La respiración de Lía era cada vez más lenta.
Áron la sostuvo con cuidado, como si al mínimo movimiento pudiera romperse. La noche estaba en silencio, pero dentro de él todo gritaba.
—Mírame —le pidió—. Por favor.
Lía abrió los ojos con esfuerzo. Su mirada ya no brillaba como antes; había algo opaco, como si la vida se le estuviera escapando gota a gota.
—Sigo aquí —susurró—. No me sueltes.
Áron acercó su frente a la de ella.
—Jamás —dijo—. Aunque el mundo entero me lo pida.
El símbolo del clan ardió sobre la piel de Lía. Ella se estremeció, ahogando un gemido.
—Duele… —murmuró.
Áron apretó los dientes.
—Están reclamando lo que creen suyo —dijo—. Pero no lo eres. Nunca lo fuiste.
Lía intentó sonreír.
—Entonces… dime la verdad —pidió—. ¿Qué pasará si bebo de ti?
Áron cerró los ojos un instante.
—Mi sangre detendrá el ritual —explicó—. Sanará lo que te hicieron. Pero también te cambiará. Tu corazón seguirá latiendo… pero no igual. Sentirás el mundo distinto. El tiempo. El hambre. El miedo.
—¿Y tú? —preguntó ella—. ¿Qué pasará contigo?
Áron abrió los ojos, rojos, brillando con algo más que sed.
—Estaré atado a ti —dijo—. Cada herida, cada emoción fuerte… la sentiré. No podré huir de ti nunca más.
Lía tragó saliva.
—¿Eso te asusta?
Áron sonrió con tristeza.
—Nada me ha dado más miedo que amarte —respondió—. Y aun así… aquí estoy.
Ella tomó su rostro con manos temblorosas.
—Áron… —susurró— mírame bien.
Él obedeció.
—No me ofrezcas la eternidad como un castigo —dijo ella—. Si voy a vivir… quiero hacerlo contigo.
El corazón de Áron se rompió y se reconstruyó al mismo tiempo.
—No tienes que hacerlo —repitió—. Puedo dejarte ir. Puedo perderte… y cargar con eso.
Lía negó lentamente.
—No —respondió—. No quiero que sobrevivas sin mí. Quiero que vivas conmigo, aunque sea de esta forma.
El símbolo ardió con más fuerza.
—No queda mucho tiempo —dijo Áron, con la voz quebrada—. Si dudas…
—No dudo —interrumpió ella—. Tengo miedo. Pero no dudo.
Hubo un instante suspendido en el aire.
Áron acercó su muñeca a los labios de Lía. Su sangre vibró, respondiendo al peligro… y al amor.
—Esta es mi elección —dijo—. Y será la última que tome solo.
Lía apoyó los labios sobre su piel.
—Gracias —susurró—. Por no soltarme.
Cuando bebió, no fue violencia.
Fue un lazo.
La sangre de Áron ardió al entrar en ella, recorriéndola como un fuego lento, reparando lo que estaba roto, silenciando el ritual del clan.
Áron cayó de rodillas, sosteniéndola, sintiendo cómo el vínculo se sellaba entre ambos.
El símbolo en la piel de Lía se apagó.
La noche contuvo el aliento.
Y cuando todo terminó, Lía respiró.
Fuerte. Clara. Viva.
Áron la miró, temblando.
—Lía… —susurró—. ¿Me oyes?
Ella abrió los ojos.
Ya no eran los mismos… pero seguían siendo suyos.
—Estoy aquí —dijo—. Y sigo eligiéndote.
Áron la abrazó con fuerza.
No sabía qué serían ahora.
Ni cuánto durarían.
Ni qué precio tendría amar así.
Pero por primera vez en siglos…
No estaba huyendo.
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Editado: 30.01.2026