Cuando la noche aprendió a latir

Capítulo 21: Al Borde De La Muerte

Lía no se dio cuenta de inmediato.

Al principio pensó que era el cansancio, el miedo acumulado, la adrenalina bajando de golpe. Caminaba apoyada en Áron, respirando con dificultad, mientras la noche parecía cerrarse sobre ellos.

—¿Estás bien? —preguntó él por tercera vez.

—Sí… solo —se detuvo— solo dame un segundo.

Sus piernas fallaron.

Áron la sostuvo antes de que cayera al suelo. En cuanto la abrazó, lo sintió.

Demasiado frío.
Demasiado ligero.

—Lía… —susurró, alarmado.

Ella intentó sonreír, pero sus labios temblaban.

—Creo que… creo que algo no está bien.

Áron bajó la mirada.

La sangre.

No corría, no manaba… pero estaba ahí, oscura, extendiéndose lentamente desde el símbolo que el clan había marcado sobre su piel.

—No —dijo Áron, con un hilo de voz—. No, no, no…

La levantó en brazos y corrió. No sabía a dónde. Solo sabía que no podía detenerse.

—Mírame —le pedía—. No cierres los ojos. Quédate conmigo.

—Estoy cansada —murmuró Lía—. No sabía que dolería así.

Áron sintió algo parecido al pánico romperle el pecho.

—Te hicieron un ritual —dijo—. Te están drenando… incluso desde lejos.

Lía abrió los ojos apenas.

—Entonces… —susurró— esto es por ti.

Áron se detuvo en un callejón oscuro, apoyándola con cuidado contra la pared. Sus manos temblaban mientras intentaba detener lo inevitable.

—No debí dejarte sola —dijo—. Todo esto es mi culpa.

Lía alzó una mano con esfuerzo y tocó su rostro.

—No —respondió—. Elegí quedarme. Elegí amarte.

Las lágrimas que Áron no podía derramar le quemaban por dentro.

—Hay una forma —dijo de pronto—. Una sola.

Lía lo miró, confusa.

—¿Cuál?

Áron apartó la mirada.

—Compartir mi sangre —susurró—. Detener el ritual con el vínculo completo.

Lía entendió de inmediato.

—Eso me convertiría…

—Sí —respondió él—. Y juré que jamás te lo pediría.

El silencio fue pesado.

—¿Me estoy muriendo? —preguntó Lía, con una calma que lo destrozó.

Áron asintió, incapaz de mentir.

Lía cerró los ojos un momento, respirando con dificultad. Cuando volvió a abrirlos, había una decisión en su mirada.

—No quiero irme así —dijo—. No quiero desaparecer sin haber vivido.

Áron negó, desesperado.

—No es justo.

—Nunca lo fue —respondió ella con suavidad—. Pero aún puedo elegir.

Ella tomó su mano y la llevó hasta su pecho.

—Si esta es la única forma… —susurró— no me dejes sola.

Áron temblaba.

—Si hago esto —dijo—, no habrá vuelta atrás.

—Mírame —respondió Lía—. Ya no hay vuelta atrás para ninguno de los dos.

La noche los envolvía, expectante.

Y Áron comprendió la verdad más cruel:

Salvarla significaba cambiarla para siempre.
Pero perderla… significaba morir con ella.




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