Había una vez dos amigos.
Jugaban todas las tardes,
reían en cada rincón,
eran felices sin nada más.
Uno de ellos era soñador.
Uno de ellos era racional.
Ambos se complementaban
el uno al otro encajaban.
El soñador hizo una promesa:
nunca dejaría solo al racional.
Lo juró sobre el cielo y las estrellas,
Por su amor y su amistad.
Pero un día, el soñador se fue.
Faltó a su promesa a su amigo,
y el racional guardó rencor.
Años después, su venganza planeó.
Un barco, una estrella, un garfio.
Partió entre las nubes, llegó a una isla.
Su amigo era el rey.
Él solo un viejo con propósito.
El reencuentro sucedió.
El silencio los envolvió.
Y en los ojos del soñador
se veía que un amigo perdió.