Cuando Italia Bailo Merengue

Capítulo 16

Perdidos en la traducción

La fogata crepitaba con suavidad.

Las llamas iluminaban los rostros de los doce mientras el mar seguía rompiendo contra la orilla con la misma tranquilidad de siempre.

Alma acomodaba unos malvaviscos sobre unas ramas largas.

Sofía discutía con Marco porque él insistía en que un malvavisco quemado "tenía más personalidad".

Riccardo y Valeria seguían con el eterno debate sobre el café.

Y Lorenzo...

Lorenzo no dejaba de pensar en una frase.

"Hermano... no encontramos novias. Encontramos un equipo de supervivencia."

Sonrió para sí.

Negó con la cabeza.

Y, sin darse cuenta de que no estaban solos, miró a Marco.

Sai una cosa...?

Marco levantó la vista.

—Dimmi.

Lorenzo volvió a mirar a Alma, que en ese momento intentaba convencer al flamenco inflable de que también merecía un malvavisco.

Era imposible no sonreír.

Entonces dijo, completamente relajado:

Forse hai ragione... non abbiamo trovato delle fidanzate... abbiamo trovato una squadra di sopravvivenza.

(Quizá tienes razón... no encontramos novias... encontramos un equipo de supervivencia.)

Marco soltó una carcajada.

—¡Lo sabía!

Los demás italianos comenzaron a reír.

Hasta ahí...

Todo iba perfectamente.

Hasta que una voz habló detrás de ellos.

En un italiano sorprendentemente fluido.

Scusate...

Los seis giraron al mismo tiempo.

Lucía estaba de pie, con los brazos cruzados y una sonrisa peligrosamente divertida.

Quando siamo diventate le vostre fidanzate?

(Disculpen... ¿y en qué momento nos convertimos en sus novias?)

Silencio.

Absoluto.

Marco abrió la boca.

Lorenzo parpadeó.

Enzo casi dejó caer el malvavisco al fuego.

Riccardo murmuró muy despacio:

—...Estamos muertos.

Lucía disfrutó cada segundo del silencio.

Después habló en español, mirando a las demás.

—Muchachas...

Tengo una noticia.

Las cinco levantaron la cabeza.

—¿Qué pasó?

Lucía sonrió con una calma sospechosa.

—Al parecer...

Los italianos creen que somos sus novias.

Cinco segundos.

Nadie reaccionó.

Hasta que...

—¡¡¿QUÉ?!!

Las cinco hablaron al mismo tiempo.

Alma giró tan rápido que casi dejó caer los malvaviscos.

—¡¿Cómo que novias?!

Sofía miró directamente a Marco.

—¡¿Tú dijiste eso?!

Marco levantó ambas manos.

—¡No!

Lucía señaló a Lorenzo con una sonrisa inocente.

—Él.

Los ojos de Alma fueron lentamente hacia Lorenzo.

Él seguía completamente congelado.

Como un venado sorprendido por las luces de un automóvil.

Lucía continuó, disfrutando el caos.

—Bueno...

En realidad dijo...

Que no habían encontrado novias.

Que habían encontrado un equipo de supervivencia.

Silencio otra vez.

Alma parpadeó.

Una.

Dos veces.

Luego caminó despacito hasta quedar frente a Lorenzo.

Él tragó saliva.

Ella levantó una ceja.

—¿Ah, sí?

Lorenzo abrió la boca.

No salió ningún sonido.

Buscó desesperadamente el teléfono para usar el traductor.

Pero Marco fue más rápido.

—¡Objeción!

Todos lo miraron.

Se puso de pie como si fuera un abogado en pleno juicio.

—¡La traducción está siendo sacada de contexto!

Lucía comenzó a reír.




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