Cuando huir ya no basta

Capitulo 92- Entonces es real

Entonces es real

Durante varios segundos ninguno dijo nada.

Simplemente se quedaron mirándose.

Sentados frente al cheesecake.

Como dos personas que acababan de cambiar algo enorme en sus vidas.

Y todavía no sabían qué hacer con ello.

—Bueno.

Dijo Lucas.

—Bueno.

Respondió Mary.

Silencio.

—¿Eso es todo lo que tienes para decir?

Preguntó ella.

—No.

—Perfecto.

—Simplemente mi cerebro dejó de funcionar.

Mary terminó riéndose.

—El mío también.

—Excelente.

—Estamos haciéndolo muy bien.

—Increíblemente bien.

Y por alguna razón...

Eso ayudó.

Porque de repente todo volvió a sentirse como ellos.

No como una escena perfecta de película.

No como un gran momento romántico.

Solo ellos.

Lucas tomó un poco de aire.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¿Ahora qué pasa?

Mary apoyó los codos sobre la mesa.

—No sé.

—Excelente.

—¿Tú sabes?

—Tampoco.

—Perfecto.

—Estamos completamente preparados para esto.

Mary volvió a reír.

Y Lucas sintió algo extraño.

Algo ligero.

Algo que hacía muchísimo tiempo no sentía.

Paz.

Cuando salieron de la cafetería ya comenzaba a atardecer.

El cielo estaba teñido de tonos naranjas y rosados.

Y la ciudad parecía más tranquila.

Caminaron sin prisa.

Uno al lado del otro.

Como siempre.

Y al mismo tiempo...

Nada era como siempre.

Mary fue la primera en hablar.

—Tengo una pregunta.

—Adelante.

—¿Desde cuándo?

Lucas sonrió.

Porque sabía exactamente a qué se refería.

—No lo sé.

—Mentirosa respuesta.

—Es la verdad.

Mary lo miró.

Esperando algo más.

Y Lucas terminó cediendo.

—Creo que empezó cuando dejaste de ser alguien con quien hablaba.

—Eso no responde nada.

—Lo sé.

—Lucas.

—Estoy intentando.

Mary sonrió.

Y él continuó.

—Creo que fue cuando empecé a buscarte incluso cuando no necesitaba nada.

La respuesta la dejó en silencio.

Porque entendía perfectamente lo que quería decir.

—¿Y tú?

Preguntó Lucas.

Mary bajó la mirada.

Pensando.

Porque tampoco tenía una fecha.

No había un momento exacto.

No una línea clara.

Solo cientos de pequeños momentos.

—Creo que fue cuando me di cuenta de que eras la primera persona a la que quería contarle todo.

Lucas sintió que el corazón volvía a acelerar.

Porque era una respuesta muy Mary.

Simple.

Sincera.

Perfecta.

Siguieron caminando.

Y por primera vez apareció un silencio extraño.

No incómodo.

Solo nuevo.

Porque ahora ambos eran conscientes de algo que antes no podían nombrar.

—Esto es raro.

Confesó Mary.

—Sí.

—Mucho.

—Bastante.

Mary soltó una pequeña risa.

—Me alegra que también estés confundido.

—Estoy aterrorizado.

—Mucho mejor.

—Gracias.

Llegaron a una pequeña plaza.

Vacía a esa hora.

Y se sentaron en una banca.

El sol comenzaba a desaparecer lentamente.

—¿Puedo preguntarte algo?

Dijo Lucas.

—Sí.

—¿Eso significa que estamos saliendo?

Mary lo observó.

Durante dos segundos.

Y luego comenzó a reír.

Tanto que tuvo que cubrirse el rostro.

—¿Qué?

—No puedo creer que después de todo esto preguntaras eso.

—Es una duda válida.

—Lucas.

—Necesito claridad.

—Dios mío.

Lucas sonrió.

Porque verla reír seguía siendo una de sus cosas favoritas.

Finalmente Mary bajó las manos.

Todavía sonriendo.

Y respondió:

—Sí.

Silencio.

Uno pequeño.

Pero importante.

—Sí.

Repitió ella.

—Estamos saliendo.

Lucas sintió algo cálido en el pecho.

Algo inmenso.

Algo que no necesitaba describir.

Porque después de todo lo vivido...

Después de las pérdidas.

Después de las despedidas.

Después de los miedos.

Mary estaba allí.

Y lo había elegido.

Mary lo observó unos segundos.

Y entonces dijo:

—Hay otra cosa.

—¿Qué?

—Creo que olvidaste algo.

Lucas frunció el ceño.

—¿Qué olvidé?

Mary levantó una ceja.

Y de repente comprendió.

Completamente.

—Ah.

—Ah.

Repitió ella.

—Ah.

Los dos terminaron riéndose.

Porque eran un desastre.

Absolutamente un desastre.

Pero esta vez ninguno retrocedió.

Lucas se acercó lentamente.

Y Mary hizo lo mismo.

Sin prisa.

Sin miedo.

Como si ambos hubieran llegado exactamente al lugar donde debían estar.

Y cuando finalmente se besaron...

No fue perfecto.

Ni cinematográfico.

Ni espectacular.

Fue algo mucho mejor.

Fue ellos.

Y por primera vez desde que comenzaron las vacaciones...

Lucas pensó que tal vez el mejor momento del semestre no había sido aprobar los exámenes.

Había sido aquel.

Sentado junto a Mary.

Con la certeza de que ahora ya no tenía que imaginar un futuro sin ella.




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