Los rayos de sol entraban por la ventana y despertaron a Naya, quién lleva a aún la ropa de la noche anterior y tenía un ligero dolor de cabeza. Se tapó los ojos con el brazo y gruño, aún estaba agotada. Quería seguir durmiendo, pero era la clase de persona que no podía volver a dormir cuando la luz inundaba su habitación.
No sabía qué hora era, con los ojos aún cubiertos palpo la cama en busca de su móvil, pero no lo encontró, suspiro y se incorporó. En algún punto de la noche el aparato se había caído al suelo y ella no se había enterado. Comprobó la hora y se dio cuenta que era pasado medio día. Sorprendida de haber dormido tanto se levantó y mientras buscaba ropa limpia que ponerse rememoró los hechos de la noche anterior.
Los recuerdos de lo que Ethan había hecho le provocaban escalofríos, así que los suprimió lo mejor que pudo. Luego estaba Kai, estaba agradecida por todo lo que había hecho, como se había esforzado por ella y no pudo evitar esbozar una sonrisa. Cosa que la sorprendió, era la primera vez en mucho tiempo que el pensar en alguien la hacía sonreír. Era algo agradable, que la hacía sentirse bien, era la clase de sentimiento que quería atesorar. Así que con esa sonrisa se dirigió a la ducha.
Después de la ducha se dirigió a la cocina en busca de algo de comer. Para su sorpresa la casa estaba recogida y limpia, pero no había ni rastro de sus compañeros. Quería hablar con Eli de la noche anterior, agradecerle por la fiesta, pese a que no la hubiera disfrutado mucho y disculparse por haberse ido sin avisar.
Se preparó un bol de cereales y se sentó en la encimera, algo que había cogido como costumbre siempre que estaba sola en casa.
La puerta del porche trasero se abrió y Kai entró, sin camiseta y sudado. Naya abrió los ojos y su mirada se paseó por el torso del chico. Kai esbozo una sonrisa y las mejillas de Naya se pusieron rojas, avergonzada centro la mirada en sus cereales.
Kai cogió una botella de agua de la nevera y se sentó en uno de los taburetes de la isla, justo en frente de Naya.
– ¿Qué tal has dormido? – preguntó Kai. Naya levantó la mirada y volvió a ver ese ápice de preocupación en sus ojos.
– Pues, me dormí nada más tocar la cama, hasta que el maldito sol ha decidió entrar por mi ventana. – protestó Naya, y Kai esbozo otra sonrisa, la chica volvió a notar el calor amenazando con sonrojar sus mejillas. – ¿Tú? – preguntó, no quería que Kai se diese cuenta del efecto que esa mañana tenía su sonrisa sobre ella, algo que por cierto no entendía. Kai se encogió de hombros, Naya lo estudió con la mirada. – No has dormido, ¿verdad? – dijo sorprendida.
– No estaba cansado. – dijo Kai apoyándose en la encimera.
Era mentira, tenía ojeras y su cara era de agotamiento. Naya se bajó de la encimera y se sentó al lado de Kai, aún con el bol de cereales en la mano.
– Otra vez cereales para comer. – dijo Kai señalando el bol con la cabeza. – Si no es conmigo no comes, ¿eh? – su tono era burlón.
Naya encaró una ceja y Kai levantó las manos a modo de rendición. La chica no pudo evitar sonreír. Desde cuando se había vuelto tan fácil estar con él.
– Ya se que te lo dije muchas veces, pero, gracias por lo de ayer, por haberte quedado conmigo… por todo – Kai esbozó una leve sonrisa. Naya continuó – La verdad… es que hacía tiempo que no me pasaba…– bajó la mirada a sus manos, algo dentro de ella le decía que podía confiar en Kai, pero aún no estaba preparada para abrir de esa manera todas sus heridas. – estás cosas me cuestan… el confiar… – se quedó callada un segundo. Kai la seguía observado, Naya suspiró. – es todo muy difícil… – musitó.
Ambos se quedaron un silencio, Kai le estaba dando espacio. Su instinto le gritaba que la abrazase, que la protegiera. Pero no lo hizo, simplemente la observó. Naya finalmente levantó la mirada y sonrió, pero la sonrisa no llego a sus ojos. Era algo de lo que Kai se había dado, muchas veces la chica sonreía por no preocupar al resto.
El estómago de Naya se había revuelto, no sabía si era por lo que casi le cuenta a Kai o por la bebida de la noche anterior. El silencio entre ambos se estaba alargado y pese a que no le molestaba, sentía la urgencia de cambiar la conversación, aligerarla. Miro a su alrededor.
– ¿Sabes dónde está Eli? – finalmente preguntó, la verdad es que quería hablar con ella. Kai se tensó, levemente, Naya lo notó. Le parecía extraña la reacción y más después de cómo había reaccionado con Eli la noche anterior.
– Se ha ido con Samuel – respondió con sequedad. Naya asintió, no entendía muy bien la reacción del chico, se suponía que los dos eran amigos de la infancia.
Algo le decía a Naya que la actitud de Kai estaba relacionada con la reacción de la noche anterior, pero no sabía bien que era.
– Ha pasado algo con ella. – Naya se arrepintió al instante de haber empezado a preguntar, si alguien sabía lo mal que acaban esas preguntas era ella. Pero no lo podía evitar, en el fondo necesitaba saber el porqué de las reacciones de Kai, no quería confiar en alguien y acabar otra vez en la misma situación. – Anoche… – empezó a decir, pero se detuvo, Kai estaba tenso, su mirada volvía a ser indescifrable. – lo siento, no debería meterme dónde no me llaman – dijo Naya su voz apagándose.
Se levantó del taburete sin dar tiempo a Kai a decir nada, asustada de haber metido la pata. Temiendo la reacción del chico. Kai le corto el paso, Naya se encogió. El chico no pudo evitar notar su reacción.
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Editado: 11.04.2026