—¡ALMA DEL CARMEN!
Alma cerró los ojos.
No.
Esa voz la conocía demasiado bien.
Giró lentamente la cabeza y allí estaba su mejor amiga, Sofía, con las manos en la cintura, el cabello un poco despeinado y una expresión que anunciaba problemas.
—¿Tú sabes la caminata que me diste?
Toda la cafetería volteó a mirarlas.
Alma sonrió con nervios.
—Je... hola.
—¡No me "je, hola"! ¡Te dejé mirando unos macarons por cinco minutos y cuando volteé ya tú habías desaparecido!
Alma levantó un dedo.
—Tengo una explicación.
—¿Una explicación?
Sofía señaló a Lorenzo, que observaba la escena sin entender una sola palabra.
—¿La explicación mide casi dos metros, tiene el pelo largo y parece protagonista de una película italiana?
Alma tosió.
—Bueno...
—¡Ay, Dios mío! ¡Sí era por un hombre!
Lorenzo alternaba la mirada entre una y otra como si estuviera viendo un partido de tenis.
No entendía nada.
Pero por el tono de voz de Sofía, intuía que Alma estaba siendo regañada.
Alma tomó el teléfono y escribió a toda velocidad.
La aplicación tradujo al italiano:
—"Ella es mi mejor amiga. Está enfadada porque desaparecí mientras te escuchaba tocar."
Lorenzo leyó y no pudo evitar sonreír con culpa.
Se levantó de inmediato.
Puso una mano sobre su pecho e hizo una pequeña inclinación.
—Piacere... Lorenzo.
Sofía lo miró de arriba abajo.
Después miró a Alma.
Luego volvió a mirar a Lorenzo.
—...Con razón se te olvidó que existía.
Alma abrió mucho los ojos.
—¡Sofía!
—¿Qué? Estoy diciendo la verdad.
La dominicana bufó.
—Perdónala, ella nació dramática.
—¡Y tú naciste sin sentido de orientación!
Lorenzo las observaba divertido.
No entendía las palabras, pero sí la dinámica.
Era imposible no notar que se querían como hermanas.
Alma volvió a escribir.
La voz robótica dijo:
—"Dice que soy mala amiga porque me fui contigo."
Lorenzo abrió los ojos con sorpresa.
Negó enseguida con la cabeza.
Escribió algo.
La aplicación habló en español.
—"No fue su culpa. Yo seguí tocando porque ella cantaba. Perdón si causé un problema."
Sofía dejó de fruncir el ceño.
Miró la pantalla.
Después lo miró a él.
Y su expresión cambió por completo.
—¡Ay, pero es educado!
Alma soltó una carcajada.
—¿Viste? Hace cinco segundos querías matarlo.
—Bueno... es que ahora me dio pena.
Lorenzo no entendía nada, pero al verlas reír también terminó riéndose.
Sofía suspiró resignada.
—Está bien.
Se acercó a Alma y le dio un golpecito en el brazo.
—Te perdono...
Pero la próxima vez me avisas antes de irte a protagonizar una película romántica con un italiano.
Alma escondió la cara entre las manos.
—¡No estamos protagonizando nada!
Sofía arqueó una ceja.
—Ajá...
Se volvió hacia Lorenzo y, usando el poco inglés que conocía, dijo con una enorme sonrisa:
—Take care of my friend... she talks... a lot.
Lorenzo entendió perfectamente.
Miró a Alma, que seguía avergonzada.
Después respondió con una sonrisa cálida.
—I know...
Hizo una pequeña pausa.
—...I like it.
Alma levantó la cabeza de golpe.
—¿Qué dijo?
Sofía sonrió con esa expresión traviesa que solo tienen las mejores amigas cuando descubren algo antes que la protagonista.
—Nada...
Le dio un codazo.
—Solo dijo que le gusta que hables tanto.
El corazón de Alma dio un pequeño vuelco.
Y Lorenzo, sin saber que acababa de sonrojar a una dominicana incapaz de quedarse callada, volvió a sonreír como si aquella tarde hubiera encontrado mucho más que una cantante improvisada. Había encontrado una compañía que hacía que el mundo sonara un poco más alegre.