Mary llevaba tres días evitando a Camila.
Bueno.
No evitándola por completo.
Eso era imposible.
Pero sí ignorando cualquier conversación que incluyera las palabras:
Lucas.
Gustar.
O enamorada.
Principalmente porque Camila había perdido el derecho a opinar.
Según Mary.
—Sigues pensando en ello, ¿verdad?
Preguntó Camila.
Mary ni siquiera levantó la vista de sus apuntes.
—No.
—Mentira.
—No.
—Mary.
—Camila.
—Llevas tres días respondiendo así.
—Porque llevas tres días molestándome.
Camila sonrió.
Lo cual era mala señal.
Siempre.
—Solo digo que si te molesta tanto...
—No me molesta.
—Entonces ¿por qué sigues pensando en eso?
Mary abrió la boca.
Y la cerró.
Porque accidentalmente acababa de confirmar el punto de Camila.
—Te odio.
—También te quiero.
Mary tomó su mochila.
Y se fue antes de que la conversación pudiera empeorar.
Lo cual tampoco ayudó.
Porque ahora estaba sola.
Y cuando estaba sola...
Pensaba.
Maldita Camila.
Aquella tarde decidió estudiar en casa.
Lo intentó durante exactamente quince minutos.
Después terminó mirando por la ventana.
Sin leer una sola página.
Y entonces ocurrió algo peor.
Empezó a recordar.
Recordó el primer día.
El reencuentro.
La sorpresa de volver a ver a Lucas después de tantos años.
Lo diferente que parecía.
Lo callado que era.
Lo perdido que se veía.
Recordó cuando empezaron a hablar otra vez.
Las primeras conversaciones.
Los trabajos.
Las bromas.
Las costumbres que aparecieron sin que ninguno las planeara.
Recordó a Adrián.
Y el dolor que había sentido cuando todo terminó.
Pero también recordó quién había estado allí.
Lucas.
Siempre Lucas.
Las llamadas.
Los mensajes.
Las tardes en que ella solo quería llorar.
Y él simplemente se sentaba a acompañarla.
Sin intentar arreglar nada.
Sin obligarla a estar bien.
Simplemente estando ahí.
Después recordó la muerte de la mamá de Lucas.
Las noches difíciles.
Las pesadillas.
Las recaídas.
El miedo.
Y recordó que ella tampoco se había ido.
Porque quedarse había sido la decisión más natural del mundo.
Mary cerró lentamente el cuaderno.
Porque ya no estaba estudiando.
Hacía rato que no.
Estaba pensando en Lucas.
Otra vez.
Y cuanto más lo hacía...
Más raro se sentía.
Porque Camila había planteado una pregunta que ya no podía ignorar.
¿Por qué?
¿Por qué Lucas aparecía en todos sus recuerdos favoritos de los últimos meses?
¿Por qué estaba presente en cada momento importante?
¿Por qué siempre era la primera persona a la que quería contarle las cosas?
¿Por qué cuando algo bueno ocurría pensaba en él?
¿Por qué cuando algo malo ocurría también pensaba en él?
Mary se dejó caer sobre la cama.
Y cubrió su rostro con una almohada.
—No.
Murmuró.
Porque aquello empezaba a parecerse peligrosamente a una respuesta.
Y todavía no estaba lista para escucharla.
Esa noche recibió un mensaje.
Lucas: Sobreviví al examen.
Mary sonrió automáticamente.
Antes incluso de darse cuenta.
Y ahí fue cuando el problema empeoró.
Porque ya había notado la sonrisa.
Mary: Yo también.
Lucas: Milagro.
Mary: Habla por ti.
Lucas: Hablo por los dos.
Mary soltó una pequeña risa.
Y durante unos segundos se quedó mirando la pantalla.
Solo mirando.
Finalmente escribió:
Mary: ¿Mañana vienes?
La respuesta llegó casi de inmediato.
Lucas: Siempre.
Siempre.
Una palabra sencilla.
Pequeña.
Pero suficiente para hacer que algo se moviera dentro de ella.
Porque era verdad.
Lucas siempre estaba.
Y por primera vez...
Mary comenzó a preguntarse qué significaba realmente eso.
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Editado: 16.07.2026