La sesión llevaba casi cuarenta minutos.
Lucas estaba sentado en el mismo sillón de siempre.
Frente a la misma ventana.
En la misma consulta donde había pasado algunos de los momentos más difíciles de su vida.
Y poco a poco...
También algunos de los más importantes.
—Has avanzado mucho.
Dijo la terapeuta.
Lucas bajó la mirada.
Todavía le costaba escuchar eso.
Porque durante mucho tiempo solo había sido capaz de ver todo lo que había perdido.
No todo lo que había logrado recuperar.
—Supongo.
Respondió.
La terapeuta sonrió levemente.
—Hace unos meses apenas podías hablar de tu mamá sin sentir culpa.
Lucas permaneció en silencio.
—Ahora puedes recordarla con tristeza.
Continuó ella.
—Pero también con cariño.
Lucas asintió.
—La extraño todos los días.
—Lo sé.
Y era verdad.
La seguía extrañando.
Había días buenos.
Y días malos.
Pero ya no sentía que se estuviera ahogando.
Había aprendido a seguir adelante.
Sin dejar de quererla.
Hubo un momento de silencio.
Hasta que la terapeuta habló nuevamente.
—¿Hay algo más que te preocupe?
Lucas dudó.
Porque sí.
Había algo.
Algo que llevaba semanas evitando pensar.
O mejor dicho...
Algo que llevaba semanas intentando no admitir.
—Sí.
Respondió finalmente.
—¿Quieres hablar de ello?
Lucas soltó una pequeña risa nerviosa.
—Probablemente.
—Entonces adelante.
Volvió el silencio.
Uno largo.
Difícil.
Hasta que finalmente levantó la vista.
—¿Está mal amar a alguien?
La terapeuta parpadeó.
Sorprendida.
Pero no por la pregunta.
Sino por la tristeza que escondía.
—¿Por qué piensas que podría estar mal?
Lucas bajó la mirada.
Y tardó varios segundos en responder.
Porque la respuesta era más complicada de lo que parecía.
—Porque las personas se van.
Murmuró.
—Mi mamá se fue.
Silencio.
—Y si quieres mucho a alguien...
Continuó.
—También puedes perderlo.
La terapeuta no interrumpió.
Simplemente lo escuchó.
—Creo que una parte de mí aprendió que querer a alguien es peligroso.
Admitió.
La frase quedó suspendida entre ambos.
Porque era verdad.
Después de perder a su madre...
Había empezado a tener miedo.
No solo a perder.
También a necesitar a alguien.
—¿Y qué otra cosa aprendiste?
Preguntó ella.
Lucas frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Que también hubo personas que se quedaron.
Silencio.
Y una imagen apareció inmediatamente en su mente.
Mary.
Mary llegando a su casa sin avisar.
Mary sentada junto a él después de una pesadilla.
Mary obligándolo a salir cuando no quería ver a nadie.
Mary construyendo un escondite absurdo con luces y mantas.
Mary quedándose.
Siempre quedándose.
Sin darse cuenta sonrió.
Y la terapeuta lo notó.
Por supuesto que lo notó.
—Hay alguien en quien estás pensando.
Lucas se cubrió el rostro con ambas manos.
—Esto es humillante.
La terapeuta soltó una pequeña risa.
—Es bastante evidente.
—Excelente.
—No, Lucas.
Dijo suavemente.
—No está mal amar a alguien.
Lucas bajó lentamente las manos.
—¿No?
Ella negó con la cabeza.
—Lo que sería triste es dejar que el miedo te impida hacerlo.
Silencio.
—Porque el amor nunca viene con garantías.
—Lo sé.
—Pero tampoco la amistad.
—...
—Ni la familia.
—...
—Ni la vida.
Lucas bajó la mirada.
Pensando.
Procesando cada palabra.
—Entonces el miedo nunca desaparece.
—No.
—¿Y qué hago con él?
La terapeuta sonrió.
—Lo llevas contigo.
Lucas hizo una mueca.
—Suena horrible.
—A veces lo es.
—Gracias por tu honestidad.
Ella volvió a reír.
—Pero también descubres que hay personas que valen la pena.
Y Lucas volvió a pensar en Mary.
No en una versión idealizada.
No en una fantasía.
Sino en la verdadera.
La que se reía demasiado fuerte.
La que robaba comida de su plato.
La que discutía por cualquier tontería.
La que convertía los peores días en algo soportable.
Y por primera vez...
La idea dejó de darle miedo.
Cuando salió de la consulta, el aire se sentía más ligero.
No porque tuviera todas las respuestas.
Sino porque finalmente había dejado de mentirse.
Tomó su teléfono.
Y encontró un mensaje nuevo.
Mary: Estoy aburrida.
Lucas sonrió inmediatamente.
Lucas: Han pasado exactamente dos horas desde que hablamos.
Mary: Una tragedia.
Lucas: Sobrevivirás.
Mary: No estoy segura.
Lucas: Qué dramática.
Mary: Lo aprendí de Camila.
Lucas: Eso explica muchas cosas.
Lucas guardó el teléfono.
Pero la sonrisa permaneció.
Y mientras caminaba de regreso a casa...
Pensó que tal vez la terapeuta tenía razón.
Porque sí.
Amar a alguien daba miedo.
Pero algunas personas...
Valían la pena.
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Editado: 16.07.2026