La nostalgia se quedó a vivir con ellos, silenciosa pero persistente.
Aparecía en canciones, en risas ajenas, en tardes tranquilas que sabían demasiado a infancia perdida.
No era solo tristeza; también era amor hacia lo que nunca pudieron vivir.
Cada recuerdo perdido era un hilo que los conectaba con un pasado que los moldeó, aunque no siempre lo reconocieran.
Aprendieron a no rechazarla, a abrazarla, a permitir que esa nostalgia fuese parte de su historia, un dolor que también enseñaba ternura.