Cuando la noche aprendió a latir

Capítulo 16: Sangre Prometida

La reunión del clan no fue larga.

No lo necesitaba.

Áron lo supo en cuanto volvió a sentir esa presión en el aire, esa presencia antigua que no pedía permiso. Esta vez no lo esperaron en un teatro ni en un lugar neutral. Esta vez, vinieron a él.

—Has desobedecido —dijo la mujer de cabello plateado, apareciendo entre las sombras del callejón—. Y el clan no tolera la debilidad.

Áron dio un paso al frente, colocándose instintivamente como si pudiera cubrir a Lía con su propio cuerpo, aunque ella no estuviera allí.

—No es debilidad —respondió—. Es elección.

—Para nosotros es lo mismo —replicó otro—. Y las elecciones tienen consecuencias.

La mujer alzó la mano y el resto guardó silencio.

—La humana está marcada —dijo con frialdad—. La sangre que bebiste la unió a ti. Eso la convierte en… sangre prometida.

Áron sintió que algo se le helaba por dentro.

—No —dijo—. Ella no pertenece al clan.

—Todo lo que nace de nosotros nos pertenece —corrigió ella—. Y su sangre puede sellar antiguos pactos. Puede fortalecer al clan.

—No es un objeto —gruñó Áron.

—No —sonrió la mujer—. Es un sacrificio.

La palabra resonó como un golpe seco.

—Si te niegas —continuó—, la tomaremos por la fuerza. Si cooperas… quizá sobreviva.

Áron sintió la rabia arderle bajo la piel, mezclada con miedo puro.

—No permitiré que la toquen.

—No tienes opción —respondió ella—. Mañana por la noche, la traeremos. Contigo… o sin ti.

Y entonces desaparecieron.

Áron regresó con Lía cuando el cielo apenas empezaba a aclarar. Ella lo reconoció en cuanto lo vio entrar: su rostro estaba tenso, más pálido que de costumbre.

—¿Qué decidieron? —preguntó, en un susurro.

Áron no respondió de inmediato. Se sentó frente a ella, apoyando los codos en las rodillas.

—Quieren usarte —dijo al fin—. Tu sangre… para sellar algo antiguo.

Lía tragó saliva.

—¿Me va a matar?

Áron levantó la mirada, y en sus ojos no hubo mentira.

—Sí.

El silencio que siguió fue absoluto.

—Entonces no hay tiempo —dijo Lía, respirando hondo—. Tenemos que irnos.

—No —respondió Áron con voz rota—. Si huimos, te cazarán. No pararán.

Lía se acercó y tomó su rostro con ambas manos, obligándolo a mirarla.

—Escúchame —dijo—. Prefiero huir contigo que quedarme esperando.

Áron cerró los ojos, apoyando su frente en la de ella.

—Si te pierdo… —susurró— no quedará nada de mí.

—Entonces no me pierdas —respondió ella—. Lucha.

Áron la abrazó con cuidado, como si fuera de cristal. Por primera vez no pensó en reglas, ni en pactos, ni en hambre.

Solo en protegerla.

Pero en el fondo sabía la verdad:

El clan ya había decidido.
Y la noche siguiente vendría por ella.




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