Mary despertó al día siguiente con una sonrisa.
Lo cual habría sido una experiencia muy bonita.
Si no hubiera tardado exactamente tres segundos en recordar por qué.
Y entonces escondió la cara en la almohada.
—Dios mío.
Murmuró.
Porque era real.
Completamente real.
No había sido un sueño.
No había sido una imaginación provocada por el estrés de los exámenes.
Ni una alucinación causada por exceso de café.
Lucas le había confesado que le gustaba.
Ella había confesado que sentía lo mismo.
Y se habían besado.
Mary volvió a esconder la cara.
—Dios mío.
Repitió.
Su teléfono vibró.
Mary lo tomó.
Y encontró un mensaje.
Lucas: Buenos días.
La sonrisa apareció sola.
Instantáneamente.
Mary: Buenos días.
Lucas: ¿Sigues viva?
Mary: Apenas.
Lucas: Yo también.
Mary: Excelente comienzo para una relación.
Lucas: Estamos haciéndolo increíble.
Mary: Somos profesionales.
Lucas: Claramente.
Mary soltó una pequeña risa.
Y entonces recibió otro mensaje.
Camila: Buenos días.
Mary se congeló.
Porque conocía ese tono.
Aunque fuera un mensaje.
Camila: ¿Qué hicieron ayer?
Mary: Nada.
Camila: Mary.
Mary: Fuimos a la cafetería.
Camila: Y...
Mary: Y nada.
Camila: MARY.
Mary: ¿QUÉ?
Camila: TE CONOZCO.
Mary cerró los ojos.
Porque ya sabía que estaba perdida.
Completamente perdida.
Una hora después...
Camila estaba sentada frente a ella.
Con un café en la mano.
Y una sonrisa insoportable.
—No me gusta tu cara.
Dijo Mary.
—Y a mí me encanta la tuya.
—Camila.
—Mary.
—Deja de sonreír así.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque llevo meses esperando este momento.
Mary apoyó la frente sobre la mesa.
—¿Entonces son novios?
Preguntó Camila.
Mary intentó no sonreír.
Fracasó.
Camila gritó.
Literalmente gritó.
—¡LO SABÍA!
—¡CÁLLATE!
—¡LO SABÍA!
—¡LOS VECINOS EXISTEN!
—¡NO ME IMPORTA!
Mary terminó riéndose.
Porque tenía razón.
Y porque ya no tenía sentido seguir negándolo.
Esa misma tarde recibió un mensaje de Lucas.
Lucas: Tengo una pregunta.
Mary: Eso suena peligroso.
Lucas: ¿Recuerdas que querías ir a la playa?
Mary sonrió inmediatamente.
Porque sí lo recordaba.
Había sido después de los exámenes.
Una idea lanzada al aire.
Una de tantas.
Mary: Sí.
Lucas: La idea sigue en pie.
Mary: ...
Lucas: Pensé que podríamos ir.
Mary se quedó mirando la pantalla.
Porque últimamente Lucas tenía la costumbre de recordar cosas que ella decía una sola vez.
Y eso seguía afectándole más de lo que debería.
Mary: ¿Nosotros?
Lucas: No exactamente.
Mary: ¿Quiénes?
Lucas: Tú.
Lucas: Yo.
Lucas: Camila.
Lucas: Diego.
Mary levantó una ceja.
Mary: Diego va a explotar de felicidad.
Lucas: Probablemente.
Mary: ¿Y alguien más?
Lucas: Valeria.
Mary: Perfecto.
Lucas: Y la chica con la que está saliendo.
Mary sonrió.
Ya podía imaginar el caos.
Camila molestando a Diego.
Diego intentando actuar normal.
Valeria burlándose de todos.
Y Lucas.
Sentado junto a ella.
Sin necesidad de excusas.
Sin necesidad de esconder lo que sentían.
Por primera vez.
Mary: Entonces vamos.
Lucas: Entonces vamos.
Y mientras dejaba el teléfono sobre la cama...
Mary sintió una emoción infantil.
De esas que aparecen antes de una aventura.
Porque las vacaciones acababan de empezar.
Y por alguna razón...
Tenía la sensación de que aquel viaje iba a cambiar más cosas de las que imaginaban.
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Editado: 16.07.2026