Cuando la noche aprendió a latir

Capítulo 18: La Captura

Lía despertó con frío.

No un frío normal, sino uno que parecía venir de dentro, como si la noche se hubiera instalado en sus huesos. Intentó moverse, pero algo firme sujetaba sus muñecas. Abrió los ojos de golpe.

Oscuridad.

No total, pero espesa. Velas negras iluminaban un salón amplio de paredes antiguas, cubiertas de símbolos que no comprendía. El aire olía a metal… y a algo más, algo que su cuerpo reconocía sin entender por qué.

Sangre.

—Despierta —dijo una voz suave.

Lía giró la cabeza. La mujer de cabello plateado estaba de pie frente a ella, impecable, elegante, con una calma que helaba la piel.

—¿Dónde estoy? —preguntó Lía, con la voz temblorosa pero firme.

—En un lugar donde tu vida tiene valor —respondió la mujer—. Más del que imaginas.

Lía tiró de las ataduras. No cedieron.

—¿Dónde está Áron?

La mujer sonrió.

—Llamándolo por su nombre… —murmuró—. Qué encantador.

El corazón de Lía se aceleró.

—Déjenlo fuera de esto —dijo—. Si me quieren a mí, aquí estoy.

—Oh, querida —respondió la mujer—. Siempre fuiste tú lo que quisimos.

Lía sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Tu sangre está marcada —continuó—. Unida a uno de los nuestros. Eso te convierte en algo especial. Algo… útil.

—No soy una cosa —respondió Lía con rabia contenida.

—No —admitió la mujer—. Eres un sacrificio.

Antes de que Lía pudiera responder, una presencia poderosa llenó la sala. El aire se volvió denso, cargado de furia.

—Suéltala.

Áron estaba allí.

De pie en la entrada, con los ojos ardiendo en rojo intenso, los colmillos visibles. Nunca lo había visto así. No contenido. No distante.

Peligroso.

—Llegas tarde —dijo la mujer—. Como siempre.

Áron avanzó un paso.

—Si la tocan —gruñó—, no quedará nada de este lugar.

—¿De verdad? —respondió ella—. ¿Vas a destruir a tu clan… por una humana?

Áron no apartó la mirada de Lía.

—No es una humana —dijo—. Es mi elección.

El corazón de Lía se rompió y se reconstruyó al mismo tiempo.

—Áron, vete —dijo ella—. No hagas esto por mí.

Él negó lentamente.

—Ya lo hice una vez —respondió—. No volveré a huir.

La mujer suspiró, casi decepcionada.

—Entonces no nos dejas alternativa.

Chasqueó los dedos.

Las velas se encendieron con más fuerza. Las sombras se movieron. Lía sintió cómo algo antiguo despertaba a su alrededor.

—Prepárense —ordenó la mujer—. Esta noche, la sangre será reclamada.

Áron apretó los puños.

—Tóquenla —dijo con una calma aterradora—. Y aprenderán lo que cuesta quitarme lo único que amo.

Los ojos de Lía se llenaron de lágrimas, pero no de miedo.

De certeza.

La noche había elegido.
Y la guerra acababa de empezar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.