Cuando la Luna no Mira

Capitulo 11

El aire olía mal.

No era el aroma húmedo del bosque después del amanecer.

Era otra cosa.

Más densa.

Más vieja.

Ethan caminaba entre los árboles con paso firme mientras sus ojos recorrían el suelo cubierto de hojas secas. Detrás de él avanzaban Bastian y dos centinelas de la manada.

Nadie hablaba.

El silencio era suficiente para entender que algo no estaba bien.

Uno de los centinelas se agachó junto a un tronco caído.

—Aquí.

Ethan se acercó.

Sobre la tierra había un círculo ennegrecido. Restos de cera derretida, hierbas consumidas por el fuego y un extraño polvo plateado formaban un dibujo casi borrado por el rocío.

No era obra de un lobo.

—¿Cuánto hace? —preguntó Ethan sin apartar la vista del suelo.

—Unas horas. No más de doce.

Bastian se cruzó de brazos.

—No hay señales de pelea.

—Porque no vino a pelear.

Ethan pasó la mano por encima del círculo sin tocarlo.

Su lobo se removió inquieto.

Aquello desprendía una energía desagradable.

Fría.

Vacía.

Como si alguien hubiera intentado abrir una puerta que no debía existir.

Uno de los centinelas respiró hondo antes de hablar.

—Encontramos rastros hasta el límite norte.

—¿Y?

—Después desaparecen.

—¿Desaparecen?

El hombre asintió.

—Como si nunca hubiera estado ahí.

Bastian intercambió una mirada con Ethan.

No hacía falta decirlo.

Los dos estaban pensando lo mismo.

—Una bruja... —murmuró Ethan.

Ninguno discutió esa conclusión.

Solo una bruja podía ocultar un rastro de esa manera.

Solo una bruja dejaba aquel tipo de marcas.

Solo una bruja era capaz de atravesar la frontera de una manada sin ser vista.

Ethan volvió a observar el círculo.

Entonces recordó el extraño escalofrío del día anterior.

Aquella sensación que había detenido sus pasos en medio del bosque.

No había sido una imaginación.

Algo realmente había despertado.

Y alguien más también lo había sentido.

—¿Creés que buscaba algo? —preguntó Bastian.

Ethan tardó unos segundos en responder.

—No.

Levantó la vista hacia el bosque.

—Estoy seguro de que buscaba a alguien.

El viento agitó las copas de los árboles.

Por un instante, el bosque pareció contener la respiración.

Ethan tomó una decisión.

—Necesito que vayas a ver a William.

Bastian arqueó una ceja.

—¿Los Lanford?

—Sí.

—¿Creés que tiene relación?

—William conoce este bosque mejor que cualquiera y sabe como llevar estas cosas mejor que nosotros. Si alguien puede decirnos qué pasó aquí... es él. nunca nos hemos enfrentado a una antes.

Bastian asintió sin hacer más preguntas.

Confiaba en el juicio de su Alfa.

Ethan volvió a mirar el círculo ennegrecido.

Había algo que no terminaba de encajar.

Si aquella bruja había cruzado la frontera...

¿Por qué se había marchado con las manos vacías?
___________________________________________________________________________________

El golpe en la puerta resonó poco después del desayuno.

William agarro lentamente la taza de la mesa.

No necesitó mirar por la ventana.

Ya sabía quién era.

Margaret levantó la vista.

—¿Lo esperabas?

William tardó unos segundos en responder.

—Esperaba que alguien viniera.

Abrió la puerta.

Bastian permanecía de pie en el porche.

—Buenos días, William.

—Entrá.

No hubo sorpresa.

Eso llamó la atención de Bastian.

Era como si el viejo Beta hubiera sabido que esa visita ocurriría.

Una vez dentro, Margaret les sirvió café y se retiró discretamente a la cocina, aunque sin alejarse del todo. También quería escuchar.

Bastian fue directo al punto.

—Anoche encontramos señales de un ingreso no autorizado.

William no reaccionó.

Solo sostuvo la taza entre las manos.

—¿Un cazador?

—No.

Bastian negó con la cabeza.

—Una bruja.

Por primera vez, William levantó la mirada.

Silencio.

—¿Qué quería?

—Eso intentamos averiguar.

Bastian hizo una breve pausa.

—Nuestros rastreadores creen que buscaba una fuente de poder.

La taza tembló apenas entre los dedos de William.

Una gota de café cayó sobre la mesa de madera.

Tan pequeña que cualquiera la habría pasado por alto.

Cualquiera...

Excepto Bastian.

William apoyó lentamente la taza.

—¿Encontraron esa fuente?

—No.

—Entonces todavía está oculta.

Bastian frunció el ceño.

—¿Cómo lo sabés?

William sonrió con cansancio.

—Porque si la hubiera encontrado... hoy no estaríamos tomando café.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Bastian comprendió que el anciano sabía mucho más de lo que estaba dispuesto a contar.

Y William comprendió otra cosa.

El tiempo que había dedicado a proteger a Lia acababa de empezar a agotarse.
____________________________________________________________________________________

El rugido del motor se perdió entre los árboles mientras la camioneta avanzaba por el camino de tierra.

William observaba el bosque a través de la ventanilla sin decir una sola palabra.

Bastian conducía en silencio.

Habían recorrido ese camino cientos de veces años atrás, cuando William aún era el Beta de la manada.

Ahora todo parecía distinto.

Más oscuro.

Más pesado.

El aire mismo parecía contener la respiración.

La camioneta se detuvo frente al enorme arco de piedra que marcaba el ingreso al territorio principal.

Dos centinelas saludaron a Bastian antes de abrir el portón.

William descendió lentamente.

Apenas cruzó el límite...

Se detuvo.

No fue un dolor.

Ni un mareo.

Fue una presión.

Invisible.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.