En su casa, el silencio no era ausencia de ruido, sino una forma de lenguaje. Se heredaba como se heredan los gestos y las costumbres.
Lucía aprendió pronto que preguntar demasiado podía incomodar y que insistir era una forma de estorbar.
Los problemas no se discutían; se escondían detrás de rutinas. Ella aprendió a leer miradas cansadas, pasos lentos, suspiros largos.
silencio la hacía más atenta, más responsable, más adulta.Con el tiempo, dejó de expresar lo que sentía.
Guardó sus emociones en un lugar seguro, creyendo que así protegía a los demás, sin notar que se estaba abandonando a sí misma...