No me digas que lo entiendes cuando
nunca sentiste que te estuvieras
ahogando.
Que el dolor es algo constante e invisible,
recorriendo el cuerpo como una sinfonía.
No.
No lo entiendes.
Y me alegra que no lo entiendas, pero no
necesito tu compasión, tus palabras de
aliento vacías como mi corazón.
Mi mente es una continua tormenta y
dejaste bien claro que no puedes
manejarlo.
Así que, con cada respiración te dejo ir y
me dejo ir en el proceso.
El cuerpo temblando, las manos frías, la presión en los labios, el mareo en la cabeza.
No.
Definitivamente no lo entiendes.