Xacar ya había pensado en lo que haría en el futuro. Por ahora si quería vivir en el mundo humano debía conseguir un trabajo, luego comienza a practicar la herencia del clan para volverse más fuerte y vivir comiendo comida deliciosa. Cada vez que pensaba en su plan de vida una gran felicidad llenaba su pecho.
Ya había pasado la prueba de los reclutadores, junto a un reducido grupo de jóvenes varios hombres con armaduras doradas los probaron uno a uno con una piedra inusual. Xacar no sabía que debía de hacer hasta que vio como la piedra se iluminaba levemente y el cuerpo de quien la tenía fluctuaba con energía curativa.
Una vez su turno inyectó un poco de su energía no queriendo llamar la atención, pero aun así su piedra se iluminó más que los demás recibiendo exclamaciones y emoción por parte de los guardias, pero aunque su poder había sido el más alto aún así no fue extraordinario, por lo que los guardias solo pensaron que era alguien que apenas podía llegar a un nivel medio, así que no se molestaron en llevarlo hacia el capitán, simplemente se sintieron aterrados por tener que informar la mala noticia.
Los llevaron a una modesta posada ya que había varios que habían venido de diferentes zonas del pueblo y resultaba más cómodo estar cerca del lugar de partida, todo esto sería financiado por la Guardia.
Mientras los otros jóvenes comentaban emocionados la oportunidad que tenían al poder ir a trabajar como curadores a la ciudad capital, Xacar recorría la posada curioso. Ya había visto su habitación y no había un lugar adecuado en donde pudiera transformarse, por lo que esta sería su primera vez pasando la noche como un humano.
- ¿De donde sacaron a este pequeño bicho raro?- comentó un joven de cabello castaño refiriéndose a Xacar
- Quien sabe, hasta dudo que lo que pasó en la prueba no haya sido manipulado- comentó otro joven que era el compinche del castaño
- ¡Edu!, ¿como se te ocurre decir eso?- dijo otra joven con nerviosismo
Si alguien los escuchaba podrían castigarlos por insolentes o hasta podrían acusarlos de rebeldes. Edu ciertamente cerró la boca al sopesar el peso de sus palabras, pero el castaño seguía insatisfecho
- ¿Acaso nuestras sospechas no están respaldadas por los hechos Zylia?- su rostro pequeño y blanco mostró una expresión arrogante- yo, Lerek Arnold quiero ver quien se atreve a acusarme de insolente
El grupo de cinco jóvenes guardaron silencio queriendo poder fundirse con el ambiente de la posada. Dos mellizos que observaban la situación se apresuraron a intervenir
- ¡Cierto!, nadie se atrevería a cuestionar a Lerek, ¿Verdad Anika?
Su melliza asintió varias veces para después poner una sonrisa halagadora.
- Tienes razón Jack, ¡Solo si están locos harían algo así!
Los mellizos continuaron con sus halagos exagerados a quien también se unió Edu, mientras Zylia mantenía una expresión frustrada en silencio. Pero nadie se dio cuenta que a quien querían ridiculizar hace tiempo había vuelto a su habitación en silencio después de devorar la comida en su plato.
La habitación era pequeña, suficiente para que una persona pudiera sentirse cómoda sin estar apretujada. Sobre la cama yacía un joven con las piernas cruzadas y los ojos cerrados. Quien lo viera pensaría que estaba meditando, pero en realidad estaba rebuscando en su memoria heredara los hechizos más simples de curación, debía de estudiar lo más básico para poder hacer un buen trabajo. Al encontrar uno que le pareció útil comenzó su práctica. Es un hechizo de bajo nivel que ayuda a desinfectar una herida, reduciendo en un ochenta por ciento la probabilidad de infección.
Juntó sus manos mientras en su mente recitaba el hechizo, las fluctuaciones mágicas que solo él podía ver le indicarían si había podido ejecutar el hechizo correctamente o había fallado. Una luz dorada que apenas se podía ver con los ojos espirituales apareció en sus manos haciendo ver que el hechizo había sido invocado perfectamente.
Una sonrisa se deslizó por sus labios. El poder elfo se estaba integrando rápidamente a su cuerpo gracias a su memoria heredara. Contrario a su deseo de dormir la emoción lo invadió y se pasó toda la noche practicando hechizos de bajo nivel. Aunque más adelante se daría cuenta que para lo que él era un hechizo de bajo nivel para los humanos era un poderoso hechizo de nivel medio.
Al día siguiente, una vez el cielo apenas se estaba iluminando con la luz del sol la Guardia reunió al grupo de jóvenes curadores para partir hacia la ciudad capital. Entre tantos hombres uno de ellos se destacaba con su cabello gris y ojos verdes, su postura erguida y aura taciturna e indiferente lo hacían atractivo. Era el capitán de la guardia.
- Capitán Gareth, ya estamos listos para partir.
Gareth asintió indiferente, pero solo sus guardias quienes lo conocían sabían que debajo de su rostro indiferente había una furia sin igual por la fallida búsqueda de la flor.
En la hilera de jóvenes curadores un Xacar solomniento luchaba por no caer dormido en plena calle. Había pasado toda la noche invocando y memorizando hechizos de curación, solo cerró los ojos cinco minutos cuando los guardias los llamaron abajo.
Entreabrió sus ojos nublados por el sueño, el sol de la mañana lo hacía sentir tan cómodo que si fuera una flor en este momento estaría erguida hacia el cielo mientras balanceaba sus pétalos con satisfacción. Ante su campo de visión algo lo hizo volver a la realidad, un rostro que había olvidado por el ajetreo de su cambio de flor a humano.
- ¡Eres tú!- gritó emocionado hacia el hombre de cabello gris- lamento por irme de repente cuando me dijiste que esperara- murmuró la flor avergonzada por haber olvidado la amabilidad del hombre
Para los jóvenes la acción de Xacar fue tan insolente que merecía mil latigazos como castigo, pero para los guardias fue como si el cielo se despejara después de años de tormentas.