Cuando Italia Bailo Merengue

Capitulo 18

Verdad o reto

La fogata seguía ardiendo.

El mar traía una brisa fresca que hacía bailar las llamas mientras los doce descansaban sobre las mantas.

Los malvaviscos habían desaparecido.

El carbón de los intentos fallidos de los italianos también.

Y, por primera vez desde que llegaron a la playa...

Hubo silencio.

Cinco segundos.

Diez.

Hasta que Marco se incorporó de golpe.

Tenía esa sonrisa.

La sonrisa que anunciaba problemas.

—Tengo una idea.

Los once lo miraron al mismo tiempo.

Sofía suspiró.

—Ya empezó.

Marco levantó una botella de refresco vacía.

—Verdad o reto.

Alma abrió los ojos.

—¡Ay, sí!

Lucía comenzó a aplaudir.

—¡Eso se va a poner bueno!

Lorenzo miró a Marco.

Después la botella.

Luego a Lucía.

Y finalmente escribió en el traductor.

"¿Qué tan mala idea es esto?"

Lucía leyó.

Sonrió con demasiada tranquilidad.

—Muchísimo.

Lorenzo tragó saliva.

"¿Debería preocuparme?"

—Sí.

"¿Mucho?"

Lucía sonrió todavía más.

—Muchísimo.

Los italianos intercambiaron miradas.

Enzo habló bajito.

—Tengo miedo.

Marco dio un aplauso.

—¡Reglas!

Todos formaron un círculo alrededor de la fogata.

La botella quedó en el centro.

—Nada de preguntas imposibles.

Nada peligroso.

Y nada de retos que puedan mandar a alguien al hospital.

Camila levantó un dedo.

—Eso va para ti, Marco.

—¿Por qué todos creen que soy el problema?

Las once voces respondieron al mismo tiempo.

—¡Porque lo eres!

Marco se llevó una mano al pecho.

—Qué falta de confianza.

Todos rieron.

Alma tomó la botella.

—Como fui la que encontró al italiano...

Empiezo yo.

Giró la botella.

Todos siguieron el movimiento.

La botella dio una vuelta.

Dos.

Tres.

Se fue frenando lentamente.

Hasta detenerse frente a...

Marco.

Sofía soltó una carcajada.

—El destino es sabio.

Marco hizo una reverencia exagerada.

—Disparen.

Alma sonrió con una malicia que nadie le conocía.

—¿Verdad o reto?

—Verdad.

—Cobarde.

—Inteligente.

Toda la rueda se rió.

Alma fingió pensar.

—A ver...

¿Cuántas veces te has enamorado de verdad?

Los amigos italianos dejaron de sonreír.

Todos miraron a Marco.

Él rascó su barba.

Pensó unos segundos.

Y respondió con sinceridad.

—Una.

Silencio.

Sofía dejó de sonreír.

No esperaba una respuesta tan seria.

Marco continuó.

—Tenía diecinueve años.

Duró cuatro años.

No funcionó.

Pero aprendí mucho.

La fogata crepitó suavemente.

Alma sonrió con dulzura.

—Buena respuesta.

Marco levantó la botella.

—Mi turno.

La hizo girar.

Todos observaban atentos.

La botella comenzó a perder velocidad.

Y terminó apuntando...

...a Sofía.

—¡Ay, Dios mío!

Marco sonrió.

—¿Verdad o reto?

Sofía cruzó los brazos.

—Reto.

Las seis amigas gritaron.

—¡Eso!

Marco fingió pensar.

—Muy bien.

Tu reto...

Miró a Lorenzo.

Después a Alma.

Y una idea traviesa apareció en su cabeza.

—Es enseñarle a Lorenzo una frase en español...

Pero sin decirle qué significa.

Las chicas comenzaron a reír incluso antes de que Sofía aceptara.

—Acepto.

Lorenzo arqueó una ceja.

No le gustaba nada esa expresión.

Sofía respiró hondo.

Se acercó a él.

Y dijo despacito:

—Repite conmigo.

Lorenzo obedeció.

—Está...

Sofía asintió.

—Está.

—...como...

—Como.

—...un...

—Un.

—...mangú...

Los dominicanos ya estaban doblados de la risa.

Lorenzo continuó, completamente serio.

—...con...

—Con.

—...los...

—Los.

—...tres...

—Tres.

—...golpes.

La playa explotó.

Marco cayó de espaldas sobre la arena.

Enzo ya no podía respirar.

Riccardo tenía lágrimas en los ojos.

Hasta Lucía tuvo que abrazarse el estómago de tanto reír.

Lorenzo miró alrededor completamente confundido.

Escribió rápidamente en el traductor.

"¿Qué acabo de decir?"

Alma intentó responder.

No pudo.

Se reía demasiado.

Camila logró tomar el teléfono.

Escribió.

La traducción apareció.

"Dijiste que alguien está tan atractivo como un mangú con los tres golpes."

Lorenzo leyó.

Parpadeó.

Volvió a leer.

Después miró a Alma.

Ella seguía riéndose con las mejillas completamente rojas.

Él sonrió.

"Entonces..."

Escribió despacio.

"¿Eso fue un cumplido?"

Alma asintió entre risas.

—¡El mejor cumplido dominicano!

Marco levantó el pulgar.

—Hermano...

Ya eres oficialmente medio dominicano.

Lorenzo negó con una sonrisa.

Jamás imaginó que una simple frase sobre un plato de comida pudiera provocar semejante reacción.

Pero si había aprendido algo ese día...

Era que, cuando había dominicanos cerca...

Siempre era mejor prepararse para lo inesperado.

Y la botella...

Apenas estaba comenzando a girar.




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