Cuando la Luna no Mira

Capitulo 4

Ethan no apartó la mirada de la mía.

Era incómodo.

No...

Era mucho peor que eso.

Era como si pudiera leer cada pensamiento que cruzaba por mi cabeza.

—Vení conmigo.

No fue una invitación.

Fue una orden dicha con una calma inquietante.

Fruncí el ceño.

—No.

Ni siquiera lo pensé.

La respuesta salió sola.

Por un instante algo cambió en su expresión.

Fue apenas un destello.

Sorpresa.

Como si jamás hubiera contemplado la posibilidad de que alguien le negara algo.

—Necesitamos hablar.

—Vos necesitás hablar. Yo no.

—Lia...

Pronunció mi nombre despacio.

Demasiado despacio.

Sentí un escalofrío recorrerme los brazos.

¿Cómo podía hacer que una sola palabra sonara como si la hubiera repetido toda su vida?

Di un paso hacia atrás.

Sin darme cuenta terminé chocando apenas con el pecho de John.

Él reaccionó al instante.

Se adelantó medio paso, suficiente para quedar entre Ethan y yo.

No fue un gesto exagerado.

Pero sí muy claro.

—Escuchaste lo que dijo.

No quiere ir.

Los ojos azules de Ethan abandonaron mi rostro por primera vez.

Se clavaron en John.

Lo observó de arriba abajo.

Alto.

Atlético.

Espalda ancha.

La postura de alguien acostumbrado al contacto físico.

Después sonrió.

Una sonrisa apenas visible.

Casi burlona.

—Ahora entiendo...

John arqueó una ceja.

—¿Qué cosa?

—Vos sos el primo de Gretel.

El silencio duró unos segundos.

John frunció el ceño.

—¿Cómo sabés eso?

—Te vi una vez.

—Yo nunca te vi a vos.

—No esperaba que lo hicieras.

La forma en que respondió hizo que hasta yo sintiera un nudo en el estómago.

Miré a uno.

Después al otro.

—¿Alguien me explica qué está pasando?

Nadie respondió.

Era como si hubieran olvidado completamente que yo seguía ahí.

John cruzó los brazos.

—¿Quién sos?

—Ethan.

—Eso ya lo escuché.

Pregunté quién sos.

La mandíbula de Ethan se tensó apenas.

—No importa.

—Para mí sí.

Si aparecés de la nada llevándote a una amiga, claro que importa.

Los ojos de Ethan volvieron hacia mí.

"Una amiga."

Repitió esas palabras en voz baja.

Como si le resultaran absurdas.

Después negó con una sonrisa casi imperceptible.

—No tenés idea de quién es ella.

John dio otro paso.

—Y vos sí, ¿no?

No hubo respuesta.

Solo silencio.

Uno pesado.

De esos que parecen llenar todo el aire.

Ethan volvió a hablarme ignorando por completo a John.

—Lia.

Vení conmigo.

Solo diez minutos.

Después decidís lo que quieras.

No entendía por qué.

No entendía quién era.

Pero algo dentro mío...

Algo completamente irracional...

Quería seguirlo.

Era apenas un impulso.

Una voz diminuta diciéndome que confiara.

Sacudí la cabeza.

No.

Era un desconocido.

No podía estar pensando semejante locura.

—No voy a ir.

Las palabras salieron más firmes de lo que esperaba.

Vi cómo algo se quebraba en los ojos de Ethan.

No era enojo.

Era decepción.

Una profunda.

Dolorosa.

Casi física.

Respiró hondo, cerrando los ojos apenas un segundo.

Cuando volvió a abrirlos, el azul era mucho más frío.

—Entiendo.

John apoyó una mano con suavidad sobre mi espalda.

Un gesto protector.

Instintivo.

Ethan bajó la vista hasta esa mano.

Por primera vez desde que había aparecido, la tranquilidad desapareció.

No hizo falta que hablara.

Todo su cuerpo cambió.

Los músculos de la mandíbula se marcaron.

Los puños se cerraron.

La mirada se volvió dura.

Muy dura.

John lo notó.

No retiró la mano.

Al contrario.

La deslizó apenas hasta rodear mi cintura.

No era una caricia.

Era una declaración.

Ella está conmigo.

Ethan levantó lentamente la vista.

—Sacá la mano.

La voz seguía siendo tranquila.

Pero había algo debajo.

Algo salvaje.

John soltó una risa seca.

—¿Y si no quiero?

Los dos quedaron frente a frente.

Ethan era varios centímetros más alto.

Los tatuajes que nacían en su cuello desaparecían bajo la manga negra de la camisa y reaparecían en sus antebrazos hasta perderse en las muñecas.

No parecía un hombre.

Parecía un depredador esperando que alguien cometiera un error.

Y, sin embargo...

John no retrocedió.

Jamás.

Sostuvo la mirada con la misma intensidad.

Yo podía sentir la tensión entre ambos.

Era tan densa que parecía cortar el aire.

—No sabés con quién te estás metiendo —dijo Ethan en un murmullo.

John sonrió de lado.

—Vos tampoco.

Los ojos de Ethan brillaron apenas.

Como si aquella respuesta hubiera despertado un interés inesperado.

Después volvió a mirarme.

Y toda la dureza desapareció.

—No era hoy...

Murmuró casi para sí mismo.

—Pero iba a encontrarte igual.

Retrocedió un paso.

Luego otro.

—Nos vamos a volver a ver, Lia.

Y cuando ese momento llegue...

Espero que todavía estés a tiempo de elegir.

Se dio media vuelta y comenzó a alejarse.

Yo seguí mirándolo hasta que desapareció entre la gente.

No entendía por qué.

Pero verlo irse me dejó una sensación extraña.

Como si hubiera rechazado algo que llevaba esperándome desde mucho antes de que yo naciera.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

La música de la fiesta seguía sonando detrás nuestro, pero parecía lejana, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo.

John fue el primero en romper el silencio.

—Qué tipo raro...

Asentí sin apartar la vista del lugar por donde Ethan había desaparecido.




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