

Fotos.

Entradas de cine.

Notas absurdas.

Recuerdos.

Mary se dejó caer sobre uno de los cojines.

Lucas se acomodó frente a ella.

Durante unos minutos ninguno habló.

No porque estuvieran incómodos.

Nunca lo estaban.

Simplemente era agradable.

—Música.

Declaró Mary.

—Música.

Aceptó Lucas.

Como siempre.

Sacaron los audífonos.

Uno para ella.

Uno para él.

Y comenzaron a escuchar una de sus listas de reproducción.

La primera canción pasó.

Luego la segunda.

Y la tercera.

Mary estaba revisando distraídamente las canciones cuando encontró una que no reconocía.

—¿Esta la agregaste tú?

Lucas se inclinó para ver la pantalla.

Y sin querer quedaron muy cerca.

Demasiado cerca.

Mary lo notó primero.

Lucas también.

Por un segundo ninguno se movió.

Solo quedaron ahí.

Quietos.

Luego ambos se apartaron casi al mismo tiempo.

—Sí.

Respondió Lucas.

Su voz sonó extraña.

Como si hubiera olvidado cómo hablar.

—Ah.

Mary volvió a mirar la pantalla.

Como si estuviera concentradísima en la lista.

No lo estaba.

La canción empezó.

Y el silencio regresó.

Pero ahora era distinto.

No incómodo.

Solo raro.

Difícil de explicar.

—Estás raro.

Dijo Mary después de unos minutos.

Lucas cerró los ojos.

—Otra vez.

—Porque es verdad.

—No estoy raro.

—Lo estás.

—No.

—Sí.

—Mary.

—Lucas.

Y ambos terminaron riéndose.

Como siempre.

Pero incluso eso se sintió un poco diferente.

Pasaron el resto de la tarde en el escondite.

Hablando de exámenes.

De profesores.

De vacaciones.

De cualquier cosa.

Y poco a poco la sensación desapareció.

O al menos eso parecía.

Cuando el cielo empezó a oscurecer, Mary recogió sus cosas.

—Mi mamá va a pensar que me mudé aquí.

—Podría cobrarte alquiler.

—Podría demandarte.

—No tienes dinero para un abogado.

—Tampoco para pagarte alquiler.

—Buen punto.

Lucas la acompañó hasta la puerta.

—Nos vemos mañana.

—Si sobrevivo a Contabilidad.

—Difícil.

—Muy difícil.

Lucas sonrió.

—Buenas noches, Mary.

—Buenas noches.

Mary caminó hasta su casa pensando que había sido una tarde normal.

O casi normal.

Porque algo seguía rondando en su cabeza.

Algo pequeño.

Difícil de identificar.

Esa noche recibió una llamada de Camila.

—Tengo una observación.

Mary suspiró.

—Eso nunca termina bien.

—¿Lucas está raro?

Mary se incorporó inmediatamente.

—¡Lo sabía!

—Entonces sí lo notaste.

—Sí.

—Perfecto.

—¿Qué tiene de perfecto?

—Que no estoy imaginando cosas.

Camila soltó una pequeña risa.

—No, definitivamente no.

—Entonces ¿qué le pasa?

—No sé.

—Gracias por tu inútil aporte.

—De nada.

Hubo un pequeño silencio.

Y entonces Camila habló otra vez.

—Aunque sí hay algo raro.

—¿Qué?

—La forma en que te mira.

Mary parpadeó.

—¿Qué tiene?

—Nada.

—Camila.

—Solo digo que te mira diferente.

—No tiene sentido.

—Ajá.

—Lucas es Lucas.

—Correcto.

—Y yo soy yo.

—También correcto.

—Entonces no tiene sentido.

Camila soltó un suspiro.

—Voy a dejar que descubras sola lo que yo ya descubrí.

—¿Qué descubriste?

—Buenas noches, Mary.

—¡Camila!

Pero la llamada ya había terminado.

Mary dejó el teléfono a un lado.

Y se quedó mirando el techo.

Pensando.

No en los exámenes.

No en las vacaciones.

No en la universidad.

Pensando en Lucas.

En aquella tarde.

En el escondite.

En el instante en que quedaron demasiado cerca.

Y en las palabras de Camila.




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