Cuando huir ya no basta

Capitulo 96- La peor perdedora del mundo

La peor perdedora del mundo

Mary llegó a casa de Lucas un sábado por la tarde.

Con una mochila.

Dos bolsas de snacks.

Y una confianza completamente injustificada en sus habilidades para los videojuegos.

—Hola.

Dijo al entrar.

—Hola.

Respondió Lucas desde el pasillo.

—Traje provisiones.

—¿Para una guerra?

—Para algo peor.

—¿Qué cosa?

Mary sonrió.

—Voy a destruirte en Mario Kart.

Silencio.

Lucas la observó durante varios segundos.

—Eso es adorable.

—No te burles.

—No me estoy burlando.

—Sí te estás burlando.

—Un poco.

Mary le lanzó una bolsa de papas.

Él la atrapó sin esfuerzo.

Lo cual fue molesto.

Muy molesto.

Minutos después estaban instalados en el escondite.

Su escondite.

El definitivo.

El que había reemplazado a las viejas sábanas y sillas.

Las luces cálidas seguían colgadas alrededor.

Había cojines por todas partes.

Mantas.

Libros.

Y pequeños recuerdos acumulados durante meses.

Era imposible entrar allí sin pensar en todo lo que habían vivido.

Pero hoy ninguno quería pensar demasiado.

Hoy querían divertirse.

Grave error.

Porque Mary era una persona completamente diferente cuando jugaba videojuegos.

—¡NO!

Lucas empezó a reír.

—¿Qué pasó?

—¡Me lanzaste una concha azul!

—Esa es literalmente la idea del juego.

—Eso fue un ataque personal.

—No lo fue.

—Lo fue.

—Mary.

—Lucas.

—Vas quinta.

—NO NECESITO QUE ME LO RECUERDES.

Lucas terminó doblándose de la risa.

Lo que empeoró las cosas.

Muchísimo.

Cinco minutos después.

Mary perdió otra carrera.

Y otra.

Y otra.

—Esto está arreglado.

Declaró.

—Claro.

—Hay una conspiración.

—Por supuesto.

—Todos están contra mí.

—Mario Kart entero.

—Exactamente.

Lucas negó con la cabeza.

Sonriendo.

Porque verla indignada era increíblemente divertida.

—No te rías.

—Lo siento.

—No es verdad.

—No.

Admitió.

—No es verdad.

Mary tomó un cojín.

Y se lo lanzó.

Lucas lo esquivó.

Lo cual empeoró todavía más la situación.

—Te odio.

—No es cierto.

—Ahora mismo sí.

—No durará mucho.

—¿Y tú cómo sabes?

Lucas sonrió.

Y antes de que Mary pudiera seguir protestando...

La besó.

Silencio.

Uno breve.

Pero suficiente.

Mary parpadeó.

Una vez.

Dos.

Tres.

—Eso fue manipulación.

Murmuró.

—Funcionó.

—Lucas.

—¿Sí?

—Eso fue trampa.

—Y aun así perdí menos que tú.

Mary le lanzó otro cojín.

Esta vez acertó.

Una hora después seguían exactamente igual.

Jugando.

Discutiendo.

Molestándose.

Y besándose cada cierto tiempo.

Como dos personas que todavía estaban aprendiendo cómo funcionaba aquello.

En algún momento Mary logró ganar una carrera.

Solo una.

Pero eso no importaba.

Porque inmediatamente se levantó.

Con ambos brazos en alto.

—¡VICTORIA!

—Ganaste una.

—¡VICTORIA!

—De doce.

—LOS DETALLES NO IMPORTAN.

Lucas soltó una carcajada.

Y Mary sonrió.

Porque le encantaba hacerlo reír.

Aunque jamás lo admitiría.

Más tarde dejaron los controles a un lado.

Y se acomodaron entre los cojines.

Las luces del escondite iluminaban suavemente el lugar.

Y por primera vez en toda la tarde...

Hubo silencio.

Uno tranquilo.

Cómodo.

Mary apoyó la cabeza sobre el hombro de Lucas.

Y observó las pequeñas luces sobre ellos.

—¿Sabes qué es raro?

Preguntó.

—¿Qué?

Mary sonrió levemente.

—Que este lugar empezó porque ambos estábamos pasando por momentos horribles.

Lucas siguió la dirección de su mirada.

Hacia las luces.

Hacia las mantas.

Hacia todo lo que habían construido.

—Sí.

Respondió.

—Es raro.

—Yo estaba intentando olvidar a Adrián.

—Y yo estaba intentando sobrevivir a mis propias pesadillas.

Silencio.

—Y ahora mira esto.

Dijo Mary.

Lucas sonrió.

Porque tenía razón.

Meses atrás ninguno habría imaginado llegar hasta allí.

—¿Sabes algo?

Dijo él.

—¿Qué?

—Este es mi lugar favorito.

Mary levantó la vista.

—¿El escondite?

—Sí.

—¿Por qué?

Lucas la observó durante unos segundos.

Y la respuesta salió tan natural que ni siquiera tuvo que pensarla.

—Porque tú estás aquí.

Mary sintió que el corazón daba un pequeño salto.

Incluso después de todo.

Incluso después de la confesión.

Lucas seguía teniendo ese efecto sobre ella.

—Eso fue muy cursi.

Murmuró.

—Lo sé.

—Muchísimo.

—Lo sé.

—Bien.

Lucas sonrió.

—Bien.

Mary se acercó.

Y lo besó esta vez.

Solo porque quiso.

Solo porque podía.

Y porque después de todo lo que habían pasado...

Le gustaba la idea de quedarse allí un poco más.

En su escondite.

Con su persona favorita.

Sin pensar en el pasado.

Sin preocuparse por el futuro.

Simplemente felices.




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