Cuando huir ya no basta

Capitulo 98- Planes pequeños

Planes pequeños

Las vacaciones estaban llegando a su fin.

Y Mary no estaba lista para aceptarlo.

—Es una conspiración.

Declaró mientras caminaba por una librería.

—¿Qué cosa?

Preguntó Lucas.

—El tiempo.

—Creo que así no funciona.

—¿Y tú qué sabes?

—Lo suficiente para afirmar que no existe una organización secreta acelerando las vacaciones.

—Eso es exactamente lo que diría alguien involucrado.

Lucas soltó una carcajada.

Y Mary decidió que aquella era una victoria.

Habían salido a comprar algunas cosas para el siguiente semestre.

Cuadernos.

Lapiceros.

Resaltadores.

Todo aquello que juraban organizar mejor cada ciclo.

Y que inevitablemente terminaba convertido en caos.

—Necesitas este.

Dijo Mary tomando un cuaderno azul.

—Ya tengo uno.

—Pero este es bonito.

—¿Esa es tu única razón?

—Es una razón excelente.

Lucas negó con la cabeza.

Pero terminó comprándolo.

Porque discutir era inútil.

Y porque, en el fondo, le gustaba verla emocionarse por cosas pequeñas.

Cuando terminaron las compras, fueron a sentarse a una cafetería cercana.

No la cafetería de la confesión.

Pero una bastante buena.

Con aire acondicionado.

Lo cual Mary consideraba una característica fundamental.

—Tengo una pregunta.

Dijo ella después de unos minutos.

—Eso nunca termina bien.

—¿Dónde te ves en cinco años?

Lucas parpadeó.

—¿Qué?

—Responde.

—¿Por qué?

—Porque tengo curiosidad.

Lucas tomó un sorbo de café.

Pensando.

—Supongo que trabajando.

—Muy específico.

—Intentándolo otra vez.

—Lucas.

Él sonrió.

Y finalmente respondió en serio.

—Me gustaría tener un trabajo que me guste.

—Ajá.

—Un lugar tranquilo.

—Ajá.

—No estar peleando conmigo mismo todo el tiempo.

Mary bajó la mirada.

Porque entendió exactamente a qué se refería.

Y porque se alegró de notar algo.

Antes Lucas nunca habría hablado del futuro.

No realmente.

—Eso suena bien.

Dijo.

—¿Y tú?

Mary sonrió.

—Quiero graduarme.

—Objetivo ambicioso.

—Extremadamente.

—¿Algo más?

Ella apoyó el mentón sobre la mano.

Pensando.

—Quiero viajar.

—¿A dónde?

—A muchos lugares.

—Respuesta evasiva.

—Italia.

—Eso es más específico.

—Y Japón.

—Ajá.

—Y volver a la playa.

Lucas sonrió.

—La playa es más fácil.

—Perfecto.

—Podemos empezar por ahí.

Mary levantó la vista.

Y por un segundo se quedó observándolo.

Porque la frase había salido tan natural.

Tan sencilla.

Como si fuera obvio.

Podemos.

No "puedes".

No "yo puedo".

Podemos.

Como si él ya la incluyera en sus planes.

Y quizás era exactamente eso.

—¿Sabes?

Dijo ella.

—¿Qué?

—Hace un año no habría imaginado nada de esto.

Lucas asintió.

Porque él tampoco.

Hace un año estaba perdido.

Asustado.

Intentando sobrevivir.

Y ahora estaba allí.

Tomando café.

Haciendo planes.

Con Mary.

—Yo tampoco.

Admitió.

El silencio que siguió fue cómodo.

Uno de esos silencios que solo existen cuando ya no necesitas llenar cada espacio con palabras.

—¿Te arrepientes de algo?

Preguntó Mary de repente.

Lucas pensó unos segundos.

Muchos segundos.

—Sí.

Respondió finalmente.

Mary lo observó.

Esperando.

—De no haber hablado contigo antes cuando volvimos a encontrarnos.

Ella parpadeó.

Sorprendida.

—¿Qué?

Lucas sonrió.

—Perdimos tiempo.

Mary sintió que el corazón daba un pequeño salto.

—Bueno.

Dijo intentando sonar despreocupada.

—Ahora me tienes que soportar todos los días.

—Ese parece un castigo razonable.

—Lucas.

—Mary.

Ella terminó riéndose.

Y por primera vez en mucho tiempo...

El futuro no parecía algo aterrador.

No parecía incierto.

No parecía imposible.

Parecía algo que podían construir.

Poco a poco.

Juntos.




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