Un día te marchaste, tu ropa ya no estaba
tu olor no lo encontraba
te habías ido
y creí que era mi culpa.
Estaba tan cegada,
que creí todas tus mentiras
todos tus temores
y desconfíe de la verdad que decían tus ojos.
No pertenecías allí,
Lo entendí tarde.
Porque nadie se queda en un lugar que no es su hogar,
y yo no era tu hogar, era ella.