—¿Por qué estoy nervioso?
Preguntó Lucas por tercera vez.
—Porque eres raro.
Respondió Mary.
—Gracias.
—De nada.
Lucas suspiró.
Porque aquello era injusto.
Muy injusto.
Había sobrevivido a exámenes finales.
A exposiciones.
A entrevistas.
Y hasta a Camila.
Pero de alguna manera...
Ir a almorzar a casa de Mary con su padre le parecía mucho más aterrador.
—Todo saldrá bien.
Dijo su padre.
—Eso no ayuda.
—Lo intenté.
—Y fallaste.
Mary estaba riéndose.
Lo que tampoco ayudaba.
Cuando llegaron a la casa, la puerta se abrió antes de que tocaran.
Por supuesto.
—¡Llegaron!
La abuela de Mary.
Porque nadie era más rápida cuando había visitas.
—Hola, señora.
Dijo Lucas.
La mujer cruzó los brazos.
—¿Señora?
Lucas ya supo que había cometido un error.
—Después de tantos años todavía me dices señora.
—Lo siento.
—Abuela.
Lucas parpadeó.
—¿Qué?
—Abuela.
Repitió ella.
—Todos me dicen abuela.
Mary ya estaba escondiendo la cara de la vergüenza.
—Hola, abuela.
La sonrisa apareció inmediatamente.
—Mucho mejor.
Pocos minutos después todos estaban reunidos alrededor de la mesa.
La mamá de Mary.
La abuela.
Lucas.
El padre de Lucas.
Y Mary.
La comida olía increíble.
La conversación fluía sola.
Y por primera vez desde que llegaron...
Lucas comenzó a relajarse.
Hasta que la abuela decidió causar problemas.
—¿Sabían que Mary se perdió en un supermercado cuando tenía cinco años?
—ABUELA.
—¿Qué?
—No.
—Sí.
El padre de Lucas ya estaba sonriendo.
Interesado.
Muy interesado.
—Estuvimos buscándola casi una hora.
—Fueron quince minutos.
Corrigió la mamá de Mary.
—Para mí fue una hora.
—¿Y dónde estaba?
Preguntó Lucas.
La abuela señaló a Mary.
—Comiendo muestras gratis.
Silencio.
Lucas comenzó a reír.
—Eso tiene sentido.
—¡No tenía cinco años!
—Precisamente por eso es peor.
Mary parecía ofendida.
Todos los demás parecían divertidos.
—Bueno.
Dijo el padre de Lucas.
—Ya que estamos contando historias.
Lucas cerró los ojos.
Porque reconoció ese tono.
—No.
—Sí.
—Papá.
—Lucas tenía siete años cuando decidió esconderse debajo de una mesa.
Mary levantó una ceja.
—¿Por qué?
—Porque le tocaba una vacuna.
Mary explotó en carcajadas.
—¡No!
—Sí.
—¡Lucas!
—Era una vacuna enorme.
—Era normal.
Respondió su padre.
—Era enorme.
—Normal.
—Gigante.
—Normal.
La mesa completa terminó riéndose.
Incluso Lucas.
Aunque estaba perdiendo la batalla.
—¿Sabes qué es lo peor?
Dijo Mary.
—¿Qué?
—Que puedo imaginarlo perfectamente.
—Traidora.
—Absolutamente.
Las historias continuaron.
Algunas sobre Mary.
Algunas sobre Lucas.
Y otras sobre cuando eran niños.
Antes de que la vida se complicara.
Antes de las pérdidas.
Antes de las despedidas.
Solo dos niños.
Corriendo por todas partes.
Y mientras escuchaba a los adultos hablar...
Lucas se encontró observando la mesa.
Las risas.
Las interrupciones.
Las discusiones absurdas.
La abuela intentando servir comida por quinta vez.
Mary intentando detenerla.
Y fracasando.
Se sentía bien.
Extrañamente bien.
Más tarde, mientras ayudaban a recoger algunas cosas en la cocina...
La mamá de Mary se acercó a él.
—Gracias.
Dijo de repente.
Lucas levantó la vista.
—¿Por qué?
Ella sonrió.
Y miró hacia la sala.
Donde Mary estaba discutiendo con su abuela sobre si realmente necesitaban llevarse tres recipientes de comida.
—Porque volvió a ser ella misma.
Lucas permaneció en silencio.
—Después de Adrián le tomó tiempo volver a sonreír así.
—...
—Y tú estuviste ahí.
Lucas bajó la mirada.
Porque la verdad era que Mary también había estado ahí para él.
Cada vez que lo necesitó.
—Ella también me ayudó.
Respondió.
La mamá de Mary sonrió.
Como si ya lo supiera.
Porque probablemente lo sabía.
Cuando finalmente llegó la hora de irse...
La abuela insistió en entregar comida para todos.
Nadie logró detenerla.
Como siempre.
Y mientras caminaban hacia la puerta...
Mary tomó la mano de Lucas.
De forma natural.
Como si siempre hubiera pertenecido allí.
Lucas observó una vez más la casa.
Las luces.
Las voces.
Las risas.
La sensación de hogar.
Y por primera vez en mucho tiempo...
No se sintió como un invitado.
Se sintió parte de algo.
Y esa sensación valía más de lo que podía explicar.
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Editado: 16.07.2026