El leve frío del atardecer del final de verano hizo darse cuenta a Naya que llevaba horas sentada en el tejado pintando sin parar. También ayudo que Eli llamase a su puerta y entrara a su habitación. Ya se había acostumbrado a la manía de su amiga de abrir sin preguntar, era algo muy de Eli y no le molestaba, todo lo contrarío le gustaba su efusividad y energía.
– Pero cuanto rato llevas ahí fuera. – preguntó saliendo por la ventana y sentándose a su lado.
– Cuanto rato llevas tu corriendo. – respondió Naya.
– Me has pillado. – levanto las manos a modo de derrota y ambas rieron – ¿Qué estas pintando? –
– El bosque y sus luces y sombras, es algo que siempre me ha relajado, el arte. – le tendió el bloc de dibujo para que lo viera.
Naya no nunca había enseñado su arte, porque era su refugio, pero con Eli sentía que no tenía que estar alerta que lo podía enseñar y quizás eso le ayudase a comprenderla mejor sin tener que explicar su mudanza. Porque por el momento había sido considerada y no había hecho preguntas, pero sabía que en algún llegarían y no estaba preparada para hablar de su pasado, no sabía sí lo estaría en algún momento y si lo entendería. Eli era como un rayo de sol y ella más bien como una bola de oscuridad.
Eli ojeo el cuaderno sorprendida de como Naya era capaz de capturar la belleza de las cosas. Hasta las pinturas de la ciudad, donde el entorno era hostil ahí estaba.
– Wow, eres una artistaza me encantan las pinturas de ciudad son… – se quedó pensando unos instantes. – Pura belleza, eso son.
– Gracias… – respondió recogiendo sus pinturas, pinceles y lápices. – ¿Vamos dentro? Empieza a hacer frío.
Eli volvió a entrar a la habitación seguida de Naya y se quedó mirando la habitación pensativa, maquinando uno de sus planes.
– Sabes para ser una artista tu habitación es de lo más aburrido, parece que estes en un hotel, esto hay que arreglarlo, mañana que libro nos vamos de compras. – dijo Eli emocionada.
– Que tiene de malo. –
– Todo, ya te he dicho parece un hotel, tienes que hacer que se sienta como tu casa, no un espacio prestado. – insistió
Naya se quedo mirando la habitación, era cierto tenía pocas cosas, Eli tenía razón parecía que estaba de prestado.
– Vale tienes razón. – finalmente cedió Naya.
– Genial, que ilusión. – Eli estaba tan emocionada que daba saltitos en el sitio. – Mañana despiértate pronto porque nos espera un día largo. – dijo mientras salía de la habitación con una sonrisa de oreja a oreja.
Estaba claro que Eli estaba más emocionada que la propia Naya, sobre todo porque temía, después del mensaje, encontrarse con Ethan o con Clare o cualquiera de sus secuaces. Pero Eli tenía razón en una cosa tenía que empezar a hacer ese su hogar, a fin de cuentas, iba a quedarse allí.
*****
Naya pasó mala noche, pero tras una ducha y un desayuno rápido estaba en el coche de Eli dirigiéndose al pueblo de al lado el cual, según Eli, tenía muchas más tiendas y opciones de encontrar la decoración perfecta. Cabe decir que el entusiasmo que tenía estaba por las nubes, parecía que fuera a comprar para ella en vez de para Naya.
Tardaron una hora en llegar y la primera parada que tenía prepara Eli era una tienda de segunda mano donde tenían espejos, marcos de cuadros y figuritas de porcelana terriblemente horteras. Para su sorpresa la tienda estaba bastante llena.
– Ves te lo dije, esta tienda es lo mejor. – dijo Eli con un marco bastante ornamentado en sus manos. – este podría quedar bien con una pintura tuya en él. – se giró para mostrárselo.
Naya negó con la cabeza y antes de poder decir nada Eli ya tenía otro marco en sus manos. Este menos ornamentado, pero aún así demasiado para ella.
– Vamos este es bonito – replicó.
– No quiero que mi habitación parezca Versalles, solo que sea un poco más acogedora. –
Mientras Eli seguía rebuscando entre los marcos Naya se puso a deambular por la tienda, y acabó en la sección de piezas de tela y una llamo su atención al momento. Era azul con motivos celestiales y una luna en el centro. La cogió sin pensarlo, siempre le había gustado la noche y esa pieza le pegaba encima de la cajonera. Eli la encontró y sonrió de oreja a oreja cuando vio la pieza que había seleccionado su amiga.
– Esa sí es perfecta. – dijo observando el pañuelo que tenía Naya en la mano quien asentía. – ahora solo te faltan una fairy lights, alguna plantinta, un espejo y una estantería para encima de tu escritorio. – Naya sonrió. – pero para ello tenemos que ir a una tienda más mainstream, venga vamos a pagar.
Mientras pagaban Naya se sintió observada, miro a su alrededor, alerta, y le pareció reconocer a Clare entre la gente, pero no había nadie en particular mirándola, mucho menos Ethan.
Volvieron a subir al coche, condujeron un par de manzanas, Naya no dejaba de mirar por la ventanilla nerviosa, sin prestar mucha atención a lo que su amiga iba diciendo. Llegaron a Ikea, la tienda estaba llena y ambas recorrieron los pasillos hasta llegar a la zona de compra. Todo ese tiempo Naya era incapaz de dejar de escudriñar sus alrededores, en busca de Clare. Eli escogió varias plantas de decoración, un espejo y Naya escogió una fairy lights en forma de lunas para que fueran a conjunto con el pañuelo que había comprado. De estantería compraron una fina para colocar algún lienzo. Naya también escogió un manta para la cama que tenía pinta de ser mullida y calentita y sábanas nuevas, a juego con los colores del pañuelo, además de una lamparita para el escritorio y una alfombra para los pies de la cama. Al final habían acabado cogiendo más cosas de las que esperaba comprar, pero estaba satisfecha con las elecciones. Pero aun así tenía la sensación de que la estaban observando. Cuando estaban marcando las cosas por la caja rápida Naya se quedó helada le pareció ver a Clare que la observaba de lejos. Pero era imposible como iba a estar ahí, como sabía que ella estaba allí.
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Editado: 11.04.2026