Cuando la nieve cae [bl]

Capitulo 1

Varios años después del legendario ataque de los demonios por fin la calma había vuelto al mundo. Los reinos humanos se alzaban tanto en poder como en prosperidad, pero el reino más importante del continente era gobernado por un tirano de quien se rumoreaba había matado a su familia para hacerse del poder.

- ¿Enserio?- preguntó una joven aterrada- ¿el rey es tan despiadado?

La otra joven posó sus manos sobre la boca de su amiga evitando que hablara tan alto.

- Eso es porque te acabas de mudar- susurro mientras seguía escogiendo verduras del mercado- pero nuestro rey es capaz de matar solo porque no le gusta tu apariencia.

La otra joven abrió los ojos aterrada.

- Si es asi preferiria vivir en el bosque- murmuró mientras miraba el límite del bosque que estaba a solo unos pocos metros del mercado

Su amiga la abofeteó en el brazo enojada.

- Vivir con esas criaturas no será más fácil que vivir bajo el mandato de un tirano.

Las jóvenes se alejaron entre murmullos y chismes, mientras una flor dorada a metros de distancia escuchaba todo atentamente. Xacar no sabía cuánto tiempo había estado atrapado en una flor, ni tampoco cuando lograría convertirse en elfo. Lo último que recordaba era escuchar vagamente unos extraños cánticos y luego caer en un sueño profundo, cuando despertó descubrió sorprendido que sus manos eran dos pequeñas hojas y su cabeza estaba cubierta de pétalos. No sabía cuántos años había dormido, pero sí sabía que ya no era un niño como cuando se había dormido, su mente era más clara y consciente y sumada a la herencia dejada por el clan elfo había madurado más rápidamente. También observar la interacción de los humanos a su alrededor le habían permitido saber cómo se relacionaría cuando se convirtiera en humano.

Los pequeños pétalos se sacudieron con pesar, solo él sabía cuánto quería caminar y comer esa deliciosa comida humana.

Una pequeña abeja llegó, revoloteando sobre la hermosa flor. Xacar miró al pequeño animal con curiosidad, el cuerpo redondo de la abeja revolotea por un rato pero antes de posarse sobre la flor salió disparada al aire, como si algo invisible lo hubiera expulsado. Xacar agitó sus pequeñas hojas expresando una disculpa al animal. El clan elfo era tan poderoso que su magia protectora impide que cualquier criatura viva lo dañara, así fuera un humano que lo pisara sin querer o lo quisiera arrancar del suelo la magia le impedía lastimarlo.

La luz del sol brillaba intensamente alumbrando al animado mercado a unos metros de distancia. La flor se balanceaba lentamente al ritmo del viento somnolienta. Los murmullos parecían lejanos junto a la animada vida humana.

Tras suyo, dentro del bosque, una caravana venía llegando al mercado. Este pequeño pueblo era el que delimitaba el límite del bosque y del reino, por lo que era considerado un lugar peligroso en donde bandidos y criaturas peligrosas podrían entrar. A pesar de la reputación de tirano del Rey había algunos valientes que llegaban a causar problemas, más aún en momentos como este que el Rey iba a batallas contra las criaturas mágicas. Pero claro que para Xacar este era un lugar en donde la mayoría de personas podían convivir en paz.

Tres hombres corpulentos y con rostro feroz aparecieron tirando de una gran carreta de madera. Los hombres maldecían al sol ardiente, mientras entre risas y charlas comentaban lo ricos que se harían una vez vendida toda la mercancía.

- Hermano, ¿crees que esta gentuza tenga para pagar la mercancía?- dijo uno de ellos con desprecio mientras tiraba de la carreta

- Tendrán que comprar si quieren seguir viviendo- se burló el que parecía el líder- ve a hacer nuestra entrada- ordenó al que no había hablado hasta ese momento

El hombre asintió y caminó hacia el mercado. La gran plaza llena de pequeños puestos de víveres recibió unos visitantes indeseados.

- ¡Somos mercaderes del sur!- grito el hombre llamando la atención de las personas quienes al ver su aspecto feroz tuvieron un mal presentimiento- ¡Traemos una gran variedad de productos, todos bendecidos por nuestro querido Kebac, compren antes de que se agoten!

Cuando terminó de gritar y los demás hombres comenzaron a caminar tirando de la carreta, los lugareños aún no habían salido de su shock.

- ¿De verdad son objetos bendecidos?

- ¿Qué tan caros serán? ¿Debería comprar uno?

- Aún faltan unos meses para que llegue el invierno, tal vez este objeto sagrado me ayude a pasarlo tranquilamente.

Muchos murmullos comenzaron a llenar el lugar. Xacar escuchaba todo confundido, su vista no alcanzaba el centro de la plaza, pero los gritos del hombre lo habían confundido. ¿Kebac? ¿Objetos bendecidos? ¿Sería lo mismo que la purificación que hacen los elfos?

Mientras la confundida flor buscaba en su memoria heredada, los hombres ya habían comenzado su negocio, vendiendo pequeños objetos a tres monedas de oro cada uno. Los hombres sonreían de oreja a oreja mientras seguían recibiendo las monedas, eso hasta que alguien preguntó:

- ¿Cómo sabemos que estos objetos están bendecidos por el Kebac?

Los demás miraron asombrados al hombre, su pregunta pareció despertarlos del fervor reciente y los que estaban a punto de dar sus monedas retiraron las manos rápidamente.

El rostro de los tres comerciantes se oscureció visiblemente, y aunque intentaron disimularlo su aura asesina ya se había hecho sentir.

- Hombre, ¿acaso sientes tanta envidia que nos quieres dañar el negocio?

- ¡Somos comerciantes serios!, claro que nuestra mercancia es auténtica

El líder miró a sus dos secuaces callandolos.

- Si quieren saber si nuestra mercancía es auténtica simplemente consigan a un demonio para ponerlo a prueba- suspiro con gran pesar- ya que desconfían de nosotros simplemente venderemos estos objetos sagrados en otro reino.

Al hacer el ademán de guardar los objetos las personas inmediatamente los detuvieron. El hombre tenía razón, a menos que estuvieran en una situación desesperada o frente a un demonio no había forma de saber si el objeto es auténtico o no, pero si lo fuera estarían perdiendo una gran oportunidad. Varios voltearon a ver al hombre que había hecho la pregunta con reproche.




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