Xacar sonrió de forma tan brillante que la mayoría de los guardias se sintieron avergonzados. Gareth por su parte miró curioso al joven frente a él, a pesar de que el joven era demasiado lindo no era nada parecido a su imaginación, tal vez se lo imaginó como alguien solemne y poderoso.
- ¿Cómo has estado?- pregunto evitando tácitamente las palabras flor o cambio
- ¡Muy bien!- comentó feliz- comí mucha comida deliciosa con las monedas que me regaló un humano, también la humana del…
- Espera- interrumpió Gareth frunciendo el ceño- ¿quién te regaló las monedas?
¿Acaso alguien se quería aprovechar de la ingenuidad del joven?
Xacar parpadeo y señaló a los guardias detrás.
- Tenía la misma ropa que ellos.
Gareth miró a sus soldados que se habían tensado por las palabras del joven, simplemente decidió investigar más tarde que había pasado, por ahora debía hablar con el joven en privado.
- Por favor acompáñame.
Ante la mirada atónita de los curadores, el capitán y el joven desconocido entraron a una sala privada en la posada.
¿Acaso su general se había vuelto un hombre infiel…?
Dentro de la sala un animado Xacar miraba fijamente al hombre. Gareth tenía muchas preguntas que hacer, pero solo podía preguntar sobre la colaboración, nada más personal pues se acababan de conocer.
Carraspeo y preguntó- ¿Qué te parece convertirte en nuestro Kebac?
Xacar parpadeo un poco asombrado, no pensó que el amable humano frente a él le ofrecería un puesto tan importante. Pero antes de que pudiera responder Gareth lo interrumpió:
- Por supuesto le garantizamos total confidencialidad con su identidad y etnia.
Xacar abrió los ojos sorprendido recordando, muy tardíamente, que debía de guardar el secreto de su raza, en este momento se estaba dando golpes mentales por su imprudencia. Aunque sí solo sabían que era una flor y no un elfo no era como tal un problema, ¿no?. Volteo a mirar nuevamente al hombre con una ligera desconfianza, como la carita de un conejo que mueve la nariz olfateando con cautela un nuevo territorio.
- Juro que ni yo ni mis soldados revelaremos tu secreto de ser una flor mutante.
- Flor… ¿mutante?- esas palabras fueron como una excusa perfecta para Xacar quien asintió rápidamente- aceptaré si prometen guardar mi secreto
Gareth suspiro con alivio para después sonreír ligeramente.
- Entonces volveremos a la capital para que recibas el cargo oficial de su majestad
- ¿¡Del tirano!?
Rápidamente se tapó la boca con sus manos expresando una mirada de disculpa. No debería de juzgar a los humanos solo por rumores, sin embargo Gareth no se enojo, solo siguió la conversación con tranquilidad.
- Después de que tengas un puesto oficial tendrás que vivir en el palacio para tu periodo de prueba
- Está bien señor, me aseguraré de ser un gran Kebac- su expresión se transformó en una mirada de vergüenza- por cierto, ¿podré ganar dinero?
La pequeña flor codiciosa solo pensaba en su plan de vida comiendo deliciosa comida humana.
- Por supuesto, el dinero que recibe el Kebac es el pago más alto del imperio- respondió el hombre conteniendo una carcajada
Su carita se transformó en una expresión de total orgullo. A esto Gareth se rio pero pronto adoptó una actitud seria, no sabía cómo preguntar…
- ¿Señor?- pregunto Xacar ladeando la cabeza- ¿Qué pasa?- pregunto viendo su ceño fruncido
- Es solo…- suspiro y apretó sus manos en puños- no quiero ser atrevido ni un aprovechado, pero, ¿cual es tu nivel de curación?
- ¿Nivel?
¿Se refería a la prueba con las piedras?
- Un nivel medio creo
Gareth abrió sus ojos con sorpresa, ¿Alguien que podía curar una herida tan profunda sin dejar una sola marca era solo nivel medio?
- ¿Qué cosas puedes curar con tu poder?
Xacar pensó seriamente en su pregunta. Aunque había estado estudiando los hechizos de su clan elfo de nivel básico, también había revisado los hechizos de nivel básico-medio, que son para deficiencias, enfermedades heredadas o congénitas no tan graves.
- Creo que puedo curar enfermedades leves- luego agregó- con que no estén al borde de la muerte
Gareth se levantó de un salto de la silla sobresaltando a Xacar. El alto hombre se acercó eufórico y se arrodilló como un caballero que jura lealtad.
- Si usted pudiera pudiera curar a mi esposo yo- se atragantó, en su rostro serio brotó un inusual sentimiento de tristeza con desesperación- juro que dedicaré mi vida a servirle.
Xacar agitó sus manos rápidamente en pánico.
- No, no, lo haré con mucho gusto, no tiene que prometer su vida.
- Gracias, enserio gracias. Yo me encargaré de cuidarlo y ayudarlo en lo que necesite.
Al final el carruaje salió del pequeño pueblo directo hacia la capital. Xacar viajó en el carruaje personal del capitán preguntando sobre la situación del esposo.
Mientras tanto en el carruaje de los curadores los chismes se volvían interminables y en la capital se preparaban para recibir a su majestad que volvió victorioso de la guerra contra los demonios
Nota:
Lo llame Kebac poque quiero probar el Kebab.
Por cierto, ¿ya comente que esta sera una historia corta?
¡Gracias por leer!
XOXO