Cuando huir ya no basta

Capitulo 94- La playa

La playa

Mary llegó al punto de encuentro diez minutos antes.

Lo cual era extraño.

Muy extraño.

Porque normalmente era Lucas quien llegaba temprano.

Pero aquella mañana llevaba casi una hora despierta.

Y definitivamente no era por la playa.

No.

Definitivamente no era porque era su primera salida con Lucas después de convertirse oficialmente en pareja.

Para nada.

—Estás nerviosa.

Dijo una voz detrás de ella.

Mary cerró los ojos.

—Buenos días, Camila.

—Estás nerviosa.

Repitió.

—Buenos días, Camila.

—Nerviosa.

—Camila.

—Mary.

—Voy a empujarte al mar.

—Lo harías por amor.

—Lo haría por paz mental.

Camila soltó una carcajada.

Justo en ese momento apareció Diego.

Llevaba una mochila al hombro y una expresión de alguien que todavía no entendía cómo había terminado involucrado en aquel grupo.

—Hola.

—Hola.

Respondieron ambas.

Diego sonrió.

Y luego miró a Camila.

Solo un segundo.

Pero Mary lo notó.

Porque últimamente estaba empezando a notar muchas cosas.

—¿Qué?

Preguntó Camila.

—Nada.

Respondió Diego demasiado rápido.

Mary tuvo que contener una sonrisa.

—Interesante.

Murmuró.

—No empieces.

Dijo Diego inmediatamente.

—No he dicho nada.

—Lo estabas pensando.

—Tal vez.

Camila observó a ambos.

Confundida.

—¿Qué me estoy perdiendo?

—Nada.

Respondieron los dos al mismo tiempo.

Silencio.

—Qué sospechosos.

Antes de que pudiera investigar más...

Aparecieron Lucas y Valeria.

Y junto a Valeria estaba una chica que Mary no conocía.

Tenía el cabello oscuro.

Una sonrisa tranquila.

Y parecía bastante divertida viendo al grupo.

—Hola.

Dijo Valeria.

—Ella es Sofía.

—Mucho gusto.

Dijo Sofía.

—Mucho gusto.

Respondió Mary.

Valeria sonrió.

Y por primera vez en mucho tiempo...

Se veía realmente feliz.

Lo que hizo sonreír a Mary también.

—Bien.

Dijo Lucas.

—¿Estamos todos?

—Creo que sí.

—Perfecto.

—Entonces vámonos antes de que Camila empiece a generar problemas.

—¡Oye!

—Sabes que tengo razón.

—Tienes razón.

Admitió Diego.

Camila parecía traicionada.

El viaje estuvo lleno de conversaciones absurdas.

De música.

Y de discusiones completamente innecesarias.

Principalmente provocadas por Camila.

Cuando finalmente llegaron a la playa...

Mary sintió una sonrisa aparecer automáticamente.

El sonido de las olas.

La brisa.

La arena.

Todo se sentía diferente.

Ligero.

Libre.

—Hace calor.

Dijo Lucas.

—Hace cinco segundos llegamos.

—Y ya hace calor.

—Increíble.

—Gracias.

Mary terminó riéndose.

Pasaron la siguiente hora caminando por la orilla.

Tomando fotografías.

Y disfrutando de algo que no habían tenido en mucho tiempo.

Tiempo libre.

En algún momento Camila desapareció.

Y también Diego.

Lo cual fue sospechoso.

Extremadamente sospechoso.

—¿Dónde están?

Preguntó Mary.

Valeria levantó la vista de su libro.

—No sé.

—Eso es preocupante.

—Sí.

—¿Deberíamos buscarlos?

—No.

—¿Por qué?

Valeria sonrió.

Esa sonrisa.

La de quien sabía algo.

—Porque creo que finalmente están teniendo una conversación normal.

Mary parpadeó.

Luego parpadeó otra vez.

Y entonces entendió.

—Oh.

—Exactamente.

—OH.

Valeria asintió.

Mientras tanto...

Camila y Diego caminaban por la orilla.

En silencio.

Un silencio extraño.

No incómodo.

Solo nuevo.

—Entonces.

Dijo Diego.

—Entonces.

Respondió Camila.

—Somos muy malos conversando.

—Somos excelentes conversando.

—Cuando estamos con los demás.

—Buen punto.

Ambos terminaron riéndose.

Y la tensión disminuyó un poco.

—Oye.

Dijo Diego después de unos segundos.

—¿Sí?

—¿Te gustaría salir conmigo algún día?

Silencio.

Camila se quedó inmóvil.

Completamente inmóvil.

—¿Qué?

—Eso.

—¿Eso fue una invitación?

—Sí.

—¿Una cita?

—Sí.

—¿Voluntariamente?

—Camila.

—Solo quiero confirmar.

Diego empezó a reír.

Y por primera vez ella sintió que los nervios desaparecían.

—Sí.

Respondió finalmente.

—Me gustaría.

Y aunque ninguno de los dos lo sabía todavía...

Aquel sí iba a cambiar muchas cosas.

Más tarde, cuando el sol empezó a bajar...

Mary estaba sentada sobre una manta junto a Lucas.

Los demás hablaban cerca.

Pero por primera vez en todo el día...

Tenían un momento para ellos.

—Fue una buena idea.

Dijo Mary.

—La playa.

Aclaró.

Lucas sonrió.

—La tuya.

—Pero tú la recordaste.

—Eso también es cierto.

Mary apoyó la cabeza en su hombro.

De manera natural.

Sin pensarlo.

Y Lucas sintió que el corazón se calmaba.

Porque durante mucho tiempo había pensado que la felicidad era algo frágil.

Algo que podía desaparecer en cualquier momento.

Pero sentado allí...

Con Mary a su lado.

Con sus amigos cerca.

Con el sonido del mar de fondo.

Pensó que quizás...

Solo quizás...

Las cosas buenas también podían quedarse.




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