Cuando las damas toman café

Capítulo 4: Casa de muñecas

—¡¿Estás consciente de lo que hiciste Hilda?!—dijo mi tía mientras caminaba de una punta de la habitación a la otra.—¡Por esa cosa del demonio enserio arruinaste una asociación tan buena!

Puse los ojos en blanco mientras oía como mi tía me reprendía y jugueteaba con la tarjeta de presentación dentro de mi bolsillo.

No entiendo porque es tan difícil de entender que no iba a dejar que me faltaran el respeto por muy aristócratas que fueran.

Es decir, mis propios padres nunca trataron de pasar por encima de mis deseos y opiniones, mi propia madre era la primera en decirme que la ignorancia se rebate con argumentación... entonces, ¿qué tiene de malo defender mis creencias propias?

—No voy a disculparme con ninguno de los dos. Nada de lo que dije es mentira, para empezar, los Campbell somos descendientes de inmigrantes que se asentaron en el sur.—hice un gesto para evitar que me interrumpiera.—No digo que deban sentirse ofendidos por lo que dijeron, porque mi tío no formó ese vínculo con sus orígenes como mi papá, pero por dios, ¿Se imaginan hipocresía más grande?

—Hilda, papá necesitaba esa asociación. Phillips es el hijo menor de los Cullimore, pero su padre le cedió un par de negocios de la familia, la idea era que fueran los proveedores de la comida que se le sirve a los VIP en los trenes de la familia.—explicó Tanya mientras me ponía las manos en los brazos.—Los Barbrow tienen un monopolio muy rígido sobre la sal dentro del imperio, si no la compras a ellos tienes que exportarla, la familia de Quentin iba a resolver también ese problema.

—No es cómo si sus familias fueran a parar el negocio porque una niña de campo se valentonó con ellos, no vale lo que pueden ganar si colaboran con mi tío

Mi tía, que había estado murmurando cosas como: si "Norman se entera se va a desmayar"; "ya eres demasiado vieja para pórtate tan mal en público" y mi favorito; "Serás una vieja solterona a este paso Hilda, no puedes esperar ser una niña para siempre"; de repente me tomó por los hombros para mirarme fijamente.

—¿Entiendes que no se trata solo de ti? El futuro de tu prima también está en riesgo si sigues haciendo escándalos.

Estaba a punto de apartarla, pero miré a Tanya, y aparentemente, estaba de acuerdo.

Y yo...yo no lo entendía.

—¿Enserio estabas bien aceptando los acercamientos de un hombre que te saca 14 años Tanya?—dije a pesar de la mirada penetrante de mi tía.—Es que ni siquiera importa la diferencia de edad, son personas que rebajan tu valor a como te ves, ¿quieres eso para tu vida?

—No era una cita que fuera a terminar en votos matrimoniales.—dijo poniéndose a la defensiva.—¿Y qué tiene que me vean hermosa? A toda mujer le gusta que la vean bella.

—No cuando toda tu persona es reducida a eso.

Mi tía, que veía que estábamos a punto de escalar la discusión, me regañó.

—¡No digas cosas tan mezquinas! Realmente tienes serios problemas para comportarte si no sabes diferenciar que se debe decir y que no.—mi tía se separó de ambas.—Sube a tu habitación, hoy vas a cenar sola en tu cuarto. Ah, y no vas a hacer ninguna compra sin que el informe pase primero por mi mesa.

No dije nada, simplemente me levanté y subí las escaleras porque realmente, no tenía sentido discutir.

Seguí tocando inconscientemente la tarjeta de presentación, pensé en contarle a mis tíos, pero después de esta discusión prefería hacer una investigación por mi misma.

No es como si fueran a tardar en descubrirlo de todos modos, Tanya y el conductor del carruaje vieron a ese hombre de todos modos.

Estaba a punto de abrir la puerta cuando Tanya puso su mano sobre la mía y me obligó a mirarla.

—¿Quién era ese hombre, el del bastón? Es sospechoso que se te acercara después de lo que pasó.

La pregunta de los cien millones salió de su boca, y no sé porque exactamente, dije algo que me arrepentí automáticamente de decir después.

—No le pregunto su nombre a todas las personas que pasan por mi lado en la calle, solo me preguntó dónde quedaba la plaza central y se fué.

Ambas nos miramos a los ojos sin decirnos nada, las dos sabíamos que estaba mintiendo, pero tampoco nos debíamos la verdad.

Quizás este fue el verdadero comienzo del desgaste de mi relación con Tanya, o tal vez, la expresión mas sincera de la incomodidad que desde que llegué se había instalado entre nosotras.

Y sin decir nada más, entré y cerré la puerta detrás de mí.

*****

—¿Es enserio?—dije mientras escupía mi desayuno por la impresión.

—Nunca he estado tan segura de algo señorita.—Sophie aseguró mientras me mostraba recortes de periódicos viejos y nuevos.

Llevaba tres días teniendo mis comidas sola en mi habitación junto a Sophie, para ser precisos, tres días y una tarde si tenemos en cuenta que esta rutina comenzó después de las discusión por el incidente en el restaurante.

Me prohibieron acercarme a la cocina también, y ahora mi tiempo libre se limitaba a la biblioteca y a reforzar los entrenamientos para mí debut, pero realmente no importaba

Este tiempo a solas me ayudó a conocer acerca de la persona más enigmática en la capital para mí hasta hace más o menos día y medio.

Victor Cromwell.

Y si lo que decía Sophie era cierto, ese hombre era el compañero de negocios más perfecto que podría llegar a desear.

—Ser desheredado es lo mejor que pudo pasarle, en ese sentido creo que se parece un poco a la señorita

—A él al menos le vino bien la falta de apoyo, todas sus acciones son negocios propios y no familiares, pero tenía como comenzar al menos.

Víctor era el tercer hijo de los marqueses de Cromwell, que por mucho tiempo habían dominado el panorama político, dando muchos jueces, abogados y hasta emperatrices al imperio.

¿El problema? Que son una familia histórica, pero no les gusta para nada el surgimiento de los burgueses, los comerciantes que pasaban arrastrándose para caerles bien poco a poco podían ganarse el derecho de ser sus iguales y mirarlos a los ojos.




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