Un crujido se oyó en el espacioso salón como el de una bestia masticando huesos, los grandes ventanales dejaban ver la gran tormenta de nieve que se estaba gestando fuera del lujoso salón.
Frente al trono de oro un joven con el cabello rubio observaba en completo shock la sangre esparcida por todo el lugar, brazos roídos y carne humana eran los accesorios del lujoso piso de marmol. Sus ojos azules estaban tan abiertos que parecían salirse de sus cuencas mientras su boca entreabierta murmuraba el nombre de sus padres en balbuceos mudos. Al fondo una pequeña bestia demoníaca estaba terminando de devorar el cuerpo de su hermana pequeña, sus pequeños pero afilados dientes rascaban la carne de los huesos. El adolescente que hasta ese entonces no había tomado vida alguna con su espada, cargó contra el pequeño demonio, de un solo movimiento cortó la cabeza con dos cuernos de un tajo.
El pequeño cuerpo de su hermana yacía ahí tirado, irreconocible con apenas partes sin roer. Afuera la tormenta de nieve transcurría con más fuerza, como si alertara el despertar de un nuevo Rey del infierno.
En el desolado castillo, en el salón del trono solo se oía el tarareo tembloroso de una voz joven quien en sus brazos sostenía un pequeño cuerpo a medio comer, sus manos apretaban el vestido de volantes de su hermanita, como si así impidiera que esta se fuera.
El pueblo también sufrió las consecuencias del repentino ataque de los demonios, y debido a que eran vísperas de final de año la mayoría de los guardias estaban en sus casas disfrutando de sus pequeñas vacaciones. La confianza en la calma impidió que pudieran ver el indicio de la tormenta, ahora la mayoría lloraba rogando al cielo que devolviera a sus seres queridos, pero mientras los lamentos del pueblo eran acompañados por el consuelo y la unión del pueblo, en el castillo nadie era capaz de oír o consolar al joven que lo había perdido todo.
Al otro lado del continente, la raza de los elfos vivió algo parecido.
Las casas colgantes de los árboles ardían en llamas sumiendo a todo el bosque en luces rojas y naranjas, siendo el fuego quien proclamaba su autoridad en todo el territorio.
Los gritos y llantos volvían la situación confusa, los pocos elfos que quedaban seguían luchando con su magia contra los demonios, dando tiempo a los demás para huir.
Un pequeño elfo miraba confundido a su alrededor, sus ojitos miraban alrededor sin entender qué estaba pasando. Sus padres junto a un grupo de elfos huían apresuradamente del bosque. El pequeño se retorció incómodo en los brazos de su padre. En su pequeña cabecita aún recordaba la advertencia de los mayores, ir fuera del bosque al mundo humano era tan peligroso como comer las bayas Piya.
- Esta bien, ya casi llegamos- susurro su padre tranquilizando al pequeño en sus brazos
El niño solo asintió confiando en sus padres. Lo habían cargado en brazos mientras aún dormía y no se despertó hasta que estuvieron cerca al límite del bosque.
Un crujido cerca de los árboles alertó al grupo de elfos. Varios sollozaron sin poder aguantar el miedo mientras que otros posicionaron a sus seres queridos tras ellos. En este pequeño grupo de elfos no había ningún guerrero, pero todos tenían el mismo pensamiento, debían luchar.
Un gran monstruo se irguió vislumbrando al grupo de elfos, su piel grisácea y varias puas saliendo de su cuerpo lo hacían grotesco.
El padre de Xacar le dio rápidamente al niño a su esposa y los empujó a seguir mientras el monstruo rugía.
- ¡Corran!- grito
La mujer lloró mientras veía a su marido y varios hombres enfrentarse al demonio.
- Te amo- susurro
Agarró a su hijo en brazos y corrió junto a otras dos mujeres al límite del bosque. A los lados se escuchaba el crujir de ramas, pequeños demonios los persiguen. Xacar miraba toda la situación con las lágrimas corriendo por su pequeño rostro, el pequeño no se atrevía a llorar tan fuerte por miedo.
Al final los monstruos rodearon a las tres mujeres.
- ¡No vamos a resistir!- sollozo una de ellas- el clan elfo se enfrenta a su total exterminio
- No digas eso- gruño una anciana, una de las más sabias del clan- mientras aún exista una semilla el clan elfo no perecerá- sus palabras solemnes estaban dirigidas a Xacar.
La mujer miró a su hijos entre lágrimas.
- ¿Mami…?- sollozó el pequeño
- Tienes que vivir hijo mío, vive siempre con bondad y amabilidad- unió su frente con la suya- mamá, papá y todo el clan siempre te cuidaran.
El niño no entendía que pasaba, la frágil barrera protectora que había puesto la anciana ya estaba siendo resquebrajada. Las tres mujeres pusieron sus manos sobre el pequeño recitando cánticos. Xacar solo veía a su madre, a pesar de que las lágrimas nublaban sus ojitos algo le decía que esta seria la ultima vez que la vería, al final una luz dorada iluminó al niño, que fue el momento en el que los demonios rompieron la barrera.
La sangre salpicó la nieve del suelo y también una pequeña flor dorada que brotó de repente, una flor que se balanceaba ligeramente como si estuviera sumida en un sueño profundo con sus pétalos aun recogidos.
Al final los demonios se fueron ya sin a quien atacar, uno de ellos olisqueo la flor dorada pero inmediatamente se alejó gruñendo, solo echo otro vistazo para después correr con los otros en busca de nuevas víctimas.
Ese fue el día en que el clan elfo pereció a manos de los demonios y que el pequeño Xacar cayó en un sueño profundo.
Nota:
Holiss, solo paso a decirles que esta sera una historia ligera centrada en el desarrollo de los protagonistas y demas personajes, no profundizare como tal en el mundo (al menos no en este libro), lo aclaro por si quieres un libro con un mundo bien desarrollado y con una inmersion completa.
Ahora si, ¡gracias por leer y que disfrutes la lectura!
XOXO