Cuando la niebla se disipa

Capítulo 4

El resto de la semana pasó rápido. Naya había estado angustiada desde su conversación con Kai, pese a que Eli le había dicho que iba a ser poca gente. Sentía que desde que había llegado a Northenville lo único que hacía era darle demasiadas vueltas a todo. Quería conocer a gente nueva, seguir con su vida, pero la sombra de Ethan siempre estaba ahí.

Miró el reloj, todavía quedaban unas cuantas horas hasta que empezara a llegar la gente, así que Naya salió por la ventana y se sentó en el tejado del porche trasero. Estaba empezando a atardecer, los colores que se filtraban entre los árboles eran algo que la relajaba y si hubiera tenido más tiempo los estaría pintando. Los atardeceres siempre le habían gustado. En la ciudad le gustaba sentarse en la azotea con Ethan y ver como el sol se escondía entre los edificios y la ciudad se quedaba en silenció.

Era uno de los pocos buenos recuerdos que tenía. Se sentía mal consigo misma, por haber dejado que todo se torciera, pero quizás siempre había sido una ilusa y jamás hubo buenos momentos. Quizás siempre había estado bajo su influencia y no se había dado cuenta. Sus pensamientos empezaban a ir a un lugar al que no quería volver, no quería recordar nada de lo que había sucedido. El sol desapareció por completo, Naya se quedó sentada un rato más, intentado silenciar la marea de recuerdos que insistían con inundarla.

De entre los árboles apareció Kai, sudando, venía de correr. Ambos se quedaron mirando, pero Naya decidió volver a su cuarto. El chico la desconcertaba y no se decidía si le caía bien o no.

Una vez dentro se quedó mirando su armario, no sabía que ponerse, tampoco es que tuviera muchas opciones. Pero hacía tanto que no iba a una fiesta que estaba perdida, ojeo entre sus prendas, se decidió por un vestido largo negro. Al verse en el espejo se sentía demasiado arreglada así que decidió compensarlo con sus zapatillas. Se dejo el pelo suelo y se puso un poco de maquillaje. Sus nervios volvieron a hacer aparición.

La puerta de su habitación se abrió de golpe y entro Eli, como siempre sin llamar. La chica estaba espectacular, falda vaqueta, crop top de crochet y unas zapatillas. Llevaba su larga melena en una coleta alta que le ensalzaba las facciones.

Eli la miro de arriba abajo y la emoción se dibujó en su cara.

– Ahh, estás increíble. – dijo dando un gritito y sentándose en la cama de Naya. – Esta noche va a ser brutal. – Naya la miró con una sonrisa nerviosa y se sentó a su lado.

– Tu también estás genial. – dijo por fin, jugueteando con las manos. Eli se dio cuenta de que su amiga estaba nerviosa.

– No te preocupes, seguro les caes genial a todos. – esbozó esa sonrisa tan típica en ella.

Naya simplemente asintió. Eli se la quedó mirando, ahí estaba otra vez esa preocupación y esa mirada triste. Esta vez no se pudo contener.

– Puede que esto este un poco fuera de lugar, pero… - Naya levantó la mirada, Eli dudó un segundo, pero continuó. – No sé qué te ha pasado, pero sé que hay algo que siempre te preocupa, pero te puedo asegurar que sea lo que sea aquí no va a pasar, no lo voy a permitir. – era la primera vez que Naya veía a su amiga tan seria. – Se que nos conocemos de hace poco, pero te considero una amiga y estoy aquí para lo que necesites. – terminó y sonrió.

Los ojos de Naya se llenaron de lágrimas, se levantó de la cama luchando por contenerlas. Eran unas palabras desconocidas para ella, pero a la vez reconfortantes.

–Gracias, de verdad. – musitó

Eli se levantó y abrazó a Naya, está se tensó al momento y se separó. Eli se dio cuenta de la incomodidad de la chica.

– Perdona. – se disculpó – Se que he insistido mucho con la fiesta, gracias por aceptar –

Naya sonrió levemente a su amiga.

– Para nada, si conocer gente nueva me viene bien… pero me agobia. – confesó Naya, siendo completamente sincera. Eli sonrió.

– Todo saldrá bien. – dijo dirigiéndose a la puerta.

*****

Los invitados no tardaron mucho en empezar a llegar. Las primeras en aparecer fueron las amigas de Eli. Meriem una chica menuda y con unos ojos enormes y Arin, alta y voluptuosa, parecía salida de una revista. Eli las presentó, las dos chicas tenían la misma intensidad que Eli. Las tres se conocían desde pequeñas y pronto se pusieron a contar batallitas del instituto, Naya se sentía fuera de lugar, eran las típicas historias que son divertidas cuando las has vivido. Por suerte no tardaron en llamar a la puerta y un grupo de chicos llegó. Uno de ellos, muy alto y con el pelo recogido en un moño se acerco a Eli y le dio un beso.

– Naya, este es Samuel – se giró y dijo con una sonrisa enorme.

– Encantada, Eli me ha hablado mucho de ti. – a Naya no se le daban bien las presentaciones.

– Lo mismo digo. – respondió Samuel con tono amable. Ninguno de los dos sabía que más decir.

– No seréis vosotros el alma de la fiesta. – Eli miró a ambos y empezó a reír.

– No todos somos tan extrovertidos como tú. – dijo Samuel con una sonrisa burlona.

Naya reparó en como Samuel miraba a Eli, como si el mundo se detuviese cada vez que la chica hablaba o se movía, sus ojos llenos de cariño. A Naya le pareció que se complementaban, él parecía una persona tranquila lo que era bueno teniendo en cuenta el nivel de energía de su amiga.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.