¿Cómo es posible que todas mis palabras
no signifiquen nada para ti?
A pesar de que lo intente, sigues estando
ajeno a mí.
Me llegué a preguntar si era yo el
problema.
Si soy yo la que hace las cosas mal,
la que no tiene dignidad por seguir
intentando algo que no puede ser.
Que no está ahí.
No era yo el problema. Nunca lo fui.
La cuestión estaba en sí importaba lo
suficiente para quedarse.
Pero, ¿cómo ibas a quedarte
si nunca llegaste?
Me fui.
Y eso sí se sintió bien.