Cuando la infancia se acorta

Capítulo 8 – El parque ajeno

El parque dejó de ser un lugar propio.

Lucía se paraba en el borde del columpio, observando a otros niños correr y reír sin preocupaciones.

No sentía envidia, sino un reconocimiento silencioso: ese pudo haber sido ella, ese pudo haber sido su mundo.

A veces, el viento le traía recuerdos de su propia infancia, fragmentos de risas que apenas alcanzaba a recordar.

La tristeza no era un golpe fuerte, sino un murmullo constante, como un río que corre bajo la superficie de su pecho.

Sentada en la banca, cerraba los ojos y dejaba que las hojas cayesen a su alrededor, imaginando que cada risa, cada juego, era un regalo que la vida había decidido darle demasiado tarde.

Y aunque deseaba unirse, sabía que esos momentos nunca serían realmente suyos...



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En el texto hay: novela reflexiva y poetica

Editado: 16.02.2026

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